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Pedro Parra Fernández: Juan Pablo Pérez Alfonso; Recuento de sus avatares

 

Cuando muere un personaje como Juan Pablo Pérez Alfonzo se siente su ausencia y se percibe su partida, y eso fue lo que sintió y percibió el pueblo venezolano, cuando el 3 de septiembre de 1979, muriese, rindiéndole un ferviente homenaje porque había reconocido en él a un hombre superior, que, con voz libre defendía sus derechos políticos y económicos, que vislumbraba un futuro posible si se cuidaba a la infancia, se la protegía y educaba, si se daba trabajo y mejores condiciones de vida a todos y, en especial, a la población marginada. Fue una de las mayores autoridades en política petrolera en su tiempo y el más obstinado defensor de los intereses Venezuela en relación con esta riqueza.

Defendió con obstinada resistencia la aplicación de métodos modernos para nuestra agricultura, en su famosa Memoria del Ministerio de Fomento de 1947; definió los objetivos inmediatos de la política económica e igualmente los principios generales de la política petrolera para ese entonces.

Asimismo, su pensamiento se mantuvo coherente y sobre una misma línea a lo largo de los años y cuando fue Ministro de Minas e Hidrocarburos para el año 1960 concretó estos principios en lo que denominó “El Pentágono Petrolero”, basado en los siguientes puntos:

  1. No más Concesiones.
  2. Participación razonable.
  3. Corporación Venezolana de Petróleo.
  4. Comisión Coordinadora de la Conservación y el Comercio de Hidrocarburos. (CCCCH).
  5. La creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Bajo las estrategias del “Pentágono Petrolero”, Venezuela navegaba hacia la Nacionalización.

Este venezolano de excepción, fue, en algunas facetas de su vida, sobre todo cuando se retiró de todas estas actividades, tildado hasta de loco porque reclamaba la necesidad de disminuir la producción petrolera para evitar la intoxicación de dólares, que conducían directamente al despilfarro, la corrupción y el endeudamiento de las generaciones futuras, como lo dijo a muchos periodistas y lo recoge con estas mismas palabras José Egidio Rodríguez en una entrevista en el año 1975.

Criticó severamente la política petrolera de los Presidentes Leoni, Caldera y Pérez, a quienes distinguía y tenía respeto, porque no controlaron y redujeron la producción petrolera en sus administraciones. Hoy por hoy, se comprueba la profundidad de su pensamiento y su penetración visionaria sobre el presente que vivió, el cual analizaba y desnudaba con rudeza, y sobre el futuro desolado que estamos viviendo, donde se han hecho realidades sus predicciones.

¿Cómo puede ser la riqueza natural de un país perpetúe la pobreza de la mayoría de sus habitantes?

Debido a un fenómeno conocido como “La maldición de los recursos naturales»”; es como una enfermedad adictiva: “le quita a la víctima la voluntad de curarse”. Los efectos son perversos para la población más pobre, no para las élites que se benefician de la situación. Fue precisamente este ilustre venezolano Juan Pablo Pérez Alfonzo, quién llamó la atención sobre lo que pasaría, y, señaló: “El petróleo no es oro negro; es el excremento del diablo”.

Sí, hoy en día el petróleo es cada vez más aceptado como un agente activo de la economía, como un elemento integral y orgánico de la sociedad. Eso sí, tenemos y debemos que utilizar los aciertos y desaciertos del pasado para proyectar los éxitos del presente y del porvenir.

La evidencia nos enseña que el medio ambiente no es meramente un contexto bucólico para desarrollar el turismo o recrear la vista; es la cantera que contiene el potencial futuro de la humanidad. La cantera de la cual se han de extraer nuevas formas de energía, nuevos alimentos y medicina, e incontables riquezas económicas.

¡El petróleo venezolano es un encuentro con nuestro destino! ¡La historia sabrá reconocer la labor que podríamos realizar!

Profesor

 

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