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Jesús Alexis González: Venezuela, elecciones libres, justas y transparentes (?)

 

Evaluar la posibilidad de celebrar en Venezuela, en presencia de un régimen tiránico, un evento electoral libre (obrar a su gusto), justo (las partes reciben un trato apropiado) y transparente (honestidad, ética y responsabilidad), pasa por la obligante necesidad de repasar ciertos hechos acaecidos en nuestro país que alteraron (y alterarán, ceteris paribus) cara al futuro) la legitimidad (en concordancia con lo establecido en el ordenamiento jurídico) y legalidad (acto realizado dentro del marco normativo) de todo proceso electoral. En tal sentido, en opinión de expertos, el sistema automatizado implementado por la empresa Smartmatic en 2004 hizo posible que los miembros del “crimen organizado se atornillaran en el gobierno venezolano” (Rubén Bustillos, octubre 2017), apuntalados por el “sistema electoral más seguro del mundo” (¿?); que en efecto le ha facilitado al chavismo-madurismo “reflejar triunfos inobjetables” (¿?) con excepción de las Elecciones Parlamentarias del 5D-2015, en razón a que los técnicos de Smartmatic no participaron (“diferencias” financieras entre el régimen y los accionistas) y por ende la dictadura no  pudo alterar los resultados.

Es de acotar, que en función a la supuesta “realidad numérica de los resultados”  la auditoría en las mesas electorales (conteo de votos) no han reflejado (ni reflejarán) la existencia de disparidades, anormalidades y trampas (acción que tiene como fin engañar) habida cuenta que los “resultados” siempre los ajustaron (y ajustarán) a una verdad contable” (¿?); al punto que la auditoría mesa por mesa siempre certificó (y certificará) una exactitud numérica, habida cuenta que el Registro Electoral contiene una altísima cantidad de electores (más de un millón) con cédula de identidad con ilegalidad de origen pero validadas electoralmente.

Las cédulas de identidad emitidas fraudulentamente con fines electorales (principalmente), procedieron (y procederán) bien por duplicidad de documentos pertenecientes a votantes nacionales, o bien surgidos de la cedulación de extranjeros incorporados “legalmente” a dicho Registro Electoral en aras de “transformarlos” en “legítimos votantes”, los cuales fueron (y serán)  ubicados en Centros Electorales de “características especiales” que les permitió (y permitirá) “ejercer el derecho al voto” en al menos dos Centros Electorales, muy específicamente en aquellos que permanecieron  (y permanecerán) abiertos “hasta tanto haya votantes en espera”. De igual modo, en la mayoría de los casos estos centros de votación estaban (y estarán) ubicados en zonas inhóspitas y de difícil acceso para los miembros, testigos y votantes contrarios a la dictadura; lo cual facilitó (y facilitará) una triquiñuela adicional: los integrantes de las mesas fueron (y serán) seleccionados al momento de iniciarse el proceso de votación, con obvia prevalencia de votantes vinculados con el régimen previamente preseleccionados.

Desde una visión complementaria, es propicio señalar que la malvada estrategia de extender el horario de votación, justificaba (y justificará) la prohibición oficial de emitir resultados parciales, estimaciones y proyecciones hasta tanto se cumpliera (y se cumpla) la perversa acción de retrasar la culminación del evento de votación; constituyendo una diabólica espera  durante la cual el infame (que carece de honra y estimación) organismo electoral (léase CNE, en minúscula) procedía (y procederá) al “ajuste contable” de la votación previo al anuncio de las “tendencias irreversibles” (¿?) que, como es de suponer, siempre eran (y serán) distintas a las que hasta ese instante manejaban (y manejarán) los partidos políticos y los medios de comunicación, pese a estar sustentadas en la base de datos digitalizada de los resultados oficiales obtenidos y suministrados por los propios miembros de las mesas tempranas” (aquellas que habían culminado en el tiempo establecido) que en la mayoría de las oportunidades  proyectaba una “tendencia irreversible” en favor de la oposición (más correctamente: contra el régimen) que luego se desvanecía (y desvanecerá) por la acción de una avalancha de votos falsos-verdaderos”  provenientes de las “mesas tardías” (aquellas donde votaron, después de vencido el horario, los “doble cédula” y los extranjeros ilegales). A tenor de lo descrito, vale recordar que el régimen venezolano le entregó hace mucho tiempo a Cuba tanto el control del sistema de cedulación como el del registro de ciudadanos (¡sobran los comentarios!).

Resulta una manifiesta obviedad, señalar que el escenario en comento fue (y será) solo posible gracias a la complicidad del cne ( de nuevo minúsculas intencionales) que permitió ( y permitirá), entre otras irregularidades, mantener las mesas abiertas más allá de la hora oficial de cierre  sin la presencia de electores, en pro de dar tiempo para coordinar la votación de aquellas personas con doble y hasta triple cédula de identidad (único documento exigido) evidentemente  incluidos previamente en el Registro Electoral, y que evidentemente aparecían (y aparecerán) en los libros de votación; o lo que es lo mismo la trampa estaba (estará) ya orquestada por la sencilla razón que dicho  Registro Electoral se encontraba (y encontrará) viciado con electores inflados; al punto de perfeccionar la ¡simbiosis trampa-legalidad!.

Es de perogrullo afirmar, que la imposibilidad (desafortunadamente)  de demostrar algún tipo de fraude electrónico asumido como una alteración de los sistemas o una sustracción de datos y archivos, siendo además  un evidente hecho  de  “corrupción electoral” que ha facilitado la instrumentación de acciones incorrectas, no se ha podido detectar  (descubrir) estructuralmente ante la dificultad de encontrar “pruebas”, aunado a la complicidad de delincuentes electorales y de cooperantes fraudulentos que operaron (y operarán)  con plena impunidad ante la ausencia, inducida, de miembros de mesa opuestos a la dictadura; tal como al momento de la instalación de las respectivas mesas cuando se suscribe el Acta de Iniciación equivalente a un “escrutinio de inicio” para verificar que las máquinas no contengan datos (deben estar en cero); e igualmente cuando se realiza el Escrutinio Nominal y se genera el denominado “chorizo” contentivo de los resultados auténticos” (¿?) donde queda plasmada la paridad (¿?) entre el cuaderno de votación de electores y el mero de votantes registrados.

Reflexión final: A manera de ssíntesis, vale la pena afirmar (con implícita insatisfacción) que el régimen dictatorial ha sabido instrumentar una estrategia equivalente a un fraude legalizado” (digital-contable) que materializan complementariamente mediante, por una parte, la reubicación de mesas (usualmente efectuado de manera extemporánea) hacia zonas con críticas condiciones de inseguridad personal, y, por otra parte, por el funcionamiento de la denominada “hora loca” (unas cuatro o más horas) tiempo durante el cual se mantiene un “silencio sepulcral” que se interrumpe con una cadena nacional de radio y televisión para anunciar, con total hipocresía y falsedad, las “tendencias irreversibles” hacia la potencial instauración de una dominación social en tránsito a un totalitarismo.

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