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Antonio Urdaneta Aguirre: Una buena señal

 

En Venezuela el desencuentro político pasó de una incidencia lógica y natural, a un fenómeno de reacciones preocupantes. Las relaciones entre organizaciones partidistas dejaron de ser, hace tiempo, una confrontación normal y constructiva. Ahora las diferencias que son propias del ejercicio político, aunque parezca una conducta cavernaria, se dirimen violentamente, como si se tratara de una contienda a muerte entre enemigos. Lo que sucede con respecto a esa dinámica ubica a nuestro país en un escenario de salvajismo. Tal calificativo luce temerario, pero es difícil, dado el nivel de polarización existente, usar términos extraídos de la benevolencia, porque entonces el enfoque perdería credibilidad. ¡Es público y notorio la saña, la rabia y el odio contenidos en el discurso político!

Ese comportamiento del liderazgo partidista, nada edificante ha construido en el país, en los últimos veinte años. El resultado se traduce en la situación dramática que acusa Venezuela en todos sus sectores sociales, económicos y culturales, fundamentalmente. Las calamidades han crecido ininterrumpidamente y todo hace pensar que seguirán creciendo. El conjunto de todas ellas constituyen hoy una tragedia que ya apunta hacia la irreversibilidad. Sin embargo, es casi imperceptible la preocupación, si es que tiene alguna, de la clase política. El pueblo en general sufre más cada día: el hambre, la miseria, el miedo y la muerte son su presente y con muchas posibilidades de que sea también su porvenir. ¡Pero este cuadro dantesco encuentra poco eco en las cúpulas político-partidistas, a pesar de la obligación que a éstas compete!

Pues bien, en el marco de ese panorama desesperanzador, la Asamblea Nacional y el Poder Ejecutivo, conjuntamente con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se han puesto de acuerdo, en función de lograr recursos y apoyo internacional, con la finalidad de atender, con la urgencia requerida, los daños socioeconómicos derivados de la pandemia china. Es obvio que las secuelas del COVID-19 han empeorado sustancialmente la profunda crisis que ya existía cuando el virus hizo aparición en Venezuela. Es indudable que un acuerdo de esa naturaleza es muy alentador. Y lo es más, puesto que el convenio está avalado –es lo que se comenta– por Juan Guaidó, en representación de la Asamblea Nacional y Nicolás Maduro, por parte del Poder Ejecutivo. ¡Al fin, después de tantos años, una buena señal!

Educador – Escritor

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@UrdanetaAguirre

 

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