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El celestial canto gregoriano de las benedictinas francesas

 

Se canta en templos y monasterios y tiene una tradición de siglos. Un proyecto pone ahora a disposición de todas las mayores bases de datos de audio de canto gregoriano del mundo entonado por monjas benedictinas.

Viven apartadas, en armonía con Dios y la naturaleza, sobre una colina rodeada de almendros, campos de olivos y viñedos. Cada día se despiertan a las 4:30 de la madrugada y rezan a las 5. Su día a día está bien estructurado: mucho trabajo en los propios campos y largas horas de plegarias. “Ora et labora” es su lema: ‘reza y trabaja’.

Desde hace un año, las hermanas de la abadía benedictina de Notre Dame de Fidélité de Jouques, en el sur de Francia, tienen una nueva y muy especial tarea: cada día graban sus cantos durante seis horas. El resultado final serán siete mil horas de grabaciones con el repertorio gregoriano completo, en la que constituirá la mayor base de datos de audio de música eclesiástica del mundo.

“El canto gregoriano es el milenario sostén de la plegaria para numerosas generaciones de monjas y monjes. Nosotras en Notre Dame de Fidélité de Jouques nos inscribimos en esta larga tradición, ya que nos esforzamos en trasmitir esta herencia espiritual y cultural”, dijo a DW la hermana Armelle, miembro de la abadía benedictina. Se trata de una ingente cantidad de plegarias, cantos y salmos: “Se podrán escuchar cantos que hasta la fecha no han sido grabados”, dice a DW John Anderson, artífice de la idea y productor del proyecto.

El primer encuentro

Anderson acudió por primera vez a la abadía en 2011: “Tenía curiosidad por saber cómo se vive en un lugar así. Me levantaba temprano por la mañana como las hermanas de la orden y trataba de seguir sus actividades diarias. Todo ello dejó una profunda huella dentro de mí: su sacrificio, todo lo que hacen no es para ellas sino para la comunidad, para Dios y para el bien común. Su frugalidad, su silencio y el contento y el gozo que en ellos sienten me impresionaron”, recuerda Anderson sobre su primera visita al monasterio, que también tiene una rama en Benín, África.

Hace siete  años nació la idea: al principio, Anderson quería grabar el canto de las benedictinas en Benín, pero el reto era demasiado complejo. Así que reunió todo su valor y preguntó a la abadesa en Francia, donde acudía a menudo de visita. La mujer pareció interesada en la idea, pero puso una condición: “Yo tenía que convencer a toda la comunidad. Todas las hermanas se congregaron y les expliqué con mi precario francés la idea y el objetivo”, recuerda. Anderson, productor y pianista, tuvo suerte, ya que pudo contar con el activo apoyo de su tía, que pertenece desde la década de los 70 a la orden benedictina.

¿Qué es el canto gregoriano?

El canto gregoriano es un canto religioso a una voz en lengua latina. Se parece a la recitación cantada y tiene un carácter monótono y meditativo. No cuenta con acompañamiento instrumental, las melodías son sencillas y el tempo lento. Los medios utilizados son mínimos.  El nombre “gregoriano” se debe al papa Gregorio I, a quien se atribuye en el siglo VI un intento de recopilar los cantos hasta entonces transmitidos de forma oral. En el siglo IX, las melodías comenzaron a escribirse con la notación llamada neumática, antecedente de la actual notación musical. En los últimos años, el canto gregoriano ha traspasado los muros de los monasterios y gozan de gran popularidad, también entre quienes no son necesariamente asiduos visitantes de templos. “Me dijeron que se tardan diez años en aprender el repertorio, que es enorme”, dice John Anderson. El proyecto de grabarlo representa un reto técnico enorme para él y su equipo.

¿Cómo se graba en un monasterio?

“Nadie de mi equipo quiso ser monje”, ríe Anderson. Como tampoco quería nadie quedarse allí a vivir, colgaron ocho micrófonos en el techo y las monjas recibieron una tablet e instrucciones precisas para manejarla, porque para muchas de ellas era un objeto de otro mundo. “Tenían que apretar un botón al comenzar la liturgia y volverlo a apretar al terminar. Funciona sin problema alguno. Hasta ahora han grabado todas las misas”. Anderson explica que las monjas más jóvenes ayudaron en la implementación técnica. Las religiosas ya se han familiarizado con el mundo digital y cantan no solo para Dios y para sí mismas, sino también para todo el mundo.

El otro gran reto fue la conexión a internet. Son necesarios 25 gigabytes diarios de material de audio que debe ser enviado a los productores, pero en un colina en medio de ninguna parte, no hay internet, sino una lenta conexión ISDN. ¿Qué hacer?  “Acudí con una hermana a una ciudad cercana para informarnos de las posibilidades. El vendedor nos preguntó si nos bastaba 1 gigabyte al mes. Le dijimos que necesitábamos más, mucho más. Entonces nos ofreció 2 gigabytes. Quién sabe qué pensó el hombre cuando le dijimos que necesitábamos 25 gigabytes al día”, ríe Anderson.

Finalmente adquirieron un módem LTE por tres euros al día y así las monjas pueden enviar cada día al cielo, es decir, a la nube, sus cantos. A partir de junio de 2020, los cantos de las benedictinas estarán disponibles gratis en internet. Cada día se ampliará la base de datos con nuevas entregas. En otoño habrá una aplicación de pago. El proyecto continuará llevándose a cabo hasta 2021, cuando esté grabado todo el repertorio.

DW

 

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