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Gustavo Villamizar Durán: ¿Un canal de TV escolar educativo?

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El martes de la semana que ahora termina, el Presidente Nicolás Maduro anunció al país el traslado al Ministerio del Poder Popular para la Educación del canal del estado VIVE TV, para que “se transforme en la televisión central de la culminación del año escolar” pautado para el mes de julio. Sin embargo, poco más adelante el Presidente afirmó: “quiero verla iniciando su programación educativa como canal nacional” y más tarde: “debe ser un súper canal educativo del siglo XXI, no del siglo XIX”. La información resulta razón de contento, de esperanza, en un país y su gente duramente agredidos por un bloqueo criminal  del gobierno norteamericano, con pretensiones de  ahogarlos por la economía y en su dinámica diaria.

Sin embargo, a mi modo de ver y sin intenciones de “aguar la fiesta”, las palabras del mandatario no resultan muy precisas y desde lo pedagógico y también lo comunicacional,  la decisión no aparece con la claridad necesaria. Es bueno esclarecer que, aun cuando son tomadas por sinónimas, las expresiones educación, escuela y currículo, no refieren a lo mismo estrictamente hablando. La educación es una actividad inherente a la especie humana y tan antigua como esta en el planeta, la cual transita por incontables caminos, modalidades y procesos harto diferentes. La escuela, así como su organización y actividad, refiere a la educación que se imparte  en una institución creada a fines de la edad media, vinculada al proyecto de la modernidad europea. Por ello está centrada en un ámbito restringido a la escuela y el sistema escolar o educativo. Lo curricular resulta más cercano en el tiempo, alrededor de los últimos años del siglo XIX, consolidándose alrededor de la segunda década  del siglo XX, convertido luego en un modelo educativo generado fundamentalmente desde la psicología conductista y más tarde, de otras corrientes derivadas de ella.

Aclarados estos detalles podemos retornar al tema que llama nuestro interés, pensando en lo que puede significar un logro de tal dimensión para la educación de los venezolanos en la escuela y fuera de ella. Hay que definir qué se quiere, qué se aspira a crear, reiterando que un canal educativo es una cosa y un canal para la educación escolar es otra. Porque esta última tiene como característica su apego a las líneas curriculares como elemento directivo del trabajo, mientras la educación, concebida como general y universal, plantea retos mucho más relevantes y por tanto, mayores exigencias en la creación, producción y presentación de los espacios televisivos. En la TV educativa no se trata de ventilar temas o desarrollar algún punto del programa de estudios, y menos, trasladar la rutina del aula al set de televisión, sino atender una parrilla programática destinada a la educación permanente de los ciudadanos, al conocimiento de las ciencias y las artes en permanente apego a su país, a sus condiciones, características geográficas, históricas, culturales y demás, en diálogo fecundo y permanente, con las culturas planetarias. Todo ello indica que los programas y las parrillas programáticas son diferentes y no parece recomendable juntarlas en la programación televisiva, salvo que se asignen algunas franjas a lo específico escolar y el resto a lo educativo en general.

Me parece que por la exigencia de la pandemia, pudiera optarse en lo inmediato, por la orientación del canal hacia el apoyo y dedicación a difundir y orientar las exigencias curriculares de la última fase del año escolar. Al mismo tiempo se puede ir adelantando la concepción y diseño de un canal educativo de nuevo tipo, con producciones de buen contenido y factura comunicacional, dirigido a todo público, entretenido y relevante que inicie sus transmisiones al finalizar la exigencia  del año escolar. No va a ser fácil montar un canal tan ambicioso, pero puede lograrse poco a poco, sobre todo recurriendo al talento nacional junto al intercambio con canales de muchos países amigos, instituciones universitarias y culturales, que realizan excelentes y novedosas producciones acerca de múltiples temas. Será menester activar la diplomacia para lograr tales intercambios e ir enriqueciendo el milagro de tener una propuesta comunicacional alternativa, de alto quilate educativo y cultural, para disfrute de nuestros ciudadanos.

 

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