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José Manuel Rodríguez: Siete preguntas

 

Vale este reconocimiento

En vista de la doble emergencia que estamos padeciendo, la pandémica y la defensa de la soberanía, y dado que nuestro gobierno ha actuado, frente a ellas, con certera decisión evitando que esta nación padezca las terribles penalidades que ocurren en el resto del mundo; he considerado muy necesario aclarar que las críticas, sin duda severas, que a continuación desarrollaré sobre lo que parecen ser sus objetivos políticos, en absoluto desmerecerán lo acertado que ha sido en estos dos casos.

 

No pretendía hacer un ensayo. Inicialmente me había propuesto, antes de estas vicisitudes ocurridas, escribir una serie de artículos de breve desarrollo, enlazados por un propósito de continuidad, para ser enviados como es mi costumbre, vía imail, a una larga lista de destinatarios. Buscaba así responder a los que me mostraban su preocupación por la dura crítica que hacía de nuestro gobierno. Les inquietaba que colocara abiertamente en tela de juicio la intencionalidad revolucionaria del equipo gubernamental. Otros, por el contrario, hacían suyas tales opiniones. De hecho, uno de ellos, me escribió unas notas donde hablaba del drama que representa que los legatarios de una impronta política reviertan la orientación de esa política… Se estaba refiriendo concretamente a la pérdida de continuidad de los rumbos trazados por Lenin, Mao y Chávez. Sin embargo, tales desvelos personales fueron alterados cuando, en el alardeado país de los poderes separados, su fiscal general, siguiendo instrucciones de Trump, publicó un cartel idéntico a aquellos del violento y premonitorio “lejano oeste”, el más claro marcador de la cultura norteamericana. Ese cartel ofrecía, al margen de las leyes internacionales, millones de dólares por las cabezas de altos dirigentes del proceso político venezolano, asumiendo que sus aguaciles pueden actuar en cualquier parte del mundo como si se tratara del desierto de Sonora o del violento Tombstone. El tipo no expresó incomodidad por el mandado encomendado por su presidente, y tampoco recato jurídico, simplemente actuó con la agresividad que siempre ha orientado a esa nación norteña. De aquellos matones cazas recompensas que, en defensa de una libertad que jamás tenía que subordinarse a la justicia, andaban por caminos polvorientos cortando las cabezas de quienes consideraban molestos o culpables de algo, se ha pasado a esta versión modernizada de la política donde se terceriza la actuación, contratando a mercenarios y narcotraficantes para que les faciliten su objetivo de asalto nuevas tierras para acceder a sus riquezas. Pues bien, esta sucesión de hechos, a cual más grave, contra la soberanía y la vida de

todos los que aquí habitamos, venezolanos o extranjeros, chavistas u opositores (y lo centro en nosotros para no buscar escandalizarme por las ofensas a otros países, que es tarea de sus nacionales); hizo que decidiera suspender la escritura de esos artículos para ponerme a las órdenes de la autoridad a cargo de la defensa nacional, si para alguna utilidad fuera así considerado. No serán mis divergencias lo que le quite primacía a esta defensa.

El desarrollo que ha tenido tales acontecimientos deja también al descubierto que la Geopolítica, ahora como consecuencia de la uberización, deja de ser una rigurosidad disciplinar de cuarto nivel impartida en institutos especializados, para convertirse un versátil maletín contentivo de cuanto requiera quien lo porte para hacer lo qué le mandan hacer. De ahí que Busch, Obama, Trump y cualquier otro que pueda venir en el futuro,  nos amenace a cada rato con el poder de guerra de sus mercenarios, apoyados en los jefes no electos de esa Unión Europea que han convertido la democracia en un discreto y decadente encanto. Los electos, más pomposos que pendencieros, representan el inmodificable guión delincuencial que durante siglos ha subsistido. Eso explica,  por  cierto, la actitud que muestran esos dirigentes ante los millones de  ciudadanos  infectados en sus países, más por el desahucio que por el coronavirus. En USA, siempre más adelantada que sus engendradores europeos, inventaron (antes de Uber app) el sujeto adecuado, el self-made man. Eso existe en esa nación desde que los primeros “colonos” emprendieron su construcción a sangre y fuego. Estoy hablando de las convicciones del white, anglo-saxon and protestant, (que incluye a algunos negros y latinos agazapados en diversos grupos de poder). Así se ha moldeado la cultura de esa nación del norte. Una cultura que asume que lo que existe más allá de sus acomodados suburbios y sus downtown financieros son tugurios de chusmas confundidas que tienen que estar acordonados y bajo vigilancia. Por fortuna la vida es más compleja que la simpleza de tales convicciones y se cobra de diversas maneras esa estúpida arrogancia. Entre las muchas cosas que dejan de prever está ese virus conscientemente ignorado, que les dejó varado entre las palmeras de un atolón a uno de sus buques insignia, amén que otra de sus naves que nos amenazaba, esté ahora por ahí dando bandazos por la misma peste. Y menos aleatorio que los asuntos epidémicos, la destreza con la que un pequeño pueblo de pescadores venezolanos, para nada confundidos o impresionados,  les echara sus redes encima a esos comandos que pretendían desembarcar como novísimos libertarios. O más contunde, el palazo con que una mujer desarmó o otro de estos delincuentes en un pueblo cercano al anterior. Claro está que no por derrotada esa potencia delincuencial deja de acarrear consecuencias dolorosísimas para las naciones que, como la nuestra, perseveran en ser soberanas. Sus felonías, impulsadas siempre  por la desmedida ambición que llaman “iniciativa privada”, nos hacen mucho daño. Y también a la solidaridad regional dado que algunos de los gobiernos de nuestro sur que  se afanan en ser sus “amigos”, han consentido ser meretrices de apetencias que atropellan la decencia y el bienestar, no digo de la región, de sus propios pueblos (1).

Si para algo ha servido todo esto es para constatar de nuevo que el capitalismo jamás dará paz a ningún intento de gobierno autonómico y soberano, sea socialista o   algo parecido. Este aprendizaje doloroso hace crucial para el proceso político venezolano que el Partido que lo dirige, deje de marearse con la factibilidad de convencer a nuestros enemigos sobre posibles salidas intermedias y, en consecuencia, busque redefinir su esencialidad que, en mi opinión, luce ahora extraviada. La sola preocupación, seguramente compartida por muchos, sobre el futuro de ese proceso político, actualiza  de nuevo aquellas palabras que una vez Fidel le escribió a Chávez: La caída de Venezuela, arrastraría inexorablemente las esperanzas de los pueblos de América Latina. Me atrevo a decir, que si Venezuela se pierde, USA se apoderaría del resto del hemisferio…Y esas palabras de alerta tienen hoy, diecisiete años después, mayor peso. Los que están al frente de este proceso, que sin duda alguna son legatarios de Chávez, tienen una tremenda responsabilidad, de esas que llaman histórica, pues, tal como lo continuó diciendo Fidel, en una carta que no se va por las ramas, en los últimos cien  años, han ocurrido, a mi juicio, dos o tres momentos que pudieron cambiar el curso de la historia, y la causa fundamental de que no ocurriera fueron los errores de los hombres…(2)

Es esta preocupación, ya superada la emergencia por la incursión de “la tercerización libertaria”, la que me llevó a convertir los artículos que mencioné al inicio, en este único documento que hoy leen. Lo organicé en torno a siete preguntas que  consideré claves, y procuré impregnarlo de la sustancial esencia con que Alfredo  Maneiro, poco antes de su muerte, definió el objetivo último de nuestras luchas. Él afirmaba que sólo serían revolucionarias si produce un cambio en las relaciones  humanas, un cambio en la forma de relacionarse los hombres entre si y arreglar de una cierta manera sus relaciones con la naturaleza…(3). Estaba apuntando, sin ambiguas consideraciones, a aquello que el socialismo “real” pospuso con el argumento de resistir  la agresión capitalista: profundizar la democracia. Chávez lo entendió desde el inicio  (Alí Rodríguez A. mencionó alguna vez que, por esos años, él formó parte de una “dirección especial” de la Causa R) y pudo comprobar, ya como presidente, como el imperialismo se opondría a cualquier plan que trajera vientos socialistas. Luego, ya afianzado firmemente en el sentimiento popular, nos presentó su propuesta de reforma al Capítulo II de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. La llamó la Nueva Geometría del Poder. Aquellos nuevos artículos, el 16, 17 y 18, conformaron la visión más avanzada que conozco sobre la democracia en una sociedad socialista. Significaba el cambio el adjetivo “democrática” por el sustantivo “democracia”. Le estaba proponiendo   a los ciudadanos que, apoyados en sus propios esfuerzos, avancen dejando a la vera del camino los amarres tutelares. Veamos una síntesis de esa propuesta:

•  La unidad política primaria de la organización territorial nacional será la ciudad,

entendida esta como todo asentamiento poblacional dentro del Municipio, e integrada por áreas o extensiones geográficas denominadas Comunas.

•  Las comunas serán las células sociales del territorio y estarán conformadas por las comunidades, cada una de las cuales constituirán el núcleo espacial básico e indivisible del Estado Socialista Venezolano, donde las ciudadanos y las

ciudadanas tendrán el poder para construir su propia geografía y su propia historia…

•  A partir de la comunidad y la comuna, el Poder Popular desarrollará formas de agregación comunitaria político-territorial, las cuales serán reguladas en la Ley, y que constituyan formas de autogobierno y cualquier otra expresión de democracia directa.

•  La Ciudad Comunal se constituye, por decreto del Presidente de la República en Consejo de Ministros, cuando en la totalidad de su perímetro, se hayan establecido las comunidades organizadas, las comunas y los Autogobiernos Comunales… Igualmente el Presidente o Presidenta de la República, en consejo de ministro, previo acuerdo aprobado por la mayoría de los Diputados y  Diputadas integrantes de la Asamblea Nacional, podrá decretar regiones marítimas, territorios federales, municipios federales, provincias federales ciudades federales y distritos funcionales, así como cualquier otra entidad que establezca esta Constitución y la Ley…(4)

Ahí la vieron, no es ninguna hojarasca institucional plagada de los eufemismos de la retórica oficial que poco tiene que ver con la vida cotidiana de la gente. Ahí están nítidamente definidos, para que la gente se apropie de ellos, tres de los escalones de ascenso a esa democracia socialista. No es una escalera para tomar el cielo por asalto, es para ascender, pausada pero tenazmente a él. Entendámosla en su sencilla complejidad: el primer peldaño, los consejos comunales en los diferentes sectores de cada barrio o de cada caserío. Su razón fundamental es facilitar la organización primaria de quienes allí habitan para atender sus dificultades, definir carencias comunes y para, respirando democracia, ponerse de acuerdo en como resolverlas en colectivo. El  segundo, el de las comunas, es la agrupación de los consejos comunales que tienen vecindad en un determinado barrio o caseríos cercanos. Esta agrupación no los anula,  por el contrario, se trata de sumar fortalezas para una tarea diferente, muy osada pues es la redefinición contemporánea de un atavismo milenario: el apoyo mutuo para montar procesos productivos generadores de bienes que sirvan al colectivo, y de paso, asumir el control de toda la vecindad. Tiene que ser así porque servir al colectivo significa administrar en colectivo los servicios y el equipamiento existente, vigilando su cumplimiento. El tercero es la ciudad comunal. Si entendemos la ciudad como el hecho cultural más significativo de la humanidad, luego del lenguaje, apreciaremos la significación democrática de un gobierno comunal. El autogobierno de la ciudad se conformaría con los diferentes voceros de los parlamentos comunales existentes en ella. Esto hace necesario asociar a todas sus comunas en una gran federación. Tiene que hacerse de esa manera porque el hecho urbano, que es muy complejo debe, para funcionar con un mínimo de eficacia, ser manejado integralmente y no por sectores. Esto significa operar las redes de servicios, la red vial y el transporte, debe igualmente, planificar la vida urbana y ejercer su control, y clave para que el esfuerzo tenga sentido, requiere organizar y poner en marcha la producción, distribución y venta de los bienes necesitados por los ciudadanos, así como la recolección y disposición final de los

desechos generados por ellos. Estos gobiernos de las ciudades de todo el país, integrando las áreas rurales que les son necesarias para el sustento, pasarían a ser parte de la estructura del Estado, como ahora lo son los gobiernos municipales. Y como toda institución del Estado, sometida al control central.

Pero atención, no llega hasta aquí la propuesta de democratización profunda. Estoy convencido, y no veo razones para considerarlo fantasioso, que cuando Chávez nos hablaba de la ciudad comunal como la unidad primaria del poder público territorial, apuntaba a un cuarto peldaño no descrito por razones estratégicas: la Asamblea Nacional Comunal como vértice de la pirámide del Estado y sin duda, máxima autoridad de la República (5). Así en cada Ciudad Comunal podría escogerse, por votación directa y en número proporcional a su población, a los asambleístas que pasarían a formar parte  de esa estructura parlamentaria masiva y democrática. Su masividad es obvia, hay por lo menos 900 ciudades que pueden llevar con propiedad ese nombre (El Tocuyo es en esencia tan ciudad, como lo es Elorza, Mapire y Caripito). Y el encadenamiento democrático que va de los consejos comunales hasta esa gran Asamblea Nacional es incontestable.

Pues bien, 13 años después, este escenario continúa siendo hipotético. No se ha avanzado del segundo escalón, el de las comunas, ni ellas han logrado, con puntuales excepciones, ser productivas y tomar control de sus territorios. Y esto se debe a que esta audaz propuesta de sociedad socialista, de democracia a fondo, generó la confrontación tutelaje-estado comunal, marcando desde ese momento una lucha interna silenciosa pero corrosiva. Como sucedió en Rusia y también en China. Ella, por ser una contradicción entre revolucionarios, debió ser resuelta por la discusión revolucionaria, pues resulta vital para el futuro de la revolución (y ese es el centro de mi angustia) impedir que las células comunales, que son amplias y autónomas organizaciones populares, sean fagocitadas por el Partido. Si queremos ayudar en la resolución de esta contradicción tenemos que convencernos que el Partido, como vanguardia revolucionaria, es el núcleo esencial de esas organizaciones pues una comuna es en esencia socialista. Pretender que ellas estén contenidas en el Partido, además de atosigarlo con una obesidad plasmática, ahoga, con el rigor disciplinar que lo caracteriza, la autonomía comunal y su organización consciente (6). Veamos entonces esas siete preguntas:

 

1.   ¿Cuándo hay revolución?

Hablar si se revirtió o no, luego de la muerte de Lenin, Mao y Chávez, los procesos revolucionarios que ellos iniciaron, siempre será controvertible. Menos nebuloso resulta asumir que una revolución sólo lo es en tanto sepa mantener la lucha (no la intencionalidad) por la transformación de las estructuras políticas, económicas y sociales para avanzar a una sociedad conscientemente organizada, libre y solidaria, que son las condiciones que convierten los adjetivos democrático y socialista en sustantivos. La

revolución es eso y no lo que consideren posible, en cada circunstancia, los conductores que las han tutelado.

El verla así puede hacer más objetivo el intento de juzgar el camino seguido por  los procesos señalados y la permanencia o no de los valores que los categorizan como revolucionarios. Por eso, en el caso de la revolución bolchevique, no tengo la menor duda de como Stalin se encargó, tempranamente, de cortarles las alas. La confinó dentro de una estructura basta y compleja, la nomenklatura soviética, conformada por incondicionales, una forma descompuesta de lealtad, controlando todas las actividades políticas y administrativas de la sociedad, pervirtiendo el socialismo hasta matarlo de tristeza (y es una forma suave de decirlo). Más grave aún para la esperanza socialista fue que la mayor parte de los marxistas del mundo guardaron silencio frente a eso. Es una de las grandes tragedias de la izquierda. Con China, a pesar de sus vaivenes (y los ha tenido), parece tratar de continuar, a su manera, con la construcción de los principios socialistas citados en el párrafo anterior. Sin embargo hay que tener presente que el tradicional velo que cubre ese enorme territorio de 56 etnias diferentes hace difícil una evaluación objetiva.

Es oportuno decir, sin pretensión de reclamo, que gobiernos como el del uruguayo Mujica, el de Lula en Brasil y el de Correa en Ecuador, no trataron de hacer esta transformación (ni parece proponérselo AMLO en México). Se trata sólo de gobiernos progresistas, sin muchas posibilidades de avanzar frente a la derecha siempre  dominante. Mientras en el caso de Evo, la ingenuidad indigenista lo tumbó. Pero me centraré, como me lo pidió el lector, en el caso ruso, chino y venezolano.

 

2.    ¿Dónde quedó la esencialidad socialista?

No es difícil entender cómo los regímenes que se reconocieron como socialistas, en medio de su atraso industrial, de la abierta agresión de las potencias capitalistas y las dificultades para construir una nueva manera de producir sin explotación,  hayan concluido que la expropiación de los medios de producción existentes y su operación por empresas estatales, donde los obreros trabajan para el Estado y los burócratas  del Partido los dirigen; era el modo de producción posible en las circunstancias de un socialismo aislado. Fue cuestión de tiempo convertir en engañosa parábola el asunto de  la propiedad colectiva de los medios de producción: “si el Estado es  dueño  de  los medios de producción, ellos son de todos sus ciudadanos”. En Venezuela tenemos su equivalente: “si PDVSA es una empresa nacional, es de todos los venezolanos”. En Rusia, los burócratas que eran gerentes en las empresas del Estado soviético, desplomado él, se apropiaron de ellas. En nuestro país la ficción quedó al descubierto cuando una banda de directores delincuenciales saquearon esa empresa y liquidaron su capacidad productiva sin que nadie les pusiera un para´o a tiempo. Y esto no ha ocurrido sólo en esa gran empresa. La milenaria cultura del tutelaje crea espejismos y para remate el usufructo del poder es incontinente. Por eso es necesario que los revolucionarios enfrenten tales desviaciones. Ese torcido evangelio explica el mal parido “segundo modo

de producción”, que apareció fugazmente en la Unión Soviética y también en la China de Mao. Me refiero a la colectivización a juro de los productores agrícolas (medianos y pequeños), arrastrados de las narices por sus respectivos partidos comunistas.

La clave para entender lo contradictorio de esta reticencia a imaginar como  posible, y en cualquier caso peligroso, la agrupación masiva, consciente y libre de grupos comunitarios, como germen de una nueva forma de producir, y no como expresión nostálgica de la vieja cultura rural; está en la incomprensión de la doble esencialidad socialista señalada por Marx. La primera: acabar con el trabajo enajenado, donde el producto del trabajo no pertenece al trabajador. La segunda: que para lograr el desarrollo del trabajo sin explotación es indispensable sustituir la competencia individual por el esfuerzo colectivo.

Ahora bien, entendiendo que en la atrasada y rural Rusia, se hacía comprensible escuchar a Lenin hablar de la necesidad de un largo periodo de desarrollo capitalista   para aprender de sus métodos de organización y producción, de ahí la NEP; habría que preguntarse por la forma que se adoptaría luego de atravesar este violento periodo de transición. Lenin parece haber respondido a ese requerimiento diciendo: “todavía no lo sabemos”. Según Moshé Lewin, él sabía que la muerte podía alcanzarlo repentinamente, en unos momentos en el que el país y el Partido se debatían en una situación extremadamente difícil, sin un claro programa de acción…(7). De ahí que lo convirtiera en su “ultimo combate”. Los sesenta y seis años transcurridos en la URSS, luego de su muerte, lejos de clarificar esto sirvió para cristalizarlo como fraudulento socialismo. Envejecido por la gris cotidianidad y agrietado por burócratas opresivos, se desplomó sólo.

El caso chino es diferente, una milenaria historia de rígida disciplina, pero también de continuidad de un pensamiento filosófico sustentado no en la contemplación sino en    la acción, junto a una convicción del derecho absoluto que tiene la gobernanza sobre su nación, permitió hace más de 2.200 años, unificar en un sólo Estado aquellos siete Estados Combatientes. Eso, tal como lo señala Sergio Rodríguez G. en su libro “China en el siglo XXI” (un valioso apoyo bibliográfico), echó las bases para la construcción de un Estado que aún hoy conserva elementos de la idea original de sus creadores…(8) Y tal historia se ha mantenido a lo largo de los últimos 70 años. Hablamos de una conducción continua, lúcida y persistente en la búsqueda del camino socialista apoyado en  un  Estado multiétnico pero centralizado, que se ha abierto con franqueza a tres formas diferentes de producción (9). De esta manera la disciplinada sociedad china se modernizó, disfrutando en los actuales momentos de un modesto pero amplio estado de bienestar, que entre muchas cosas produce envidia mundial. Pero insisto, frente a realidades poco accesibles, no es fácil saber, más allá de los que nos dice las declaraciones oficiales y  uno que otro estudioso desprejuiciado, si de alguna manera sigue existiendo en sus campos y aldeas los gobiernos comunales y el peso que ellos pudiera tener con sus

capacidades productivas. Lo que si es evidente es que apuntan al largo plazo. Pasemos ahora, en un punto y aparte, a hablar del caso nuestro.

 

3.   ¿Un limbo socialista?

No hay duda que Chávez, al concebir la Constitución Bolivariana, buscó con firmeza acabar con la saga de ejercicios demagógicos y de simulación creada por los anteriores gobernantes. Eso puso, tal vez sin proponérselo, la revolución en marcha. La fue perfilando durante su primera gestión hasta que consiguió su clave. Ella fue el cómo avanzar de la democracia tutelada hacia la participación protagónica, que hasta ese entonces era sólo un enunciado, es decir, como pasar a un Estado ampliamente de ciudadanos. Sometió esa clave a la decisión pública en el 2007 y asombrosa y fatalmente el Partido lo derrotó. Fue el primer sorprendido por la contradicción  partido-poder  popular, pero no se dejó desalentar. Empecinado luchador, buscó entonces que le aprobaran las leyes del poder popular, y lo logró. Inclusive trató en dos ocasiones (2009 y 2011) de reformar el vetusto Código de Comercio para incluir en él la propiedad colectiva comunal como una nueva forma de comercio, ¿Qué socialismo vamos nosotros a hacer con un Código de Comercio de esa calaña por decir lo menos..? (10). Y las dos veces, la Asamblea Nacional con mayoría roja, se lo engavetó. Pero él continuó. En la propuesta electoral para la reelección del 2012, señaló la urgencia de traspasar la barrera del no retorno. No hablaba de llegar al socialismo, sino de hacer irreversible el tránsito hacía él. Y dijo cómo: mediante la consolidación y expansión del poder popular a través de la misiones y grandes misiones socialistas y el autogobierno en poblaciones y territorios conformados en comunas…(11) Lamentablemente, ya no le quedaba tiempo.

A siete años de su muerte, se hace evidente para el que tenga ojos y oídos, cómo el rumbo trazado y defendido con pasión y obstinación por él, no se ha seguido. Lo que continua con las comunas es lo que Cabrujas llamaba la declaración ficcional por todo el cañón…(12) La línea estratégica del gobierno a partir del 2013 ha sido, y lo dice, “conservar la paz y ganar elecciones”, esto coloca la revolución en el limbo pues sobran las evidencias de que el capitalismo no dejará en paz ningún intento socialista. Por eso   se han afanado en un partido poderoso que convirtió la tradicional estructura piramidal   en un complejo organizacional masivo (RAAS, UBCh, CLAP, FFM y ahora eso que han llamado BRICOTP, que pretende convertir a los comuneros en mano de obra contratada individualmente por el Ministerio de Obras Públicas). Nada que ver con esas dos esencialidades que están en “negritas” en el punto 2. Y no estoy haciendo conjeturas, así lo dijo el Presidente: vamos a sumar 5.000 trabajadores y trabajadoras a labores habituales de mantenimiento, reparaciones y arreglos, así como de planes especiales…(13) Resulta abrumador congeniar dos modos de producción que no se complementan en un plan nacional. El sector privado de producción se resiste a controles y el estatal sólo funciona, y con medianía, en algunas industria estratégicas. Lo que existe realmente, por parte del empresariado privado, es la especulación procuradora de caos y de riqueza   mal habida y del lado gubernamental sólo objetivos tácticos: ganar elecciones, organizarse para la defensa y atender lo que llaman “las consideraciones materiales de

existencia del pueblo”, así sean con simulaciones productivas. Estos objetivos copan  todo el tiempo de los cuadros del Partido, desde los nacionales hasta los parroquiales. Los poderes populares territoriales autónomos que pudieran ser productivos, quedaron por su cuenta, como brotes silvestres. Mientras tanto y por si acaso…(14) el Partido continúa afanado en sustituir con su propio tejido a la sociedad real. Se deja afuera a una parte incuantificable de la gente sin que, necesariamente, sea opositora al régimen.

 

4.   ¿Cómo enfrentar la contradicción Partido-Poder Popular?

Lo primero es dejar claro que se trata de una contradicción en el seno del pueblo, entre nosotros, pues la contradicción principal es con el imperialismo. Insisto en esto porque es innegable que a las dificultades externas que conspiran contra la revolución  hay que agregarles las internas que la frenan. Todos los que estamos convencidos de  que el asunto medular para el avance al socialismo es el desarrollo de una poderosa forma de producción colectiva, tenemos que luchar para superar esa contradicción interna, dotando a esta forma de producción de la fuerza y la conciencia suficiente para que, junto a la producción estatal en las áreas estratégicas, procure contener a la fuerza empresarial privada que aún hoy, luego de 20 años de confrontación sigue hegemonizando el mercado, sin benevolencia ni controles que la refrene. A eso se refería Chávez cuando habló de la urgencia de traspasar la barrera del no retorno.

Al intensificarse, luego de su muerte, la guerra empresarial de aquí y de afuera, esta urgencia de la que él nos habló, pareciera que fue sustituida, sin decirlo, sin discutirlo, por el atrincherarnos dentro del Partido para defendernos de la agresión y,  claro está, poder mostrar masividad y capacidad movilizadora para la defensa y para lo electoral. Se dejó de lado, en medio de las severas carencias originadas por el bloqueo, y digámoslo también, por las abundantes incongruencias de los planes económicos, que la sobrevivencia electoral no pasa de ser una conjetura apoyada en las torpezas de la oposición. Eso explica que cuando el Partido habla de los objetivos estratégicos: “consolidar la unidad revolucionaria y alcanzar la hegemonía ideológica”, se está refiriendo al convencimiento firme de que el ejercicio de la democracia popular debe  darse en las diversas estructuras políticas creadas dentro de él.

Pues bien, hay suficientes evidencias de que Chávez no veía al Partido, al igual que Lenin en 1920, como el espacio de organización de la sociedad. Para ambos, sus aguerridos pelotones de cuadros ayudarían a formar tales organizaciones participando en ellas y estimulando su avance consciente. Esto decía Lenin sobre el Partido: Lo más característico para los partidos políticos obreros es justamente que sólo pueden abarcar a una minoría de su clase… Si esta minoría es realmente consciente, si sabe llevar tras de sí a las masas, si es capaz de dar respuesta a cada una de las cuestiones planteada en el orden del día, entonces esa minoría es, en esencia, el partido…(15) Y recordemos a Chávez en aquél “Aló Presidente Teórico I”: El consejo comunal no puede ser un apéndice del Partido, estaríamos matando al bebé, estaríamos produciendo un aborto.

¿Cuál es el bebé? Los consejos comunales. Ustedes no lo permitan. El Partido ayuda,

tiene que ayudar, el Partido impulsa, tiene que impulsar; el Partido forma cuadros. Los consejos comunales no pueden ser apéndices de las alcaldías, no pueden, no deben ser, no se dejen. Las comunas no pueden ser apéndice de las gobernaciones, ni del Ministerio de la Comuna, ni del presidente Chávez ni de nadie: son del pueblo, son creación de las masas, de ustedes…(16). Nada más contundente para demostrar que la unión de la producción con el control del territorio hace de esa escalera comunal venezolana una versión más integral que los soviets rusos. Ahora, tanto la vieja ortodoxia comunista   como la socialdemocracia centrista que se debate en el interior del gobierno venezolano en procura de protagonismo, deben entender que los consejos de trabajadores (al modo de aquella imagen de los carteles comunistas de los años veinte, donde un proletariado acerado y varonil dominaba en las fábricas), ya no son los estandartes de la revolución.  En el socialismo del siglo XXI, los estandartes los portan esas organizaciones activas de la sociedad, formada por hombres dispuestos y mujeres aguerridas que producen y controla el lugar donde trabajan y viven. El Partido se niega a entender que su papel en esa escalera democrática, participativa y protagónica, es decir socialista, es impulsarla buscando la articulación consciente y solidaria de esas organizaciones populares con los planes económicos y políticos del Estado que, a su vez, las asume como sus manos ejecutoras. Dependerá entonces del esfuerzo de los militantes del Partido, como vanguardia que son de la revolución, el activar estos espacios y orientarlos, no intentar controlarlos y menos fusionarlos a él. Por eso son exegéticas las últimas palabras de Chávez, Comunas o nada…

 

5.   ¿Cuál es la clave de la contradicción?

Entender la reticencia de las diversas dirigencias socialistas a cederle el poder a  la sociedad organizada, que es como debe ser la sociedad socialista, es la clave para comprender esta contradicción mencionada. Ella ha estado presente en todos los procesos revolucionarios ocurridos desde 1917. Y está presente en las convicciones íntimas de la intelectualidad marxista. Pero no es algo oculto, esta a la vista de todo los que quieran ver, y también escuchar.

Lenin, el 23 de diciembre de 1922, un año antes de su muerte, en el llamado “testamento”, le plantea al Partido realizar una serie de cambios en nuestro sistema político…(17) Si entendemos por sistema político un conjunto de convicciones, creencias, actitudes, instituciones, organizaciones y agentes que se sintonizan en determinada dirección para ejercer el funcionamiento normado de una nación ¿A qué se  refería cuando clamaba por cambios? Pareciera claro no estar el momento en el cual las organizaciones de la sociedad fueran el centro de su preocupación, y ni siquiera el Partido. Lenin pretendía curar el gigantismo y la segmentación gubernamental creando  un poder, masivamente controlado por los soviets, que asumiera el control central.

Lamentablemente lo proponía en un momento en el cual los soviets que, habiendo sido en los primeros años de la revolución el motor de ella, estaban siendo progresivamente desplazados de ese protagonismo. Había impactado mucho la

insurrección del soviet de Konstradt que termino en una masacre. Tanto que acarreó la decisión de liquidar su autonomía. Y si bien, aún con Lenin postrado, el Partido continuó con una dirección auténticamente colectiva, le quedaba claro a este dirigente que la confrontación de Stalin y Trotsky, luego de su muerte, acabaría con ese equipo. Y tuvo razón, ya conocemos de sobra como Stalin se “encargo” de aquellas preocupaciones de Lenin, y también cómo terminaron los gloriosos años de los soviets.

En China, como dijimos, el asunto fue diferente. En tiempos de Mao el papel de las comunas en el control del territorio y la producción fue un objetivo central. Y aunque, luego de su desaparición física, a las comunas se les “liberó” de la tarea de control territorial, para que se dedicaran con ahínco a la producción, que era una  gran necesidad; ahora, con Xi Jinping, pareciera que se rehabilitó este protagonismo de  control, por lo menos en lo discursivo (del que siempre habrá que desconfiar), dejando asentado, en las instrucciones que da al Partido, sus tres sistemas políticos: el sistema  de autonomía étnica regional, el de autogobierno en las instancias de base y el de consulta política del PCCh…(18). Ya veremos, de alguna manera, cuanto se aproxima el discurso a la realidad.

De todas maneras, tengamos presente que hay otro factor que conspira contra el poder colectivo que va más allá del peso específico que pueda tener en la producción. Esa Asamblea Nacional Comunal de la que he venido hablando lleva la contradicción partido-poder popular a la discusión más extrema: dirección de equipo o del líder.  El   culto a la personalidad avanza emparejado al tutelaje y es tan viejo como él. El tutelaje convierte a los líderes en imprescindibles, indistintamente que se apoyen en la fuerza represiva, en la electoral o en la asamblearia. Y esto que en socialismo debía ser un cuadro patológico evidente, ha terminado siendo una marca. El síndrome de los pronombres personales y posesivos ha ahogado sistemáticamente el trabajo de equipo.

 

6.    ¿Por qué la segmentación?

Hace años, cuando siendo profesor de diseño, revisaba los planos presentados  por los estudiantes como resolución a un determinado problema edilicio, les decía: no intenten explicar los dibujos, ellos hablan por si mismos, expliquen más bien el por qué  fue ese el camino adoptado. No hay aquí ninguna novedad, es un razonamiento grabado en el antiguo mármol de la escuela socrática. Lo usamos como una acertada manera, no de exponer los hechos, sino de entender la complejidad e incertidumbre que los envuelven. Traigo esto a cuento porque en días pasados me llegó un powerpoint que intenta describir lo que son y hacen los CPTT, es decir, los consejos productivos de trabajador@s. Esas asociaciones obreras tienen una vieja y honrosa historia revolucionaria: La unidad de la colmena y no la del cuartel, en el París de 1871…(19) Los soviets de 1917, como espacio vital de los bolcheviques, y las milicias obreras y campesinas, héroes de la España republicana. Es la historia del protagonismo popular. Es decir, el atávico esfuerzo de los explotad@s buscando asumir el control de su futuro. Por el contrario, el contenido de ese archivo mencionado era la representación gráfica del

respaldo metodológico a la ubicuidad tutelar. Valida la esquematización de los procesos  de formación revolucionaria. Se trata de la visión de aquellos técnicos que ven a la sociedad como sumatoria de individuos necesitados de conducción y experticias ordenadoras. Y lo hacen orgullosos, como si los planos de construcción fueran la construcción. En su desdén por la sociedad y sabiendo que su tarea no es de dirección, asumen que como expertos organizadores deben plantear en cuales casillas de tareas hay que meter a sus miembros. El sólo imaginar la vida cotidiana como una suma de esquemas organizacionales, es esquizofrénico.

De allí la desmesura de nomenclaturas que van sustituyéndose unas a las otras, todas diseñadas y puestas en usos por esa tecnocracia militante enquistada en el partido y en el gobierno que asume esa necedad como tarea central. Con esquemas así han armado una agobiante estructura partidista complejísimamente vertical. Bien lejos de la red horizontal, orgánica y autónoma de ciudadanos, unidos por la vecindad y una historia común, que protagonizan un proyecto de vida que busca revolucionar la sociedad. El tutelaje, en vez de facilitar el desarrollo de la conciencia de los trabajadores explotados, indispensable para ponerlos al frente de esa revolución, asume su administración con la la exasperante pretensión de mantenerla bajo su control so pena   de anarquía.

La constatación de este estado de cosas pudiera explicar la ralentización del esfuerzo revolucionario. Siendo así cabe preguntarse si lo que se busca es un objetivo más cercano y seguro. Eso que hemos llamado salida intermedia. Sin embargo, más allá de la inquietud, no voy a introducirme en el terreno de la especulación. Escojo mantenerme aferrado a aquellas, ya mencionadas, condiciones que convierten el adjetivo socialista en sustantivo. Plantearía entonces una última pregunta que, además de necesaria, apunta hacia los originales creadores de esta ralentización…

 

7.    ¿Por qué esta reticencia al poder popular?

No sólo la tecnocracia militante llegada de las academias, trajo a los partidos y gobiernos revolucionarios su incredulidad hacia el poder popular. La intelectualidad marxista que rodeó estos procesos, sin involucrarse mucho en la militancia activa, siempre ha traducido como poder popular al gobierno para la gente, no de la gente. Traten, los que me leen, de buscar en las publicaciones o conferencias desarrolladas por estos intelectuales, precisiones o afirmaciones, más allá de sus enunciados teóricos, que promuevan el ejercicio en serio del poder real en manos del pueblo llano.

He realizado esta búsqueda. Seguramente no ha abarcado el amplio y complejo mundo de los intelectuales de izquierda, pero, les aseguro que si lo intentan encontrarán un enorme vacío. Uno pudiera atribuirlo a la tragedia de la Comuna de París, a pesar de la honrosa excepción de Marx, cuando sorprendido por su alzamiento, no dudo en respaldarla exclamando: La Comuna debe ser, no una corporación parlamentaria, sino una corporación de trabajo, legislativa y ejecutiva al mismo tiempo…(20). Actuación que

llevó, cuarenta y seis años después, a Lenin a hablar sobre esta declaración de Marx: Es un tiro directo al corazón de los parlamentarios modernos y de los perritos falderos parlamentarios de la socialdemocracia…(21) Y dijo algo más dramático: Las conclusiones deducidas de la observación de la última gran revolución vivida por Marx fueron dadas al olvido precisamente al llegar el momento de las siguientes grandes revoluciones del proletariado…(22)

Estoy convencido que tras esta ausencia, asombrosa dada la racionalidad discursiva de los teóricos marxistas, subyace el legado de ideologías conservadoras y patriarcales que desprecian las capacidades del pueblo llano. El orden tutelar, como lo llama el peruano Nugent (23), obligó a los pueblos a ordenarse de una determinada manera para producir. Las cúpulas militar, sacerdotal, política y corporativa, montaron la división de clases y construyeron arrogantes y represivos aparatos de Estado para mantener el control sobre ese orden. Frente a esa realidad, los intelectuales de izquierda parece, imaginar ser ellos quienes pueden asumir, sin poner un pie en el campo de batalla, la vanguardia de la sociedad socialista. De ahí su vergonzante silencio sobre el protagonismo del poder popular. Y ese silencio se produce, en cada uno de los procesos revolucionarios que hemos estando analizando. No critican que el poder político real permanezca en manos de unos cuantos, sino que el sectarismo de esa compleja estructura haga muy difícil el acceso al Partido de gente “más preparada”. El nuevo   orden tutelar se ha conformado arrastrando, como patético lastre, el síndrome del viejo orden.

No voy a profundizar más. Aún confío que dentro del Partido pueda levantarse voces que, recordando aquélla carta de Fidel citada al principio de este documento,   alerte sobre la urgencia de que, los errores de los hombres y de las mujeres, que conducen la revolución, no impidan cambiar el curso de la historia. Seguro estoy que Fidel, al referirse a esto, estaba recordando aquél equipo de dirección bolchevique de diecisiete miembros llamado Sóviet de Comisarios del Pueblo (era un equipo porque trabajaba en equipo) que, luego de conformar valientemente el aparato estatal de toda la Rusia terminó por crear, en apenas cinco años, un archipiélago de comisiones gubernamentales (ciento veinticinco) donde se metió a toda la élite del Partido. Lenin, en su desespero por corregir esta hipertrofia burocrática, un mes antes de su muerte, logró que el equipo de gobierno le aprobaran una gran Comisión Central de  Control, constituida por cien personas, fundamentalmente obreros, que tendrían la misión de ordenar tal esperpento institucional (24). Sin embargo, una vez desaparecido Lenin, esa CCC, sin incorporar a ningún obrero, se convirtió en un cuerpo de “expertos” escogidos por Stalin, para que en su nombre vigilaran el Partido. Y todos conocemos la historia a partir de allí. Solos quedaron por el mundo los cantantes y los poetas bordando las hazañas de los pueblos. A ellos no les irrita integrarse al avance de los simples: Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me avientan la garganta…(25)

Notas

(1)    No hay nada nuevo, las intervenciones, políticas y militares de los gobiernos norteamericanos en numerosos países, dando como razón la defensa de sus intereses, es propio de una conducta pendenciera que ha hecho mucho daño a sus víctimas. De igual manera no hay ninguna necesidad de documentar la afirmación sobre su vinculación efectiva con Colombia para convertirla en portaaviones de control de los pueblos latinoamericanos y para convertir la producción, trafico y consumo de drogas, en roña descomponedora de aspiraciones dignas. La ONU ha dicho sistemáticamente que ese país vecino es el mayor productor de cocaína en el mundo y USA su mayor consumidor. Estas dos realidades significa la existencia entre ambas de una asociación para su tráfico y venta que, de alguna manera involucra, sea por incapacidad u omisión, a las autoridades de ambos países.

(2)     Carta enviada por Fidel Castro a Hugo Chávez el 4 de mayo del 2003.

(3)    Alfredo Maneiro. “Escritos de Filosofía y Política”, Fondo Editorial del MPPEE, Caracas, 2012. Fue uno de los líderes de la Juventud Comunista y comandante guerrillero en los años de la insurrección. Fundador de la original Causa R, la revolucionaria. Poco antes de morir prematuramente, en 1982, expresó lo citado (las mujeres hoy sabrán disculpar la omisión de la dualidad de género, que para entonces no era parte de la discusión).

(4)  Capítulo II “De la geometría del poder”, Reforma de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la información. 2007.

(5)  En la Rusia de Lenin era la asamblea de representantes de los sóviets nacionales y locales, llamada

Congreso de los Soviets, la que conformaba el máximo poder del estado soviético. Esa Asamblea designaba el poder ejecutivo, llamado Consejo de Comisarios del Pueblo o Sovnarkom.

(6)  A modo comparativo podemos ver que el Partido Comunista Chino declara tener 70 millones de inscritos, lo cual representaría el 5% de su población. Sin embargo en Venezuela el PSUV habla de 7 millones, es decir el 23% de la población.

(7)  Moshé Lewin. “El último combate de Lenin”, Editorial Lumen, Barcelona, 1970.

(8)  Sergio Rodríguez G. “China en el siglo XXI”. Monte Avila Editores, Caracas, 2019.

(9)En China (según datos recopilados en diferentes fuentes) la industria pesada y la energía, en razón de ser estratégicas, son del Estado. La industria ligera, es fundamentalmente parte privada y parte mixta (gobiernos provinciales y comunales). La producción agrícola y pecuaria es fundamentalmente comunal o familiar. Es bueno saber que el 40% de la población económica activa esta dedicada a ella.

(10)  Intervención de Hugo Chávez en el acto de juramentación como Presidente para el período 2007-2013. enero del 2007.

(11)  Propuesta para la Gestión Bolivariana Socialista 20013-2019. Comando de Campaña Carabobo, 2012.

(12)  José Ignacio Cabrujas, entrevista realizada por el equipo de la revista Estado & Reforma, 1987.

(13)  Punto de cuenta al Presidente para la conformación de 500 Brigadas Comunales de Trabajo y Producción (BRICOTP). 15/4/20.

(14)  José Ignacio Cabrujas, entrevista realizada por el equipo de la revista Estado & Reforma, 1987.

(15)  V. I. Lenin. Discurso sobre el papel del Partido Comunista. 23 de julio de 1920.

(16)  Aló Presidente Teórico I. Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información. Caracas 2009.

(17)  V.I. Lenin. “Carta al Congreso”. Cuadernos Pasado y Presente, Argentina, 1974.

(18)  Xi Jinping. “La gobernación y administración de China”, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 2018.

(19) Prorper Olivier Lissagaray. “Historia de la Comuna de París”, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana. 2001.

(20)  Citado por Lenin en “El Estado y la revolución”, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1968.

(21)  V. I. Lenin. El Estado y la revolución, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1968.

(22)  Ibid

(23)  Guillermo Nugent. “El orden tutelar” sobre las formas de autoridad en América Latina, CLACSO, Lima (2010)

(24)  Ver capítulo IX de “El último combate de Lenin”, Moshé Lewin. Editorial Lumen, Barcelona, 1970.(20)

(25)  Miguel Hernandez. “Poesía de la Guerra Civil Española”, Ediciones Akal SA. Madrid 1994.

 

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