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Alfredo Michelena: El  castrochavismo en las protestas de EE.UU.

 

Conociendo el trabajo del castrochavismo como instigador en disturbios y protestas en Suramérica,  no  parece descabellado asumir su participación en las manifestaciones antirracistas en EE.UU. y con el mismo objetivo: la desestabilización.

Racismo, xenofobia y discriminación

Aunque las protestas son una forma de manifestar un descontento y pueden surgir espontáneamente, también pueden ser promovidas, expandidas y aprovechadas por grupos o agrupaciones políticas organizadas.

El vil asesinato de George Floyd por un policía blanco, puso de nuevo sobre el tapete una herida que ha sido difícil de sanar en EE.UU. y en medio mundo: el racismo, la xenofobia y la discriminación.

El racismo es un tema muy complicado tanto en EE.UU. como en Europa, o Latinoamérica y en general en el mundo, incluyendo Asia y África. Racismo o xenofobia contra los negros, los indios, los blancos, los asiáticos, en fin contra otra “raza”, cultura o religión, ha sido parte de la historia de la humanidad. Y es necesario combatirla, más aún en el siglo XXI.

Antivenezolanismo

Los venezolanos aunque nos ufanamos de no ser racistas, no escapamos de ello ni de la xenofobia ni de otras formas de discriminación social. Y más que eso,  la hemos sufrido en carne propia ahora que cerca de 5 millones de compatriotas se han desparramado por el mundo.

Hay que recordar como recientemente en la región se desarrolló un sentimiento “antivenezolano” que generó manifestaciones y disturbios en varios países. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) señalaba que el 35% de los migrantes venezolanos son discriminados por su nacionalidad en Perú, pero también en el resto de la región,  tanto que la agencia para refugiados de la ONU (ACNUR) impulsó una campaña educativa para reducir los niveles de xenofobia contra los venezolanos en varios países, incluyendo Colombia y Ecuador.

Es cierto que nuestra masiva migración ha causado problemas de absorción de venezolanos en estos países, pero también ocurre que los problemas han sido magnificados con fines políticos por el manejo comunicacional de “fake news” y exacerbación de pequeños incidentes en el mundo 2.O (Twitter, Facebook, etc.) así como  por noticieros sensacionalistas. A esto ha contribuido un “Ejército de Trolls” basado en Venezuela, con asesoría rusa, asunto que ha sido documentado.

En el terreno están las actuaciones de  las fichas castrochavistas infiltradas -algunas han sido apresadas-  apoyadas por redes nacionales de  partidos y movimientos sociales organizados y ONGs autóctonas, articulados por el Foro de São Pablo con el fin de desestabilizar a sus propios gobiernos. Recordemos que una de las estrategias del mencionado Foro es articular “..los partidos políticos progresistas, revolucionarios, de izquierda … de toda América Latina y el mundo con los movimientos sociales”, como dijo Maduro.

El 16 de octubre de 2019, la Secretaría General de la OEA emitió un comunicado donde afirmaba que  “Las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivariana y cubana” y señalaba que su metodología era  “exportar polarización y malas prácticas, pero esencialmente financiar, apoyar y promover conflicto político y social”.

El caso de Chile ha sido emblemático. Una movilización destructiva sin objetivos claros aparentemente, que termina con un movimiento antisistema manipulado para generar un cambio constitucional.

El papel del castrochavismo

Cuando se observa que las manifestaciones del movimiento “black life matters” tomó como un huracán las principales ciudades de EE.UU. y del mundo, con un apoyo importante de los medios de comunicación y el mundo 2.0, no podemos sino preguntarnos ¿cómo esas movilizaciones pasaron de ser espontaneas a ser algo relativamente organizado y replicado?, así como sospechar, al igual que sucedió en nuestra región, que hay fuerzas e intereses extra nacionales aupando este proceso con fines desestabilizadores.  Por eso escuchar denuncias de que hubo pago a manifestantes por parte de cubanos y venezolanos, no nos puede parecer extraño. La Casa Blanca ha sido contundente cuando afirmó: “individuos vinculados a los enemigos de América, incluyendo el régimen de Maduro han instigado el conflicto, la violencia y la división entre los estadounidenses explotando las manifestaciones pacíficas”.

Las manifestaciones que sumaron numerosos grupos venidos en la búsqueda de una necesaria justicia, ya consiguieron una respuesta afirmativa, pues a los policías los acusaron incluso de asesinato. Pero allí no se detuvo el asunto y se entiende que debe ser así, pues hay que dejar en el ambiente que cada vez que se dé un acto de violencia racista o xenofóbica, la sociedad organizada debe responder si las autoridades no lo hacen y más si son ellas las responsables.

Pero las cosas se salieron de madre por los destrozos y el pillaje que se sucedieron sin ninguna justificación en lo ético, a menos que la rabia otorgue permiso para acabar con el esfuerzo de muchos pequeños empresarios que fueron las primeras víctimas de esa violencia.

Anti-Trump

En EE.UU. el tema se complica pues toda esta movilización está enmarcada dentro del proceso electoral que en seis meses ratificará o no a Donald Trump en la presidencia.  Y hay grupos interesados en la salida de Trump, como el Grupo de Puebla, formado por líderes políticos, muchos de ellos expresidentes, alineados con el castrochavismo,  que les gustaría poner a “Estados Unidos en una situación imposible”, como recientemente afirmara el expresidente español Rodríguez  Zapatero a raíz de una de sus reuniones. Este grupo así como los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela, les interesa que Trump no repita en la presidencia.

“Black Life Matters”

Varias organizaciones participantes en estas movilizaciones tienen relación con el pranato madurista,  Una de ellas la Brigada Internacionalista Che Guevara recientemente reunida en Venezuela, así como al grupo central de estas movilizaciones: el Movimiento “Black Life Matters”.  Las relaciones de este movimiento con la “Revolución Bolivariana”, no son nuevas, una de sus fundadores y líderes, Opal Tometi, incluso ha sido invitada por el régimen de Maduro para actuar como acompañante/observadora electoral en Venezuela. Pero la “solidaridad”  y afinidad de esta organización con el gobierno madurista, va más allá, pues en enero de 2016 criticaron y lamentaron el triunfo parlamentario de la oposición  2contrarevolucionaria” y  llegaron a decir – aunque usted no lo crea- que rechazaban “… la hipocresía de la élite venezolana, que como los colonos de todas partes, se aferran a su privilegio blanco hasta el punto de linchar incluso a los afrodescendientes”.

Nada nuevo

El apoyo del régimen venezolano a las manifestaciones y disturbios que se han dado en Norteamérica parece haber ido más allá de las palabras. No es la primera vez que el castrochavismo se ve envuelto en acciones contra la administración Trump. Recordemos las grandes marchas de centroamericanos hacia la frontera de los EE.UU. y la participación del castrochavismo en ellas.

Así como “Black life matters”, “Venezuelan life matters”. Los asesinatos por policías en Venezuela son cuatro veces más que en EE.UU. y EE.UU. tiene una población diez veces mayor que Venezuela.

Leyenda: Opal Tometi (d) fundadora y líder del movimiento “Black Life Matters, puño izquierdo en alto,” abraza a Maduro.

 

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