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César Malavé: Invasión mercenaria contra la democracia

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Con la frase de Jóvito Villalba, “Votos sí balas no”, se inicia la campaña electoral de la victoria electoral de Raúl Leoni y AD adjetivado, como AD/gobierno. Con una tarjeta negra y con el slogan “Por la blanca vota negro”. Un raro AD/ oposición se perdió en la nada, y el tercero, el ADI, se había convertido en el MIR, y son los protagonistas de esta historia. De sus miembros en armas, Domingo Alberto Rangel y Simón Sáez Mérida, sugerían dejar la lucha armada. El PCV, lo había decidido, aunque los extremistas seguían en la idea de los ex adecos más jóvenes. En su “infantilismo político” no intuían que eran peones del gorila que gobernaba a Cuba, y que ya tenía sus planes imperiales. Los noveles cubanófilos; ex adecos juveniles; Moisés Moleiro, Héctor Pérez Marcano, Américo Silva y Eduardo Ortiz Bucarán,  jugaron en el tablero del sátrapa cubano. Brillantemente entrenados; jugosamente apertrechados, guerrerista y dinerariamente; le apostaron a la invasión.  Salen de Cuba el tres de mayo, a las seis de la mañana. Completan el octeto mercenario, los cubanos  Raúl Menéndez Tomassevich, Ulises Rosales del Toro; Silvio García Plana y el médico de la misión, Harley Borges. Fidel tenía su juego de ajedrez expansionista y saqueador bien planificado. Si todo salía según sus cálculos, la política guerrillera foquista en Venezuela pondría en Jaque Mate a la reinaugurada, pero aún muy incipiente democracia.

Había logrado introducir,  un año antes, el 18 de julio, por  Falcón, a catorce otros combatientes de elite del ejército “revolucionario” cubano, al mando del entonces capitán Arnaldo Ochoa Sánchez, junto a Luben Petkoff, quienes se unieron al grupo dirigido por Douglas Bravo. Dos focos en sitios absolutamente diferentes, harían el daño calculado por el gorila cubano, al tiempo que dan una idea de lo que siempre significó Venezuela y sus riquezas para Fidel Castro. La invasión se verifica con éxito, aunque con ciertos percances, que torcerían los macabros planes de Fidel. Los destinados a unirse en el “Bachiller” con Fernando Soto Rojas, el 8 de mayo de 1967 tocan tierra y comienzan a subir montaña arriba. Notifican de su “gloria” a los mercenarios  del barco invasor disfrazado de pesquero, que regresaba a Cuba llenos de contento. Mientras los ocho facciosos se alejaban de la costa, entre los cocotales, en dirección a la montaña, en el mar, el cable que unía ambos botes se enredó en un arrecife y terminó rompiéndose. El oleaje voltea la lancha con todo y tripulantes, y los desvía hasta Machurucuto.  Buscan esconder armas y chalecos; y en ese ínterin; misteriosamente desaparece uno de los cubanos apodados “Pico”. De acuerdo al ex compañero y paisano, Héctor Pérez Marcano, era un tripe espía. En efecto la invasión, mercenaria de ayer,  estaba picada desde un principio.  Un barco de la Marina divisa al presunto barco pesquero cubano, pero no lo aborda. Esperaban otro tipo de nave. No obstante su presencia alerta a los habitantes de esa costa.

De esta manera, el fidelista desembarco invasor, en el Cocal de los Muertos, terminó bautizado para la historia como la ” invasión de Machurucuto”. Las modernas herramientas de guerra delatan a los encallados en el sitio no indicado. Los chalecos, obtenidos por infiltración del G-2 cubano en la CIA, brillan; semejan cajas negras de aviones siniestrados. Los pobladores se asustan y las fuerzas armadas venezolanas se activa. Eran formadas para la defensa patria, nunca para la expoliación. Siguiendo las instrucciones del Presidente Raúl Leoni rastrean la zona costera, no hay batalla, la historia no puede ser distorsionada, un mercenario Antonio Briones Montoto, se resiste y cae muerto. Los otros dos, ya han usado sus dólares y bolívares para buscar comprar ropas y evadir la persecución militar. Están a punto, cuando son detenidos el 11 de mayo en la madrugada. Su acento cubano fue su perdición. Poco después el Gobierno de Venezuela dio una rueda de prensa denunciando una agresión cubana contra Venezuela y mostrando a los dos militares cubanos capturados, Manuel Gil Castellanos y Pedro Cabrera Torres. Cuba fue denunciada ante la OEA por Venezuela. Cuba no reconoció su acción a pesar de que las AK 47 en posesión de los guerrilleros poseían seriales de armas vendidas por la República Checa a Cuba.

¿Quién iba a pensar que la incursión, frustrada por la acción de nuestras fuerzas armadas y la decisión y el coraje de nuestra clase política, tendría éxito cuarenta años después, sin disparar un solo tiro y sin poner un solo hombre en las playas venezolanas? Sólo bastó un documento firmado y, todos no muy tranquilos, pero ricos y todavía contentos. Entre tanto, 53 años después y en pandemia, el pueblo sin electricidad, gasolina, transporte, seguridad, agua, comida, medicinas y, aparentemente sin futuro vive otra invasión.  Aún no estamos muertos, todos, pero estamos de regreso al “Cocal”, en la versión cubana, con protagonistas gringos.

@cesarmalave53

 

 

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