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Antonio Urdaneta Aguirre: El coronachino

 

Desde el primer momento en que se difundió la noticia sobre el nuevo coronavirus, algunas voces autorizadas del mundo científico alertaron a la humanidad, en cuanto al peligro que dicho virus representa. Se repitió con mucha insistencia que el gobierno chino había ocultado información vital al respecto, lo cual habría de contribuir a la propagación de lo que todavía era una epidemia local. Y hasta se hicieron afirmaciones que el virus tuvo origen en un laboratorio.

Lo cierto es que el mal se extendió, permeó las fronteras del coloso asiático y ahora el mundo sufre una de las pandemias que más estragos ha causado en los últimos cien años. Los infectados ya se cuentan en millones, los muertos en varios cientos de miles y la debacle económica mundial es hoy una amenaza en proceso de materialización. Incluso, a estas alturas de la aparición del COVID-19, así denominada la enfermedad que causa el “coronachino” por la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay países donde la gente teme que la patología en cuestión coloque la situación en un tétrico dilema: o los seres humanos son víctimas de la pandemia, o se mueren de hambre.

Por supuesto, los países que tienen una economía sólida y bien diversificada, probablemente experimenten un significativo descenso en su producto interno, pero aún así podrán enfrentar la crisis y sobrevivir con posibilidades de recuperación. Sucede todo lo contrario en buena parte del tercer mundo, donde las economías son débiles y, en muchos casos, monoproductoras. Y peor aún ocurriría en países como Venezuela, dado que el modelo económico actual ha conducido a la ruina nacional, a pesar de que sus ingresos, en las últimas dos décadas fueron superiores a los que manejaron todos los gobiernos desde 1831 hasta 1998. ¡Quiera Dios que los efectos de la pandemia en Venezuela, sean relativamente benignos!

Visto ya el panorama tan dramático que ha ocasionado el COVID-19, corresponde ahora seguir ahondando en la responsabilidad que recae sobre China, dado que sobre la culpabilidad de su gobierno se tejen muchos comentarios que se confunden fácilmente con la realidad. Sigue la duda si el virus es producto de un experimento con fines bélicos. Sin embargo, en caso de que esta posibilidad sea apenas un supuesto malintencionado, es obvio que el retardo en la información hoy tiene un nombre específico: COVID-19. ¡La humanidad tendrá que cobrarle a China los muertos que sumará el virus y los daños que dejará la recesión económica del mundo!

Educador – Escritor

urdaneta.antonio@gmail.com

@UrdanetaAguirre

 

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