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Óscar Morales: Unas tareas post dictadura

 

Se habla mucho sobre el día después que salgan del poder los protagonistas de la destrucción nacional. De hecho, se habla tanto de ese día que hoy existen muchos profesionales que trabajan sobre propuestas de políticas públicas para ese anhelado acontecimiento, por lo tanto, hay buenas noticias en ese sentido.

Sin embargo, si hay una –entre tantas- tarea que tendremos en el proceso de  reconstrucción nacional  que merecerá todo nuestro esfuerzo, esa será la necesidad de emprender reformas que nos permitan construir un Estado moderno que no le ponga zancadillas al emprendedor con regulaciones absurdas y, más bien, se reúnan voluntades para combatir intensamente las distorsiones de mercado que perjudican a todos los agentes económicos.

En consecuencia,  para ello se requerirá cambiar esa percepción ciudadana, instalada desde hace mucho tiempo, que cuestiona todo lo que huela a política o instituciones estatales. Es sabido que variadas encuestas de opinión pública, resaltan la valoración negativa que tienen los Tribunales de Justicia, los Partidos Políticos, el Ejército, el Poder Electoral, entre otros. Todo esto surge como resultado de las señales peligrosas que una vez empezaron a decirnos: “¿Democracia? ¿Con qué se come eso?”.

Por supuesto, eso fue pasado. Ahora nos toca apreciar y valorar en toda su dimensión eso que llamamos “sistema democrático”, porque si no solamente lograremos cambiar la figura de quien conduce el Estado, pero este seguirá  capturado por operadores al servicio de intereses partidistas, de tal manera que  la gestión pública continuaremos sintiéndola alejada de su misión ciudadana.

En este contexto, tendremos la tarea urgente de  remover la imagen del Estado obstaculizador que solo ha servido en el último tiempo de espantar el emprendimiento y la inversión, pues, eso podemos evidenciarlo en el profundo estancamiento de la productividad y el decrecimiento acelerado que sufrimos.

Asimismo, no podemos postergar las apremiantes reformas que sumen más transparencia al ejercicio público y, además,  reconstruir las bases del mérito y el esfuerzo, a fin de que se generen las mejores señales para recuperar la confianza ciudadana y brindarle un rostro más humano a la política. En caso contrario, lamentablemente repetiremos las experiencias fallidas que hoy condenamos.

Para todas estas tareas se requiere la búsqueda de acuerdos. Esta es la condición necesaria –aunque no suficiente- para empezar a destrabar nuestras rigideces como sociedad. Todas las medidas que llevemos a cabo el día después,  debe tener como foco esencial  estimular el capital humano, reorientar el imprescindible crecimiento económico y ampliar las políticas de protección social a la población más vulnerable.

Ciertamente, el mundo político tendrá que diseñar esas reformas esenciales. Por lo tanto, se necesitará un espíritu republicano y un sentido de nación que, sencillamente, le eche nuevos lubricantes a las tuercas del Estado, de forma tal que acabemos con el burocratismo malsano; las relaciones clientelares; y todas las debilidades institucionales.

Es una tarea prioritaria en lo venidero, siempre y cuando aspiremos mejorar el  servicio público para el ciudadano. Si ese no es el objetivo, entonces seguiremos despedazando al Estado y favoreciendo las malas prácticas estatales a toda marcha sin inmutarnos.

 

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