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Jesús Alexis González: El sistema educativo hacia una nueva normalidad

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El Sistema Educativo tradicional vigente en la sociedad a nivel mundial, se sustenta en la acumulación de conocimientos prácticos y técnicos en torno a una Escuela desligada del mundo real, al punto de estar en una situación de crisis permanente principalmente motivado por una ausencia de objetivos claros, e igualmente inducida por otros muchos factores tales como: no toma en cuenta la capacidad e intereses del estudiante; no motiva a los alumnos ni desarrolla su curiosidad por aprender; los docentes utilizan el libro de texto casi como único recurso; falta de exigencia al educando; mínimos incentivos para el docente no siendo valorado debidamente; estimulo al apunte como estrategia de estudio; método de evaluación para momentos puntuales; y un largo etcétera.

Vale resaltar, que la dinámica de los cambios sociales no ha venido acompañada del obligante cambio estructural en el campo educativo, muy especialmente en lo atinente a la búsqueda de personas creativas con capacidad de adaptarse a nuevas situaciones; ante la presencia de un sistema educativo que no ha cambiado desde el ¡siglo XIX!, momento cuando se instauró el “modelo” donde el docente es quien habla mientras los alumnos procuran tomar apuntes en aras de “prepararse” para rendir examen, luego de lo cual “olvidan todo” en un contexto donde el objetivo del estudiante es aprobar exámenes y obtener “buenas calificaciones” aun a costa de soslayar y sacrificar su creatividad.

Es una manifiesta obviedad que el mundo está cambiando minuto a minuto, mientras que la educación apenas ha evolucionado al extremo que los entornos de aprendizaje continúan asignando mayor relevancia a los planes de estudio diseñados mediante una separación de asignaturas, horarios de clases, pupitres, pizarrón, tiza, y el libro de texto como recurso didáctico exclusivo en pro de imponer una visión del mundo.

A pesar del escenario brevemente mencionado, la familia en general y los estudiantes en lo particular, expresan una gran “preocupación” en relación a ¡cuándo retornará la normalidad (?) al proceso educativo para regresar a clases!, a pesar de ni siquiera haberse evaluado los retos y deficiencias que están quedando al “descubierto” durante la

pandemia, que evidencia una crisis sistémica de la educación; es decir que el proceso educativo en su conjunto ha colapsado por incapacidad y/o por falta de ideas e instrumentos para resolver los problemas causados por su propia dinámica; dentro de los cuales destaca la falta de disposición para iniciar definitivamente la transición del antiguo modelo presencial a otro modelo mixto (presencial/a distancia) en sus distintos niveles y modalidades, basado en las innovaciones tecnológicas que ofrecen una inmensa oportunidad para revolucionar los modelos educativos hasta separarlos de la indeseable estandarización en favor de una personalización que estimule los talentos individuales en el marco de un proceso de enseñanza-aprendizaje que transite hacia la educación online y virtual, sin que ello implique la “desaparición física del docente”; pero si del “modelo” del maestro o profesor hablando, y un estudiante oyendo a la luz de un sistema de enseñanza que no garantiza el aprendizaje.

Es por demás evidente, la presencia de una inercia educativa que mantiene al sistema en permanente reposo relativo, habida cuenta de no recibir desde fuera de su seno una fuerza dinamizadora. Tal inercia convertida en crisis, está reflejada por una escuela alejada de los cambios donde confluyen distintos elementos como: A.- Ausencia de visión de dónde está y hacia dónde aspira ir; B.- Mera transmisora de conocimientos sustentado en un curriculum que enfatiza en una evaluación memorística; C.- Resistencia o miedo al cambio que dificulta o está impidiendo incorporar las denominadas nuevas tecnologías bajo la figura de TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación); D,- No alineada con un proyecto concreto para su transformación, en aras de abrir espacio al aprendizaje electrónico que de igual modo puede conservar las categorías características del aprendizaje presencial en cuanto a lo sincrónico (contacto directo e instantáneo docente-alumno) mediante distintas herramientas como videoconferencias, chat, mensajería, entre otros; y lo asincrónico (contacto indirecto desplazado en el tiempo y espacio) a través de la web, email, y mas; lo cual facilita que el educando pueda ir a su ritmo; E.- Ausencia de un proyecto pedagógico en favor de un cambio profundo (no es solo un tema técnico) definido en pro de romper con la monotonía en favor de una nueva cultura educativa; F.- Falta de liderazgo, tanto interno como externo, para explicar que la actual estructura educativa no funcionará en la “nueva normalidad”, en el entendido que se tiene mas de cuarenta años afirmando que “no se puede cambiar de un día para otro”.

 

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