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Jesús Alberto Castillo: Pandemia y periodismo

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Desde que las autoridades dictaron la cuarentena forzada, los venezolanos estamos a merced de un velo informativo. El discurso oficial se limita a señalar cifras moderadas de contagiados y acusar a sectores adversos de boicotear la política profiláctica. Los hermanos Rodríguez- no el famoso trío- son la voz cantante de un círculo mediático que, de vez en cuando, se adorna de un lenguaje estadístico: curva plana, crecimiento exponencial, probabilidad de eventos, entre otros. Todo suena tan excelso al oído que termina convenciendo a incautos en un modelo cada vez más autoritario.

El libreto se perfecciona para robustecer la hegemonía de un régimen que aprovecha cada espacio del Covid-19 y pone a prueba su sofisticado laboratorio social al estilo Pavlov, es decir,  orientado al reflejo condicionado para seguir controlando a los sectores más vulnerables de la población. Parte de la estrategia mediática oficial se centra en echar la culpa a otros para que la gente termine aceptando que todo el sistema de salud es bueno y el régimen se preocupa por los venezolanos.

Por eso escuchamos a sus voceros principales tirar los dardos en dos direcciones. A nivel interno, acusar a los gobernadores opositores de boicotear las medidas profilácticas y, externamente, de comparar las tasas de contagio en Estados Unidos, Colombia, Brasil y Ecuador. Un plan perfecto que ha servido para ocultar las fallas de un régimen que ha convertido a los venezolanos en una masa de miserables y pordioseros, mientras lo que pululan en el poder se hacen más ricos y permiten la presencia de gobiernos foráneos, terroristas, narcotraficantes y guerrilleros en nuestro territorio.

Igualmente, el régimen ha procurado venderle al país que cuenta con una red digital eficiente para hacerle frente a las embestidas del virus y de otras patologías, verbigracia, la plataforma patria que, en la práctica, es una vía de control informativo de los hogares venezolanos. Una estrategia muy bien diseñada, propia de los regímenes totalitarios en tiempos de tecnología informativa. Sin embargo, la gente de a pie sigue vulnerable, no cuenta con los medicamentos necesarios y hace milagros para comprarlos a precios exorbitantes.

Ahora bien, uno de los aspectos que más llama la atención es el cacareado discurso oficial de que el recién aumento de contagiados obedece a venezolanos que han regresado de los países vecinos, ante la xenofobia reinante. Por supuesto, que hay algo de verdad en eso. Pero hay dos elementos que el régimen intenta evadir. En primer lugar, que nadie desea irse de su país por simple capricho o moda, sino por escapar del hambre, la inseguridad y malas condiciones de vida. Y eso lo ha propiciado el régimen en más de dos décadas de dominio.

En segundo lugar, los gobiernos de Colombia, Brasil y Ecuador, por decir algunos que no comulgan con el régimen venezolano, no fueron los que propiciaron la propagación del virus. Toda la comunidad científica está clara que el epicentro del Covid 19 es Wuhan, una provincia de China y que el gobierno de Pekin, controlado por el Partido Comunista, tomó muy tarde la medida de cuarentena, lo cual pudo evitar la propagación del virus al resto del planeta. Claro, la intención del régimen venezolano es culpar a Duque, Bolsonaro y Moreno, mientras le lava la cara al gobierno chino con las ayudas que ha recibido de este último en medicamentos y asesoría sanitaria. Pero la cuestión no se queda allí. El régimen ataca sin piedad a los medios de comunicación y periodistas. No quiere que salgan a la luz diversos hechos que comprometen su responsabilidad

En lo que va de cuarentena, el Colegio Nacional de Periodistas y el Sindicato de los Trabajadores de la Prensa han reportado más de 30 casos de reporteros heridos en la cobertura de hechos. El régimen maltrata, persigue, atropella e intimida a intrépidos comuicadores que tratan de desmontar el velo mediático sobre la pandemia y otros temas de interés público. Habría que preguntarse ¿Son ciertas la cifras de contagiados por el Covid-19? ¿Qué hay detrás del reciente motín en la Cárcel de Los Llanos y de la supuesta invasión naval en La Guaira, cuyos saldos han traído más muerte de venezolanos? ¿A qué obedeció la designación de Tareck El Aissami como Ministro de Petróleo? ¿Es cierto que se intenta privatizar la industria petrolera? ¿Qué trajeron y llevaron los aviones iraníes que aterrizaron en Punto Fijo? ¿Quiénes integran los carteles de droga en Paraguaná y el oriente venezolano? ¿Cuántas protestas se han registrado por hambre en Venezuela?

Son preguntas que necesitan respuestas a los ojos de los venezolanos. La labor de la prensa es escudriñar y mantener informada a la población de todo lo que acontece a su alrededor, incluso de los hechos que son maquillados por el régimen. Como periodistas tenemos el ineludible compromiso de investigar, consultar las fuentes y llevar la verdad a los ciudadanos. Es nuestro juramento profesional y debemos asumir los riesgos de tan hermosa, pero peligrosa labor. Nos debemos a la verdad, a la democracia y al pueblo, aunque tengamos que ser perseguidos y atacados por quienes condenan a la miseria y la ignorancia. Los periodistas seguimos con nuestra valiente labor de llevar luz en este tenebroso túnel de inescrupulosos sujetos aferrados al poder. Es posible que seamos satanizados por este artículo. Estamos preparados ante eso. Nos complace que la gente abra los ojos y descubra quiénes son los verdaderos carceleros de la sociedad venezolana.

 

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