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Enrique Meléndez: Soberbia comunicacional

 

Lo que más deja perpleja a la opinión pública venezolana es la soberbia, con la cual el régimen de Nicolás Maduro reacciona, a propósito del retiro de DirecTV de las pantallas chicas; como es la de obligar a su directiva a restaurar la señal, mediante sentencia inejecutable del TSJ: que es como ordenarle a un muerto que resucite; en lugar de haber transigido en su momento, en lo que atañe a la solicitud que le hicieron las autoridades estadounidenses a DirecTV, de proceder al retiro de los dos canales que han censurado, como serían Globovisión y Pdvsa-TV, en el entendido de que ambos entran en la categoría de las tablas de sanciones, que se le han impuesto a algunas firmas venezolanas, que han sido señaladas de incurrir en delitos de lavado de dinero, proveniente de la corrupción.

Nada le costaba al régimen entregarlos, pues todavía quedaba con una red de canales, que forman parte de su hegemonía comunicacional, entre ellos, Venezolana de Televisión; el canal, por excelencia, del partido oficial desde los tiempos, incluso, de la República civil; además de Teves, derivado éste de RCTV, y que fue expropiado hace años ya; cuando Hugo Chávez comenzó a imponer dicha hegemonía, y entonces se pasó a la política de censura y autocensura; en lo que a medios de comunicación se refiere, y que implicó el cierre de numerosas estaciones de radio; cuando no la mediatización de la línea editorial de algunas plantas televisoras, como sería el caso de Venevisión; que dejó de lado el radicalismo opositor, con el que venía actuando, sobre todo, desde los días duros de abril de 2002, y, en especial, aquel célebre 11 de dicho mes, cuando vimos que la pantalla de dichas plantas se partía en dos, y mientras contemplábamos a un Chávez en cadena, proclamando que aquí no estaba pasando nada, al mismo tiempo éramos testigos de aquella inmensa manifestación, que se dirigía hacia Miraflores, en plan de solicitarle la renuncia; lo cual, además, de constituir una gran ironía desde el punto de vista comunicacional, era un reto a la tiranía de sus cadenas largas y tediosas, que instauró desde el comienzo de su gobierno, alterando programaciones; además de cronogramas, en lo que atañe a sus respectivas contrataciones publicitarias.

Aún así había aquél que decía que no estábamos en una dictadura; puesto que todavía quedaban casos aislados como el de la propia Globovisión, que aún sostenía la bandera de eso que hemos llamado radicalismo opositor; tomando en cuenta que, como señalábamos, Venevisión había tenido que apelar a la autocensura; despidiendo, sobre todo, a algunos periodistas, que no eran muy del agrado del régimen, con motivo de sus posiciones políticas, y que dirigían programas de opinión emblemáticos; como, por ejemplo, Marta Colomina, y entonces aquí agregaríamos el caso de Televen que, a última hora, también terminó plegándose a dicha política de autocensura, y en la cual tenía esta colega nuestra un programa de tal corte; constituyendo ella, por lo demás, una referencia en el género de los periodistas más críticos, a ese respecto; asumiendo, incluso, posiciones que podríamos calificar hasta de temerarias, puesto que provocaron incluso atentados, que le hicieron en un momento determinado, y así que a la calle va a dar; sólo que llegó un momento en que el régimen chavista va a apelar a la compra compulsiva de acciones de los propietarios de Globovisión, esto es, de Alberto Federico Ravell, Nelson Mezehrane, y de Guillermo Zuloaga, y es así como vemos acaparar estas acciones en manos de un señor de nombre Raúl Gorrín, y que vendría a ser la manzana de la discordia en esta oportunidad; puesto que sobre él pesa la acusación de haber sido favorecido por el régimen chavo-madurista con grandes negociados, y que en EEUU pasan a ser considerados como actos de corrupción; siendo calificado Gorrín como un prófugo de su justicia, y es así, según decíamos, como vemos consolidarse en el mundo de la comunicación nuestro una hegemonía absoluta del partido oficial; porque, por lo demás, el caso del canal de Pdvsa no necesita explicación, tomando en cuenta las propias sanciones, que pesan sobre esta empresa.

Todavía se recuerda, por cierto, la gracia que causó una declaración de Pedro Carreño; en la que decía que a través de DirecTV el imperialismo norteamericano nos espiaba en nuestras casas, a propósito de la desmesura de estas palabras, y que detrás de las mismas, no se ocultaba sino el celo que le causaba a esta gente el hecho de que a través de este sistema televisivo por suscripción se vulneraba aquel principio, del que partía la hegemonía comunicacional del chavismo, de que el cable televisivo no subía cerros, y esto porque la señal satelital de DirecTV, no sólo le permite llegar hasta el rincón más confín del territorio venezolano; que era lo que hasta entonces no habían logrado la señal de las llamadas cableteras, sino además por sus tarifas; que son demasiado bajas con relación a las de dichas cableteras, y es así como vemos la proliferación de sus antenas; tomando en cuenta que la ciudadanía, huyéndole a esas cadenas largas y tediosas de Chávez y, ahora, de Maduro, se va a este sistema de televisión, para amargura, como decíamos, de los celos de Carreñito.

En ese sentido, estamos ante un mal perdedor, y cuya tiranía había obligado al sistema de televisión por suscripción en otrora a sacar de su gama a canales colombianos, argentinos, chilenos y, en especial, a CNN en español; porque, a juicio de Conatel; que, en ese sentido, vino a ser el gran verdugo de la censura comunicacional, no se prestaban sino para la difamación de nuestros gobernantes; habiendo podido ceder, en ese sentido, a propósito de la suspensión de los canales de marras, y no dejar sin televisión a una masa de millones de venezolanos; aparte de que en un momento en que a la ciudadanía se le está obligando a permanecer en sus casas, y resulta que ahora reacciona y quiere que el muerto resucite.

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