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Neuro Villalobos: Democracia radicalmente nueva

 

“Será más fácil redirigir el flujo de nuestra mente que adivinar cómo repercutirá todo esto en nuestra psicología individual o en nuestros sistemas sociales.”

No debemos tener la menor duda de que somos testigos presenciales de un cambio de era que se viene incubando desde hace tiempo y que va a durar un tiempo más. Esto no quiere decir que estamos signados por el destino y obligados a seguir sufriendo una tragedia colectiva como la actual. Es necesario, como dice Paulo Coelho, luchar para crecer, pero, sin caer en la trampa del poder que conseguimos con eso, porque sabemos que no sirve de nada si no lo sabemos usar, o porque cómo dice Harari, ahora somos más poderosos de lo que nunca fuimos, pero, tenemos muy poca idea de qué hacer con todo ese poder.

Hay que arriesgar mucho por una oportunidad, pero, debemos apartarnos de todo lo que nos ofrezca sólo un mundo de comodidad o de ilusiones. A los jóvenes ya no les basta con concentrarse en lo que le dicen los grandes maestros, tienen que pedirle ayuda a Dios porque ellos están ahora influenciando a sus padres en la política, en la lectura, en la música, y no al revés, como piensan muchos ingenuos. A los padres nos compete tratar de influir en los jóvenes en lo que hemos venido insistiendo, en eso que llamamos el sistema de valores. Debemos estar conscientes de este período de transición de una era hacia otra en lo general y de un cambio de rumbo en lo particular, siempre más prometedor, que es lo que más anhelamos para nuestro país.

La diáspora que hemos sufrido los venezolanos, si algún efecto positivo tiene para el país, es el choque cultural que esa experiencia supone y los beneficios que se pueden generar si la gran mayoría decide volver a su terruño después de sufrir esta larga agonía, este sopor de sufrimiento y muerte por el que atraviesa nuestra nación. Para ilustrar este drama, cada niño que nace hoy en Venezuela, referencia al mes de marzo del año 2019, tiene una expectativa de vivir 3.5 años menos que los que nacieron en la generación anterior, según un estudio de la esperanza de vida del venezolano elaborado por la Universidad Católica Andrés Bello, UCAB.

Todos deseamos que la angustiosa situación que vivimos, o mejor dicho, que padecemos, se resuelva ya, sin embargo, es necesario aceptar que nuestras almas en este momento están presas en la telaraña del tiempo, con sus oportunidades y limitaciones, en una lucha desigual donde al final vencerá el talento, que si bien es un don universal, como dice Coelho, hay que tener mucho valor para usarlo.

El uso de nuestro talento no significa que las cosas deben resolverse como deseamos o como y cuando queremos. Nuestra voluntad es importante y necesaria, pero no suficiente, hacen falta otras cosas que no están a nuestro alcance. Posiblemente, como dice Harari, la sensación de desorientación y de fatalidad inminente se agrava por el ritmo acelerado de la disrupción tecnológica. Probablemente al sistema político liberal le cuesta tratar con las revoluciones en curso en la tecnología de la información y la biotecnología y en su forma actual la democracia no sobrevivirá a la fusión de ambas, como manifiesta Harari, o bien se reinventa a sí misma con éxito y de una forma radicalmente nueva tanto para gobernantes como gobernados, o bien los humanos acabarán viviendo en dictaduras digitales con todos los efectos físicos, mentales y espirituales que ellos suponen.

Es descomunal el esfuerzo y las tareas que tenemos por delante. Primero debemos quitarnos de encima la tiranía de los delincuentes que han destruido el país y después reconstruir la patria con una democracia radicalmente nueva que sea capaz de resistir los embates de la fuerza bruta, de la inteligencia tarifada y de la intelectualidad sin honor.

nevillarin@gmail.com

 

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