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Rafael Fauquié: Escritores y espejismos

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La acepción que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua ofrece del término “espejismo” es expresiva y escueta: “ilusión”. Un espejismo es esa ilusionada visión que percibimos o esa ilusión a la cual nos aferramos.

Ningún escritor podría apartarse de sus espejismos a la hora de escribir. Esas irrealidades personales son su alimento, su impulso, su proyección. Lo identifican. Lo aíslan del mundo y, a la vez, lo comunican con el mundo.

Para todo escritor sus espejismos son, en definitiva, eso que él mismo es: una consecuencia de sus vivencias, de su manera de resistir ante el mundo.

Crudamente, Paul Valéry habló alguna vez de cierta terrible y muy humana contradicción entre el “sentimiento de serlo todo y la evidencia de no ser nada”. La escritura quizá ayude al escritor a convertir el espejismo de “serlo todo” en un vigoroso conjuro contra la otra expresión de la afirmación: la “evidencia de no ser nada”.

Serlo todo: acaso los escritores precisen refugiarse en esa ilusión para enfrentar la terrible sospecha -o la muy lúcida conclusión- de saberse nada o de saberse muy poca cosa. Tal vez necesiten sentir que, gracias a su escritura, pueden escapar de la anulación y acercarse al espejismo de serlo todo o, al menos, de ser algo. Quizá por eso llegan a ser tan indiferentes ante todo cuanto no se relacione con su obra: saben o intuyen que en ella está dibujada su perdurabilidad, el significado de su rostro y de su nombre; que junto con ella pudieran prolongarse en un afuera y, sobre todo, en un después.

Ningún escritor debería renunciar a sus espejismos. Ellos lo centran. Lo cobijan. Y acaso llegue a justificar la propia existencia, con todos sus itinerarios de aciertos y errores, con todas sus paradojas y contradicciones, con todas sus sumas y restas, con todos sus horizontes cumplidos y metas abandonadas, con todos sus límites superados y petrificadas demarcaciones, gracias a esos espejismos que la escritura le ayudó a construir y con los cuales pudo acercarse a todo o tratar de entenderlo todo. Sin duda, un espejismo; pero un espejismo revelador de cierta necesaria pulsión: distinguir en el acto de escribir un asidero en el que justificar la compleja y siempre ardua tarea de vivir.

 

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