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Ramón Guillermo Aveledo: Incertidumbre

 

El pensamiento y el sentimiento dominantes en muchos hombres y mujeres de todas partes es la incertidumbre. Sentir que nada es seguro, que no se sabe qué pasará. Con nuestra salud, trabajos, empresas quienes las tienen aunque sea un pequeño negocio familiar. Se ve con incertidumbre nuestro futuro. Es decir, nuestras vidas.

La pandemia ha impactado en todos los países. En unos ha cobrado más vidas que en otros. Los infectados por la enfermedad se cuentan por millones. Hasta ahora en nuestro país la cifra es relativamente baja, es lo que se percibe y gracias a Dios, aunque tampoco sea muy elevada la credibilidad oficial demasiado contaminada por la propaganda, porque a todos nos asusta pensar qué pasaría si entre nosotros tuviera el COVID 19 magnitudes comparables con las de otras partes. Pero aquí y afuera se esparce el susto ante un enemigo insidioso que puede ser mortal.

El domingo 24, el Papa Francisco dedicó la misa a los que temen, los que se angustian por lo que pueda venir, los que sufren por la incertidumbre. La seguí por Internet, dado que el canal que la transmitía hasta la semana anterior era distribuido por una empresa que ya no presta servicios en nuestro país. Con ese agudo sentido de pastor que lo distingue, el Pontífice acertó al dirigirse a cientos de millones en todo el mundo para quienes todas sus seguridades están en entredicho.

Lo primero es la vida humana, claro. Por eso está muy bien ser previsivos. Es un deber. Pero para defenderla hay que defender la seguridad como las oportunidades de trabajo y estudio, la alimentación y el cuidado a la salud. Y esta, aparte de hospitales y personal, requiere de servicios de agua y electricidad. Y el trabajo necesita que la economía funcione y que lo haga el transporte que no funciona sin combustibles. En todo el globo hay gente con fundados temores por esos motivos y aquí, porque la pandemia nos llegó en medio de una crisis tremenda que no deja hogar a salvo.

Vencer la emboscada de la incertidumbre es posible. No es fácil, pero sí es posible. No será una victoria lograda a base de disimulo, engaños, o trucos. Es un problema humano grave y profundo que no se resuelve con propaganda. Solo el afrontamiento sincero de la realidad y la voluntad de hacer para cambiar abrirá esa ruta.

En todas partes y en esta tierra nuestra, la principal responsabilidad es del poder, pero no sólo incumbe al poder. Hay que enfrentarlo con la verdad y enfrentarlo de verdad.

 

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