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Enrique Meléndez: Mano militar en la gasolina

 

Uno de los temas de mayor tabú en Venezuela hasta ahora había sido, por excelencia, el relativo a los ajustes en el precio de la gasolina, y que condujo a que el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez arrancara con plomo en el ala, como diría un criollo; puesto que un aumento de 0,25 céntimos sobre el que privaba por aquel entonces supuso esa explosión social, que se conoció como “El Caracazo” un 27 de febrero del año 1989; que tuvo su origen en Guarenas, pero que repercutió a nivel nacional; sólo que el epicentro del fenómeno se registró en la capital de la República, sobre todo, porque fue seguido por los medios televisivos, en el sentido de que las acciones de saqueo a todos los establecimientos comerciales; que en eso se basó dicho accionar, eran presentadas ante la masa de espectadores, y lo cual incitaba más a la gente a salir a las calles a hacer lo mismo, tanto más un pueblo obnubilado por una conciencia, que ve en el vandalismo de este tipo una forma protesta, y de allí el que un sujeto como Hugo Chávez le diera ese carácter de sacudón social; para entonces proclamar que el 4 de febrero; cuando entonces intentó una asonada en contra del gobierno legítimo de Carlos Andrés Pérez, era hijo de ese 27 de febrero, y se inicia en Guarenas en virtud de que esa alza en el precio de la gasolina va a incidir en el precio del pasaje del transporte que aumenta vertiginosamente, sobre todo, porque estamos en una zona extraurbana; lo que significa un importe mayor para el usuario, que se ha de trasladar a Caracas; coincidiendo, además, con el hecho de que en esa ciudad se ha declarado una huelga de policías; que reclaman mejoras salariales, y de modo que no hay como detener la protesta que se prende de inmediato; lo que no deja de ser percibido por los medios de comunicación que comienzan a seguir de cerca el episodio: repercute en Caracas, decíamos, y así que tenemos un 27 de febrero devastador, para continuar al día siguiente en la misma faena, y no es sino al mediodía de ese 28, cuando el gobierno de Pérez toma cartas en el asunto. Se decreta un toque de queda de inmediato; sólo que demasiado tarde, con respecto a lo que ha sucedido: todo el sector terciario de la economía saqueado, y mientras la Venezuela vandálica se dedicaba a rumbear; la otra Venezuela se declaraba en duelo; porque como se ha dicho más de una vez, y lo hemos sostenido nosotros a lo largo de los años, cuando nos hemos referido a este asunto, el famoso “Caracazo” no fue sino una acción inconsciente de unos venezolanos en contra de otros, aunque ya esa es harina de otro costal.

El hecho cierto es que desde entonces el tema del aumento del precio de la gasolina, como decíamos, pasó a ser tabú; lo que implicó que aquel programa de ajuste económico, con el cual se iniciaba dicho gobierno de Pérez tuviera que ser alterado; puesto que se partía de un cronograma de aumentos de 0,25 céntimos cada cierto tiempo en dicho precio, a objeto de comenzar a solucionar el problema del subsidio que, hasta entonces, gozaba el comercio del combustible; lo cual era muy razonable para una economía; que se proyectaba libre de toda injerencia estatal; al tiempo que se pensaban invertir los recursos que se obtuvieran por vía del excedente, que iba a dejar ese aumento, en mejoras de la vialidad, sobre todo, rural,  que tenía que ver con la producción del campo; con lo que se garantizaba eso que se conoce como la seguridad alimentaria; de modo que a larga esto va a generar una de las grandes distorsiones, que vamos a ver en nuestra economía; como consecuencia de esa condición de tabú, que tendrá el tema de marras; signada por el hecho de que una botellita de agua valga más que un litro gasolina, y que será el argumento que saque a relucir el gobierno de Rafael Caldera, una vez concluido el período gubernamental de Pérez, cuando le toque encarar la problemática de dicho aumento, a los fines de condicionar a la opinión pública en torno al asunto mediante una campaña publicitaria, y es así como vemos que de 0,58 céntimos, que costaba hacia el mediodía de la década de 1990, el combustible pasa a valer 0,85 céntimos, luego de varios intentos por parte de dicho gobierno de adoptar esta medida.

Y no es sino durante el gobierno Nicolás Maduro cuando se produzca ese ligero ajuste, que elevará el precio a 0,95 céntimos; manteniéndose ese criterio tabú, producto del fantasma de la explosión social; en especial, porque se pensaba que todo aumento en el combustible traía consigo una escalada en la espiral inflacionaria; por lo que llega un momento, el cual prácticamente el combustible se regala, y es cuando empieza a ser un gran negocio el contrabando del mismo, tanto por la frontera marítima, como por la frontera terrestre; pero lo peor del caso es que a Venezuela se le transforma en una madre, a la que se desangra; pero a la que nadie se lo agradece, en el sentido de que en esa misma medida se van deteriorando nuestras refinerías. No hay recursos para su mantenimiento, y que es lo que explica que al día de hoy tengamos un país con las mayores reservas petroleras del mundo, pero que no produce ni un litro de gasolina; puesto que la que se consume en este momento, no es sino importada, y cuyo precio, después de ser el más barato del mundo; ahora ha pasado a ser el más caro; teniendo presente que su comercio ha sido monopolizado por los más oscuros intereses, que se apoderan de los centros de distribución, amparándose en la condición de militares; que están allí para imponer orden, sólo que un orden basado en el chantaje y la extorsión; de manera que para poder llenar el tanque de un automóvil se exige determinada cantidad en dólares; habiendo hecho el usuario una cola en los alrededores de las estaciones de servicio hasta de días, y de allí el que se diga que dicho comercio no es que ha sido privatizado en este instante, sino militarizado, sin que el Estado perciba ni siquiera un céntimo.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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