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José Antonio Gil Yepes: Un nuevo 1 de mayo: ¡Trabajadores y empresarios unidos!

 

El carácter clasista del 1 de mayo proviene de las vivencias de la Revolución Industrial de los Siglos XVIII y XIX cuyos signos fueron progreso a costa de unas terribles diferencias socioeconómicas entre los dueños de las industrias y sus trabajadores. De esas diferencias y sufrimientos surgieron diversas versiones del socialismo, entre cuyas expresiones se encuentra la de Carlos Marx, caracterizada por máximas como “El motor de la historia es la lucha de clases”, “Los Trabajadores no tienen nada que perder, salvo sus cadenas” y “Proletarios de todos los países, uníos”, para acabar con el capitalismo como propiedad privada a través de la “Dictadura del Proletariado”.

Pero, entiéndase muy bien que una cosa es comprender por qué surgió ese movimiento y otra muy distinta es que el “remedio termine siendo peor que la enfermedad”. Pues así fue. La tal “Dictadura del Proletariado” se convirtió en la Nueva Clase, como la llamó en su célebre libro el excomunista yugoeslavo Milován Dilas. Clase explotadora, insincera y ahistórica, conformada por los miembros de los Partidos Comunistas en el poder en la ex URSS, China, Europa Oriental, Corea del Norte y Cuba. Explotadora porque se adueñaron de todos los privilegios y del terror de la represión para someter a sus pueblos a la pobreza y la dominación. Insincera, porque, a diferencia de los empresarios de la Revolución Industrial que explotaban a nombre propio para beneficiarse ellos mismos, los comunistas explotaron y explotan a los pueblos que dicen representar y defender en contra del capitalismo. Ahistórica porque el capitalismo se convirtió en la única vía conocida hasta ahora para salvar a los pueblos pobres de su pobreza. Por eso, hoy día, se puede decir que el chavismo, el castrismo, el orteguismo, y el régimen de Kim Jong-un en Corea del Norte son explotadores, insinceros y ahistóricos.

Del fracaso del socialismo marxista surgió el movimiento pro capitalista en China Comunista a partir de la muerte de Mao Zedong en 1976 y el ascenso de Deng Xio Ping, mediante el cual ese país logra convertirse en 20 años en la segunda potencia económica mundial, en 30 años logró tener la cantidad de población NO pobre más grande del mundo, unos 600 millones, hacia el 2030 se espera que sobrepase en tamaño de la economía a Estados Unidos y que en 2049 haya eliminado la pobreza.

La ex URSS no vio lo que vieron los chinos y el régimen del Partido Comunista único simplemente implotó, al igual que lo hicieron todos los gobiernos comunistas de Europa Oriental. Lo cual parece ser que será el fin de los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua por negarse a entender su iniquidad (sinónimo de injusticia, ilegalidad, desafuero, infamia, maldad, inmoralidad y ley del embudo, según el diccionario de la RAE).

Es más, los mitos que todavía tienen vigencia en regímenes socialdemócratas y socialcristianos o de centro izquierda en el mundo, tales como la conveniencia de las empresas que exploten los recursos básicos y presten los servicios públicos sean propiedad del Estado, que los gobiernos controlen precios y la distribución de mercancías, y que esos partidos son defensores de los trabajadores en contra del capitalismo explotador, etc., tienen buena parte de su inspiración en el socialismo marxista de dos siglos atrás y sus resultados, en los países donde se aplican dichos mitos, son inicuos.

Este es el trasfondo que me lleva a plantear que se acabó la vigencia del mito que condujo a la celebración del 1ero. de Mayo como un evento clasista. Si los trabajadores quieren mejorar su condición, necesitan aliarse en un movimiento pluralista con los empresarios y hacer lo mismo que han hecho las principales y más exitosas empresas del mundo: medir y entender que su principal aliado son los trabajadores.

Esta alianza no es cuestión de prédicas ni de humanismos idealistas; es necesaria porque ambos sectores comparten intereses comunes, partiendo de que ambos sectores necesitan quitarse de encima y amasar el poder suficiente para evitar que los partidos políticos populistas sigan jugando al estatismo, los controles y a promoción de la lucha de clases, no para salvar a los trabajadores sino para que no vean que les conviene aliarse con los empresarios.

Los intereses comunes de capitalistas y proletarios, empresarios y trabajadores, se identifican fácilmente al analizar las causas de la pobreza: la propiedad del Estado de las empresas que explotan los recursos naturales, de los servicios públicos, los controles de precios y la sobrevaluación de la moneda.

La propiedad del Estado de las empresas llamadas básicas se basa en el mito de que, si los recursos naturales los explotaran particulares, la riqueza se concentraría en pocas manos en vez de repartirse equitativamente. Nada más falso. Mientras Venezuela exportó petróleo bajo las multinacionales, llamadas infames y explotadoras, el país fue, desde la década de 1930 hasta 1976, el milagro económico del mundo, el bolívar era más fuerte que el dólar y todos los indicadores de calidad de vida de la población, la inversión privada y el empleo formal subieron sostenidamente. Por el contrario, los resultados, desequilibrios y volatilidad macroeconómica surgieron a partir del cambio de política petrolera en 1973 y la estatización de las multinacionales del petróleo en 1976. Venezuela dejó de ser ese milagro económico y, con ello, los empresarios y los trabajadores perdieron las enormes oportunidades que ofrecía la “siembra del petróleo” en el campo y las industrias. Por el contrario, sumado al fracaso de todas las empresas del Estado, excepto Pdvsa, la sobrevaluación de la moneda privilegió las importaciones en contra de la producción –y del empleo– nacional.

Los controles de precios y del cambio de divisas remataron la faena en contra de las empresas y sus trabajadores, reduciendo la producción y el empleo y reforzando el sesgo importador. De allí una economía que sigue siendo dependiente del petróleo en no menos de un 93% en el ingreso de divisas y hasta hace unos 5 años en no menos de un 50% en ingreso fiscal.

El desastre, perdón, el epítome de la utilización inicua de las empresas del Estado, de la sobrevaluación de la moneda en contra de los intereses de los empresarios, los trabajadores y del pueblo se alcanzó durante el régimen de Nicolás Maduro. Sin comentarios.

Estas evidencias abren la puerta al entendimiento de que los empresarios y los trabajadores necesitan unir fuerzas para alcanzar intereses comunes y no dejar que sigan siendo manipulados por partidos estatistas y controladores. De allí que la agenda común trabajadores-empresarios consista en 1. La privatización de las empresas del Estado para pagar la deuda con acciones, liberar a dichas empresas del clientelismo partidista, de la ineficiencia y de la corrupción y disponer de reservas internacionales para promover la inversión privada y programas de educación, salud y vivienda; 2. La dolarización formal de la economía para evitar la emisión de dinero sin respaldo-inflacionario- y erradicar la sobrevaluación de la moneda; 3. Evitar que intereses partidistas insistan en bloquear estas dos iniciativas pidiendo prestado a los organismos multilaterales para “pagar la deuda externa, léase seguir manejando el clientelismo en las empresas del Estado, y sostener el valor del bolívar, léase seguir sobrevaluando la moneda, controlando el cambio y repartiéndose las divisas baratas entre los amigos de la causa; y 4. Aliarse trabajadores y empresarios con maestros, profesores, liceos, colegios, universidades, y medios de comunicación y comunicadores sociales para lanzar una gran campaña nacional de reeducación popular que desarraigue los mitos populistas inicuos mediante los cuales se limitó el crecimiento del país desde 1973, se regresó a la explotación del mito de la lucha de clases desde 1999 y se destruyó la economía, la política, la sociedad y la cultura del venezolano desde 2013, y todo en nombre del pueblo.

@joseagilyepes

 

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