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Earle Herrera: Trump beatificado

 

El contratista Guaidó –lo afirma su negado socio, Cliver Alcalá- podría autoproclamarse santo aprovechando la inminente beatificación de José Gregorio. No lo pierdan de vista. La oposición golpista encontró por fin el novelista de su epopeya: el corresponsal de la Associated Press, Joshua Goodman. El “reportaje” que escribiera sobre la “operación Gedeón”, destinada al asesinato del presidente Maduro, es una mezcla de la novela de Vargas Llosa,  La guerra del fin del mundo, con  “EL derecho de Nacer” y  algo de Lassie.

Antes de entrar en el cuerpo narrativo de la cosa, debo acotar que entrecomillo  la palabra reportaje por el respeto y la pasión que siento por el género. Lo cultivé como periodista y lo enseñé durante casi tres décadas en la Universidad Central de Venezuela, la casa de mis invenciones y creaciones. Mi primer libro publicado (y tesis de pregrado) fue un reportaje interpretativo. Y el segundo,  un estudio sobre esta categoría periodística. Por eso las comillas para el corsario de la AP.

Pero este hijastro de Clark Kent hace bien su oficio de lo que Herbert Schiller llamó “manipuladores de cerebros”. Estados Unidos tiene un ejército de estos boinas verdes de la información  y las agencias de noticias son su West Point o academia de formación. El texto de Goodman recuerda la radionovela “El Derecho de Nacer” porque, al referirse a los inocentes gobiernos de  EEUU y Colombia, casi nos hace llorar. Ni la casa Blanca ni el Palacio de Nariño sabían nada (ni saben todavía) de la conspiración para matar al presidente Maduro.

En cuanto a La guerra del fin del mundo, los mercenarios del relato de Goodman recuerdan al ejército de zarrapastrosos que arrejuntó Antonio Concelheiro, el “mesías” y “beatito” de esa novela. Resulta, según Goodman, que los 300 mercenarios que vencerían a la FANB deslucían desnutridos, enfermos y entrenaban con palos de escoba. Y aquí viene lo de la perra Lassie: los 8  pastores belgas que adquirieron los golpistas, estaban tan hambrientos y huesudos que hubo que darlos en adopción.   Todo este desolador cuadro, unido a la inocencia en la conspiración de Trump y su lacayo  Duque, más la santidad del autoproclamado del Guaire, hacen del texto de AP un río de lágrimas que ni Oscar D’León  cuando nos relata su pre adolescencia.

 

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