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César Malavé: La clase trabajadora venezolana

 

Cada primero de mayo surge la necesidad de recordar las el cronicón de hechos que nos trajo a plasmar en la historia esta fecha.  Partiendo desde las luchas por siglos que se acrecentaron en la Europa del siglo XIX hasta la sangrienta crueldad de Chicago, que introdujo los cambios, en el mismo instante en que los oscuros y tenebrosos túneles de las minas y las aplastantes galeras de las fábricas esclavizantes se transformaron en manantial, donde comenzaron a abrevar,  nuevas ideas. Propicia la ocasión, para inmortalizar la importancia de la Iglesia Católica al reconocer los cambios con esperanzadora y reivindicativa Encíclica extraordinaria De Rerum Novarum del Papa León XIII. Por cierto base fundamental para la creación de la internacional socialcristiana.

Hoy en Venezuela, un país con una historia de desarrollo laboral única, recordamos la gesta y nuestras luchas ancestrales, que contiene en sus anales históricos un desarrollo obrero de dimensiones extraordinarias. Los cambios surgieron en todo el territorio a comienzos del siglo XX, pero se organizaron con sorprendente rigor en el magisterio liderizado por Luis Beltrán prieto y Miguel Suniaga Figueroa, en 1931, y en  la industria petrolera, por Augusto Malavé Villalba y Valmore Rodríguez en 1933. Allí empezaron los sindicatos que, en Venezuela, más que revoltosos y gritones, han sido pensadores, analistas y andragogos.

El movimiento trabajador venezolano ha estado durante décadas en todos los sectores de la vida nacional. Fueron protagonistas de la dura y heroica resistencia clandestina contra tiranías, tanto como fundadores de partidos políticos, mortero inteligente de la democracia. Trabajadores y auténticos gerentes del sindicalismo anarquista, comunista, socialista, cristiano, coincidentes todos en la defensa del país, de los derechos y también deberes de los trabajadores. Como buenos maestros de la educación andragógica, entendieron  la necesidad de construir  la democracia como portentosa fábrica de dignidad social y prosperidad económica. Los trabajadores y sindicalistas venezolanos no necesitan ejemplos, ellos son ejemplos para los partidos, los gremios, el Gobierno y el mundo. Por eso hoy nuestro saludo, nuestra palabra de reconocimiento y estímulo, no va hacia abstracciones teóricas. Va a los trabajadores venezolanos que han hecho y siguen haciendo historia. Hoy  en resistencia, en la búsqueda imperiosa de la renovación y la esperanza. Salir de esta pesadilla y volver diseminar a lo largo y ancho de la patria la forma y modo de reconstruir  la ideal fábrica para el logro de desarrollo y prosperidad; la más fértil de la tierra para que germine y florezca la libertad; el mejor centro hospitalario para extirpar la plaga y mala hierba del autoritarismo y el mejor salón de clases para irradiar cátedras de dignidad y civilidad: La Democracia.

@cesarmalave53

 

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