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Manuel Sutherland: ¿Por qué tenemos el salario mínimo más bajo del mundo?

 

Algunos dicen que Chávez amaba a los obreros y que Maduro los detesta. Por eso, según ellos, antes les subían los salarios y ahora no. La realidad es que la caída salarial (a dólares no oficiales), período 2001 (diciembre) al 2012 diciembre (plena bonanza), es de – 55 %. En 2013 Maduro seguía exactamente la política económica de HCF, con un precio del barril muy alto, sin sanciones y con una producción petrolera aún importante. Aún así, a diciembre de 2013, el salario (a dólares no oficiales) ya había caído en – 84 %. Una destrucción total del ingreso obrero que se aprecia en el gráfico que colocamos en este brevísimo escrito.

Es imposible que cualquier Presidente que continuase con esas políticas económicas, tuviera un resultado distinto a una caída del – 84 %, ya que los aumentos de salario nominales basado en ampliaciones de dinero sin respaldo en la producción, son rápidamente absorbidos por la inflación. La destrucción del salario a 2013 no es más que el resultado de políticas económicas realizadas en años previos (2004-2012), que poco a poco fueron destruyendo por completo el tejido industrial, comercial, agrícola y productivo en general.

En 2013 había que dar un giro de 180 grados, un cambio absoluto y radical en las políticas económicas que se venían llevando a cabo, el asunto es que Maduro las continuó sin mayores permutas, lo que profundizó a la postre la crisis y nos hundió en la actualidad a no sólo tener el salario mínimo más bajo del planeta, si no a tener uno de los cinco peores resultados en la historia del capitalismo en los últimos setenta años.

Según el BCV, el PIB construcción entre 2013 y primer trimestre de 2019 disminuyó en 97 %, una desaparición sistémica.  Si no hay producción, si los obreros no se ocupan productivamente, no pueden tener remuneración que les permitan tan siquiera reproducirse biológicamente. Por ello la dramática emigración masiva y la extrema pobreza evidente en las calles.

La feroz pobreza no se puede resolver con aumentos nominales decretados por el Ejecutivo. Maduro ha aumentado el salario (con el cesta ticket) hasta alcanzar los Bs.  80.000.000.000.000,00

(Si no le hubieran quitado ocho ceros al cono monetario: 2008 (3) y 2018 (5)). El incremento salarial desde diciembre de 2013 hasta la fecha actual ronda los 20 millones por ciento. Es evidente que esos incrementos sólo se han visto acompañados por un deterioro del salario real, es decir, del poder adquisitivo efectivo que el salario permite desplegar.

Por ende, no hay forma ni manera de incrementar el poder adquisitivo sin un drástico incremento de la producción, productividad y eficiencia. Ello implica un cambio substancial en las políticas económicas que permitan un desarrollo de fuerzas productivas sostenido con base a un aumento en la capitalización de las empresas, la escala productiva y la inversión. Ello no depende de marchas, protestas, huelgas; o de exigir que el Ejecutivo haga un decreto presidencial que incremente los salarios al equivalente de la Canasta Básica, aproximadamente 600 $ mensuales, desde los 4,71 $ actuales. Eso es un desatino de proporciones bíblicas.

¿Podría Maduro sentar las bases para ese cambio necesario?

De ninguna manera en la actualidad de: sanciones, bajos precios del petróleo, importación de gasolina y escasez de energía, y por sobre todo: escasez de capital. No hay dinero con que invertir en nada, ni con que comprar o adquirir maquinarias y pagar salarios acordes a la preparación de obreros especializados. Un gobierno de amplia unidad nacional parece ser la única vía para frenar esta destrucción espantosa de las condiciones de vida de millones de trabajadores, que sin duda podría causar un rebrote emigratorio aún más dramático.

Dicho gobierno de amplia base pudiera acceder a los fondos congelados en el extranjero por las sanciones, solicitar préstamos importantes a multilaterales (FMI, BM, BID), vender petróleo a futuro a través de títulos fungibles, atraer grandes inversiones de capital para recuperar el aparato productivo y renegociar una moratoria (formal) de la deuda externa con un apoyo inicial de cobertura y mejores tasas de interés. Nada de esto puede realizarlo el gobierno actual. Ni siquiera sus aliados más poderosos (Rusia y China) han mostrado las más mínima intención de emprender una minúscula ayuda económica.

De no hacerse, el gobierno podría “resistir”, podría apelar a distribuciones muy disminuidas de alimentos, incrementar la fuerza represiva y mantener algunos subsidios. El problema es que una posible mejora de la situación económica no llegaría en el mediano plazo, la economía podría deteriorarse aún más y una pobreza atroz sería la forma estructural de vida por varios años…

Director del Centro de Investigación y Formación Obrera (CIFO)

 

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