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Néstor Francia: Venezuela: tres escenarios al mediano plazo

 

Drenar ansiedades

El único objetivo de este texto es drenar mis angustias, hacer catarsis, ya que no importa lo que yo diga o deje de decir, pues lo que habrá de suceder, sucederá, más allá de lo que algún individuo piense o pontifique. Voy a hablar de Venezuela y su devenir en el mediano plazo, y a proponer tres escenarios probables de lo que vendrá una vez que transcurra la circunstancia del coronavirus y de la cuarentena, y más allá.

Agudización y aceleración de la crisis

Como se sabe, voces autorizadas de la economía mundial prevén una agudización y aceleración notables de la actual crisis estructural mundial del capitalismo que ya estaba en desarrollo desde hace al menos un par de décadas. Esto afectará a todos los países, Venezuela incluida, por supuesto. He escuchado a gente decir que en realidad los problemas de nuestro país no son desconocidos en otras latitudes. Hay un refrán castizo para abordar tal argumento: mal de muchos, consuelo de tontos. A la mayoría de los venezolanos les tiene básicamente sin cuidado lo malo que le pueda pasar a otros países. La discusión en este caso no es si esa actitud es correcta o no, creo que no lo es. El tema es que se trata de la conducta de la mayoría, pues cuando arduos  problemas cotidianos la abordan, la gente suele no ver más allá de sus narices.

La crisis y Venezuela

Ya Venezuela ha venido pasando por una situación de dificultades que afecta considerablemente la vida diaria de los ciudadanos. Es claro que tal situación se va a ver agravada por los efectos del coronavirus y de la cuarentena. Ya está ocurriendo en este momento: se ha disparado el valor del dólar, la especulación comercial es brutal, han eclosionado serias deficiencias en el suministro de gasolina, aun cuando el consumo de combustible es menor en medio de la cuarentena,  siguen y en algunos casos se agravan las falencias en servicios públicos esenciales como el agua, la electricidad y las telecomunicaciones. Y, por supuesto, la carestía general de alimentos y medicinas.

Agresión imperial y errores endógeno

Hay que insistir en que estamos siendo víctimas de la agresión criminal del imperialismo y de la radicalización de las sanciones, pero no se puede negar que también sufrimos las consecuencias de las malas gestiones económicas de los gobiernos chavistas. Hablo en plural porque hay quienes achacan al actual Gobierno presidido por Nicolás Maduro todos los errores económicos cometidos, cuando estos vienen ya desde antes. Por eso me molesta que haya individuos como Rafael Ramírez y Jorge Giordani, figuras prominentes de los gabinetes económicos de Hugo Chávez, que pretendan lavarse las manos y excluirse de tales errores, cuando ellos estuvieron inmiscuidos en todas las decisiones que se tomaron entonces en el área de la economía.

¿Qué pasó? Que no pudimos superar la mentalidad rentista. Como había dinero abundante, ya que los precios del petróleo eran altos, nos dedicamos básicamente a la redistribución del ingreso, orientándolo hacia la obra y las misiones sociales, lo cual era justo pero no lo único que se debía hacer. Omitimos una vez más, como se había hecho en épocas anteriores,  la inversión productiva.

Hubo igualmente errores de planificación económica, así como en la gestión de las empresas nacionalizadas o estatizadas. Se incurrió en  crasos errores de gerencia, como la alta rotación de personal de niveles altos y medios, lo cual se tradujo normalmente en la discontinuidad de proyectos y estrategias, abundando la improvisación y el voluntarismo. Se cometió notables errores políticos, como el sectarismo, el dogmatismo y el grupismo. Esto último se expresa, entre otras cosas, en la “mudanza con todo” de funcionarios que al asumir nuevos cargos se llevan consigo a grupos de incondicionales (cuando no cómplices), sin tomar en cuenta si las personas que sustituyen están mejor calificadas para las tareas específicas. Muchos de estos errores se siguen cometiendo hoy, pero son pecados originales de la gestión gubernamental del chavismo.

Vulnerabilidades económicas

Cuando juntamos todo eso que hemos señalado, se puede entender la gran vulnerabilidad de nuestra estructura económica, que nos dificulta enormemente la lucha contra la agresión imperialista. Esa vulnerabilidad afecta sobre todo a los sectores más desposeídos de la sociedad, lo cual va a agudizarse en los próximos meses. Recordemos que las sanciones no solo no han amainado, sino que más bien se han recrudecido. Vemos lo que ha pasado recientemente con las limitaciones impuestas por el gobierno de Trump a empresas petroleras que operan en Venezuela, como Chevron, Halliburton, Schlumberger, Baker & Hughes y Weatherford. También se siguen sintiendo los efectos de acciones de sabotaje y otros surgidos de la infiltración de factores opositores extremistas ubicados en instituciones públicas y en sectores populares.

Ineficacia de medidas coyunturales

Por otra parte, las medidas coyunturales que toma el Gobierno han demostrado poca eficacia en cuanto a la solución de los problemas, si bien actúan como atenuantes bastante limitados de la situación económica que sufren los ciudadanos: aumentos salariales, bonos, precios acordados, supervisión de empresas y comercios, distribución de alimentos.

Políticas económicas integrales

Parece ser que el problema de fondo es la inexistencia de una política económica integral, como la que han venido recomendando, a grandes rasgos, economistas del chavismo como Jesús Farías. Una política que aborde la plataforma económica nacional como un sistema coherente que se fundamente en la realidad venezolana. Una política tal tendría que dejar de lado los dogmas que han prevalecido en la gestión económica del chavismo. Muchas veces se ha pretendido actuar como si el sistema económico fuese socialista, cuando en realidad no solo es capitalista sino que tiene claros rasgos de lo que se llama capitalismo salvaje, como el hecho de que los precios los “descontrola” el mercado de forma especulativa y distorsionada. Se debería partir de esa realidad y actuar en consecuencia.

Descontento y presión social

Pienso que los problemas del país se van a agudizar en los meses por venir, por las razones que he señalado, sería milagroso si no ocurriera así. Y esto traerá apareado una agudización del descontento social. Esto se ha manifestado también en días recientes, con focos de violencia popular, en el sentido de que no son guarimbas. Por supuesto, es muy probable que haya factores no espontáneos actuando allí, pero en todo caso la fuente primaria es el descontento social.

Se avizora, pues, un aumento de la presión social ¿Cómo se va a manifestar esa presión social? No necesariamente de forma violenta, aunque esa es una posibilidad cierta. Puede expresarse en forma de manifestaciones pacíficas más frecuentes y numerosas, trancas de vías no violentas, toma de sedes institucionales e inclusive de forma “sorda”, con la gente aumentando el volumen y la frecuencia de sus quejas individuales o grupales en mercados y otros puntos de venta.

Descontento y “no alineados”

Hay muchos en el chavismo que se niegan a reconocer la existencia y/o la dimensión del descontento social. Vemos encuestadoras tanto afines a la oposición, como Datanalisis, como afines al chavismo, como Hinterlaces, que revelan estudios en los que aparece un numeroso sector social, el de los “no alineados”, no militantes, “ni-ni” o como se les quiera llamar. En las más recientes encuestas ese sector anda rondando el 50% de la población, cerca de ser mayoría absoluta. En todo caso, los “no alineados” ni con el Gobierno ni con la oposición constituirían la más grande de tres minorías, seguido por quienes apoyan al Gobierno (circa 30%) y por último quienes apoyan a la oposición (circa 20%). Esos números son expresión de dos realidades: la primera, que 7 de cada 10 venezolanos no apoyan al Gobierno, eso es una evidencia del descontento social. La segunda es que hay una ausencia de liderazgo nacional universalmente reconocido, aunque el único liderazgo fuerte es el de Maduro, pero no es un liderazgo nacional sino el de un sector social, el chavismo, que es el mejor organizado, el más coherente en cuanto a sus afinidades y el de mayor capacidad de movilización, mas aun así sigue siendo una de tres minorías principales.

Espejismo y realidad

Muchos chavistas caen en el mismo error en el que cayeron los opositores en los meses previos a abril de 2002, que como habían demostrado gran capacidad de movilización y se hicieron fuertes en las calles y en los medios, se les creó la ilusión de que eran la mayoría de los venezolanos, y no lo eran. Pasa lo mismo hoy día con muchos militantes del chavismo, que manejan el espejismo de que son mayoría y no lo son. Esto no es un tema para nada secundario, porque refleja un grave problema para el chavismo de cara al mediano plazo: el desconocimiento de la realidad. Si no se reconoce la realidad tal cual es, entonces no se actúa en consecuencia y se cometen equivocaciones que a la larga van a ser facturadas precisamente por la realidad.

Solidez actual del Gobierno

¿Hacia dónde va todo esto? Primero que nada considero que en este momento el chavismo en el Gobierno (hay un chavismo en el Gobierno y uno que no está en el Gobierno, así apoye a Nicolás Maduro) está sólido en la cúspide del poder, porque tiene mucha fuerza política partidista, mucha fuerza política institucional y mucha fuerza militar. Cuando esto se combina con la situación de crisis mundial del capitalismo, que como se ha dicho se agravará con los efectos de la pandemia, sin duda se dificultará aun más una acción intervencionista con mayor contundencia por parte de Estados Unidos y sus aliados contra Venezuela. En ese sentido Estados Unidos no puede hacer mucho más de lo que está haciendo ahora para tratar de dar al traste con la Revolución Bolivariana, es decir que seguirá insistiendo con la herramienta de las sanciones y con el apoyo diplomático y financiero a la oposición.  Esto es lo que ha provocado que el gobierno estadounidense se haya pronunciado recientemente con un tono más negociador, por supuesto usándolo como una herramienta más de presión y sin un deseo sincero de conciliar. Más allá de algunas bravuconerías verbales o fácticas, como la supuesta movilización militar “antidrogas” en el Caribe, lo cierto es que en la situación actual no se ve en el panorama una intervención armada directa en Venezuela.

Debilidades del Gobierno

Es falso lo que pregonan algunos sectores de oposición, en el sentido de que el Gobierno de Maduro está agonizando o a punto de caer, pues tiene esas fortalezas que hemos señalado. Pero tiene también serias vulnerabilidades que van a jugar un papel en el mediano plazo. Una de ellas, ya se ha dicho, es la situación económica del país, que genera un reflejo evidente en el mencionado descontento social. Hay además una vulnerabilidad cultural que suele ser ignorada en los cálculos políticos. La mayoría de los venezolanos, incluida buena parte o acaso la mayoría de los chavistas, está infectado con una conciencia que es el reflejo de la civilización fallida de la cual el capitalismo es tan solo su más reciente y feroz expresión, la civilización del individualismo, del pragmatismo, del tener en lugar del ser, del consumismo. Las fuerzas llamadas “progresistas” en América Latina, y en el mundo todo, caen a menudo en el error de pensar que basta con introducir cambios socioeconómicos, casi siempre parciales e insuficientes, para transformar la sociedad, cuando en realidad el cambio profundo, perdurable, sería el cambio de la conciencia humana, aunado por supuesto al cambio de las condiciones de vida concretas de la Humanidad. El hecho de que la mayoría del pueblo esté dominada por la cultura decadente del capitalismo, la hace vulnerable a los cantos de sirena de las propuestas neoliberales y conservadoras fundamentalistas (remember Bolsonaro).

El Sectarismo

Ahora bien, a pesar de que hemos dicho que el chavismo tiene fortaleza política partidista e institucional, sin embargo tiene también debilidades notables en la gestión política, tanto del partido hegemónico como del Gobierno. Mencionemos en primer lugar el sectarismo, que se manifiesta de diversas maneras. Cuando hablamos de sectarismo no nos referimos a alguna abstracción intelectual, sino a una práctica social tóxica. Es el espíritu religioso de secta, la intolerancia religiosa sectaria, aplicada a la política. Por ejemplo, si alguien perteneció al PSUV y luego se separó de la militancia y se ubicó en oposición al Gobierno, así no llame a la violencia ni se pronuncie por la intervención imperialista en Venezuela, ya es estigmatizado y señalado como “traidor” ¿Traidor por qué? ¿Acaso la Constitución aprobada por la mayoría de los venezolanos no consagra las libertades de pensamiento y expresión? Y más allá del hecho constitucional ¿por qué una persona está obligada a aceptar la ideología y los preceptos de algún partido político de la tendencia que sea? ¿No es esto comparable al pecado de herejía que estableció la Inquisición para estigmatizar a todo aquel que renegara de la fe católica? ¿Acaso se desconoce los ejemplos históricos como el de la Unión Soviética y los países de su órbita geopolítica, todos los cuales, con alguna excepción que confirma la regla, son gobernados hoy por aliados del imperialismo? Una de las más pesadas rémoras de aquellos experimentos “socialistas” fue el sectarismo, que condujo finalmente a la dictadura de partido y al secuestro de los Gobiernos y direcciones partidistas por parte de nomenclaturas burocráticas y corruptas, nacidas y creadas en el seno de “El Partido”. La Revolución Bolivariana requiere el derrumbe de los muros del sectarismo, que se acepte como hecho común la diversidad del pensamiento, la práctica positiva de la crítica, la exigencia de cuentas a los gobernantes, la legitimidad del escrutinio ciudadano, la pertinencia del control social.

El espíritu religioso de secta hace que proliferen los rituales, salmos, mantras y frases hechas tendentes al control de factores militantes que subordinan el poder del pensamiento al poder de las maquinarias. Pero además generan un raro vicio igualmente propio de las sectas religiosas: la consagración de la liturgia. Para “surgir” en el Partido (un alto dirigente del PSUV usó en televisión este lamentable concepto) basta con repetir los salmos, vestirse con los símbolos consagrados (como las túnicas amarillas de los Hare Krishna), vociferar y mimetizarse. Por esta vía llegan a lo más alto los santos y los no tan santos, y se pone la lealtad política, real o impostada, como rasero de las preferencias del poder, por encima de las reales capacidades y valores. Así se encumbran también los burócratas y los corruptos, que tanto alejan a las mayorías de los líderes.

El dogmatismo

El sectarismo es además el hermano gemelo de otra carga negativa en la política: el dogmatismo. Al entronizarse los dogmas, que son siempre dogmas de fe, creencias inamovibles, pensamientos estancos y estáticos, supuestas verdades asumidas como inobjetables, se genera una batería de preceptos que se entienden como textos sagrados, como la palabra de Dios, y una vez que desaparece el “profeta”, como pasó con Cristo Jesús, cada secta o corriente es más cristiana, o más marxista o más chavista que cualquier otra. El “legado” de los líderes se convierte en un plato que cada quien adereza a su gusto, sin que el líder originario no tenga ya la oportunidad de opinar sobre quien es más o menos leal a sus ideas. Pero además, como en las sectas religiosas, se deífica al “profeta”, despojándolo de su carácter humano y convirtiendo sus ideas en verdades eternas. En Jesús todo era santo, en Marx todo era brillo, en Chávez todo era revolucionario. Con el dogmatismo se pierde la capacidad de análisis, además de la flexibilidad intelectual y política, se convierte al militante en un pensador que poco piensa, en un ser conformista y acrítico que todo lo acepta sin apenas chistar. Es una verdadera calamidad que se ha repetido demasiado en la Historia como para que no se comprenda que el sectarismo y el dogmatismo son verdaderas cargas pesadas para la redención humana, para la ardua superación de la civilización fallida que nos rige y que amenaza con conducirnos a la extinción.

En Venezuela, el sectarismo y el dogmatismo han sido manifestaciones recurrentes de las fuerzas de izquierda, las mismas que contribuyeron tanto al fracaso de los experimentos “socialistas” del siglo XX. Lo peor de todo esto es que esas cargas terminan por separar a las supuestas vanguardias de las mayorías ¿Está ocurriendo eso en Venezuela con el chavismo? Lo dejaré a la reflexión y el debate, para seguir avanzando hacia la formulación de escenarios.

Déficit de credibilidad

Hay además en el país un déficit de credibilidad que afecta a todos los sectores políticos, y eso forma parte también del crecimiento del fenómeno de los “no alineados”. El conflicto político ininterrumpido tiene una expresión mediática disolvente. Los mutuos ataques están terminando por establecer que todos los dirigentes políticos mienten, que todos  son corruptos, que todos trabajan para el beneficio de sus allegados, aunque no siempre sea cierto. Los dirigentes hablan para que los escuchen sus públicos de galería, sus seguidores incondicionales. La minoría chavista le cree a pie juntillas a Maduro, a Diosdado, a Padrino. La minoría opositora, con un liderazgo menos coherente, tiene sus creyentes militantes más dispersos. Algunos le creen más a Guaidó, otros a Machado, otros a Falcón, otros a Bertucci. En fin, la mayoría (o la minoría más numerosa) de los “no alineados” desconfía de todos. Esto es algo que atenta seriamente contra la estabilidad del país y contribuye a que la situación política estratégica nacional sea bastante volátil.

La superación de esa situación de no credibilidad es muy difícil, porque apunta a problemas de comunicación. No es posible alcanzarla con base en consignas, ideas fijas o mantras, que ya suenan vacíos para la mayoría de los venezolanos. Venezuela necesita nuevas ideas, desborde de creatividad, discursos reformulados y eso, al menos hasta ahora, no se ve por ninguna parte. Los dirigentes políticos tienen que darse cuenta de que vivimos en un mundo y un país llenos de diversidad y de intrincadas complejidades, que no solo hay izquierdas y derechas, chavismo y antichavismo, marxismo y neoliberalismo. Ir a la busca de esas complejidades es apuntar a una nueva forma de actuar y de decir.

Las soluciones para Venezuela

Creo firmemente que ninguno de los dos factores polarizados en Venezuela, el chavismo empoderado y la oposición extremista, puede por sí mismo ofrecer soluciones estratégicas, duraderas a Venezuela. Estos últimos porque no quieren, más bien apuestan a que las cosas empeoren y actúan para ello, pensando que eso les facilita el acceso al poder. Aquellos porque no pueden, encerrados como están en su burbuja, en sus dogmas y su sordera, en las soberbias del poder. En Venezuela las soluciones verdaderas van a pasar por el tamiz de las luchas sociales, por la irrupción y el debate de ideas controversiales, por el desarrollo de múltiples contradicciones y por la resolución de estas de maneras que no estamos en capacidad de predecir, más allá de aproximaciones que siempre tendrán el matiz de lo subjetivo. En las complejidades de hoy vale más que nunca la única gran certeza: nadie en este berenjenal mundial y nacional tiene todas las verdades en sus manos.

Cuando se junta todos estos factores que hemos señalado, se configura un collage complejísimo e inquietante que podría conducir, en mi opinión, a uno de tres escenarios. Voy a asignarle por ahora nombres: renacimiento, reordenamiento y reventón.

Tres escenarios

Escenario de renacimiento. Lo considero el escenario ideal. En este escenario, la dirigencia chavista finalmente entiende la necesidad de un reseteo total de las políticas y la gestión de la Revolución Bolivariana. Un giro de 180 grados, un golpe de timón que cambie completamente la dirección hacia donde se dirige la proa de este barco. Eso podría conducir a un renacimiento de la confianza y la esperanza nacional. Tendría que ser fruto de un proceso real, sincero, de crítica y autocrítica a todos los niveles, planteado como una gran tarea de alcance nacional. No aquel  debate “nacional” ficticio, improvisado, de fin de semana que se desarrolló el año pasado y que, por supuesto, no condujo a ningún cambio importante. Lamentablemente debo decir que lo considero un escenario poco probable, por razones que ya he hecho notar en este texto y que se vinculan al ejercicio político actual del chavismo en el poder. En realidad, antes de poder transformar la realidad hacia una forma revolucionaria superior, la dirigencia chavista tendría que transformarse a sí misma, algo que es demostradamente muy difícil para cualquier factor en el poder.

Escenario de reordenamiento. En este escenario, la presión social obligaría en el mediano plazo a una negociación política, en la que podrían participar inclusive factores de la geopolítica mundial, como Estados Unidos, Rusia y China. Este escenario no se produciría tan rápido. Por otra parte es imposible saber en este momento qué carácter tendría esa negociación y a qué resoluciones llegaría. Particularmente creo que una negociación tal llevaría a una solución electoral, pero tampoco puede uno saber en qué tipo de elecciones desembocaría, si es eso lo que se decide. Podrían ser elecciones parciales o elecciones presidenciales o elecciones generales o un revocatorio. Inclusive no sería descartable que se realice algún tipo de elección vinculada a la composición de la Asamblea Nacional Constituyente. De darse un escenario como este, los detalles dependerían de factores aun no definidos, como la correlación de fuerzas para el momento, la situación internacional, la coyuntura económica y social interna para entonces, quienes serían los actores políticos más relevantes tanto del chavismo como de la oposición en ese momento. Lo que sí creo es que la oposición extremista, esa que representan personajes como Guaidó, Ledezma, Arria, Machado, los grupos exiliados extremistas como Veppex, llegaría a este escenario, si se diera, políticamente extenuada, disminuida, dadas sus incoherencias y su fantasiosa percepción de la realidad. Pero ojo, me refiero a la llegada a un escenario como este, el cual se me antoja como el más probable. Otro gallo podrá cantar para esos sectores si se produce el tercer escenario que preveo como uno de los posibles, y del cual hablaré de inmediato.

Escenario de reventón. En un escenario como este, habría que contar con una recuperación, aunque sea relativa, de la oposición extremista, en combinación con presión social en grado máximo. Se arribaría a un conflicto armado de consecuencias impredecibles, al menos en este momento. La violencia extremista podría conducir a un estado relativo o absoluto de guerra interna, bien sea guerra civil o combinación de guerra civil con enfrentamientos de ejércitos regulares o con participación de mercenarios y/o paramilitares. Pueden producirse también escisiones en la FANB. Aceptemos que lo que nos parece imposible ahora puede ser posible después, ya que la FANB es parte de un país en el que, a decir verdad, existe una oposición debilitada en lo político, pero no tanto en lo social, y esa realidad se refleja seguramente al interior de la FANB, que está integrada por venezolanos de carne y hueso que están más allá del imaginario que tratan de crear los distintos factores políticos. Aquí el extremismo podría contar con el efecto “chispa” (o acaso “cisne negro”) que definió Mao Tse Tung en la situación prerrevolucionaria en China: “una sola chispa puede incendiar toda la pradera”.  Este es, para mí, el escenario más indeseable, lo cual no significa que no se vaya a dar, porque la vida no depende de los deseos de una persona.

El punto crítico

Finalmente, calculo que el punto crítico de esta situación de trabamiento de la situación económica, social y política se producirá alrededor de 2022, no antes ni tampoco mucho después. Pero este es un cálculo bastante arbitrario, más bien intuitivo. Nadie puede prever los desarrollos estratégicos de los conflictos políticos, aquellos que van más allá del corto alcance de la  mirada temporal inmediata.

Generalización de la duda y sueños de liberta

Como se puede ver, lo más que tengo son dudas e incertidumbre. Quizá la duda deberíamos generalizarla, que nadie piense que la Verdad brilla inmarcesible en su iluminado cerebro. Reconozcamos que todos tenemos oscuridades, que a todos los odiosos vicios de esta civilización fallida nos corroen por dentro.

Considero además que todo esto pasa por que ejerzamos y garanticemos, todos, la libertad de pensamiento y de expresión. Algunos creen que eso depende solo del Gobierno, y no es cierto. Cuídate de quienes critican al Gobierno en corrillos y cuando están frente a un micrófono o una cámara, o en una reunión con dirigentes chavistas, se convierten en más papistas que el Papa. Conozco a varios que pertenecen a esa fauna y los cuento entre los principales enemigos de la libertad de expresión. Generemos ideas y expresemos nuestras ideas, no nos conformemos jamás con repetir religiosamente lo que otros dicen, seamos laicos de la política. Si queremos que el mundo viva en libertad, ejerzamos la libertad.

 

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