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Carlos Casanova: La historia reivindicó a CAP

 

Con el derrocamiento de Carlos Andrés Pérez cambió el rumbo y destino del país, el propósito de sus autores fue impedir que el éxito que implicaría el “Gran Viraje” por la adopción de una economía liberal de mercado, en sustitución del estatismo protector, y de las reformas políticas que comportaban la descentralización se consolidaran, ya que trasladarían de forma definitiva el centro del poder político y económico a las regiones, ya que sustituía al centralismo como organización política del Estado.

Unos adversarios con cálculos políticos equivocados, otros apostando al poder por el poder mismo, otros por la envidia de la historia, la resistencia al cambio, y otros que querían y supieron aprovechar las motivaciones de los demás y fueron los que al final concretaron su estrategia, que comenzó con la infiltración comunista bien disimulada en la fuerzas armadas, hasta llegar al momento revolucionario actual.

Así se cambió la línea del tiempo para los venezolanos, nuestro destino era  vivir hoy en un país de primer mundo, y los hechos desencadenados nos trajeron a esta realidad. Sobre este punto existe amplio consenso, fueron y son las políticas económicas que se requerían y se requieren hoy para ser un país moderno.

Acción Democrática que no quiso debatir sus tesis ideológicas  desde el año 1964 y con ello actualizarlas, solo debatían programas de gobierno, y con el de CAP nunca estuvieron de acuerdo, precisamente por el cambio que imponía en lo político, institucional y económico, de ahí la razón por la cual le retiró su apoyo y con ello el muro de contención que representaba su fortaleza se resquebrajó dejando las puertas abiertas para la trama judicial preparada.

Desmontar a Pérez y sus políticas, pasaba por sumar al equivocado 4to poder, que influyó en transmitir al ciudadano una visión claudicante de la política y la economía, exacerbando el caracazo, organizado por la izquierda acostumbrada al activismo de guerilla urbana con el auxilio de Castro, promovido como estandarte del descontento social.

Así, los demócratas que pensaron que podían controlar las consecuencias de sus actos, se vieron luego desbordados, los que justificaron la acción golpista, primero viéndose beneficiados y los que por compromiso o reconciliación ficticia promovieron las amnistías, indultos y sobreseimientos de la totalidad de los golpistas dejándolos con sus derechos políticos intactos, creyendo equivocadamente que detrás de un perdón sin contrición hay justicia, siguieron cayendo en un juego donde ellos ya no eran sus guías.

Oponerse al cambio, era creer que el problema era CAP con su apertura económica y la descentralización política, obviando que el modelo constitucional de 1961 vigente en la época, estaba agotado, razón fundamental por la cual el sistema estaba debilitado y consecuencialmente sin legitimidad, era el momento del cambio, al que se opusieron propiciando su derrocamiento.

Para esa segunda candidatura de CAP, se diseñó la estrategia de crear un movimiento de movimientos juveniles, la “Venezuela 2000” dirigida por Héctor Alonso López, que en su seno albergó la más grande cantidad de jóvenes que en política haya tenido el país.

Con la defenestración de CAP, todas estas generaciones que hacíamos convergencia en este movimiento vimos también truncados los caminos del relevo político, una generación que activamos en política acompañando los postulados del cambio para salvar a La Nación, pero nunca responsables de su aciago destino.

Con este artículo quiero dejar mi testimonio y reconocimiento al líder, y a mis compañeros que a lo largo y ancho del país acompañamos con la fuerza de la juventud desde la Venezuela 2000, los postulados del cambio, que hoy siguen estando más vigentes que nunca.

CAP, un hombre surgido del tránsito de la historia, hoy  se ve reivindicado por la propia historia, ¿y sus adversarios? en el olvido.

Dios los Bendiga

 

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