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Oscar Morales: El maná petrolero se evaporó

 

El lunes pasado, con la desafortunada noticia –para nosotros- acerca de los precios del petróleo, oficialmente sellamos nuestra supervivencia a la dependencia de tres fuentes de ingresos: a) la venta ilícita del oro; b) las remesas  del extranjero de nuestros familiares y cercanos; c) el narcotráfico. Sobre los dos últimos, ya sabemos que se verán reducidas por el shock económico mundial debido a la pandemia y la reciente vigilancia costera de la armada estadounidense.

Ciertamente, detrás de las noticias trágicas también pueden encontrarse oportunidades. No se puede descartar que ahora sí coincidamos –milagrosamente- en la necesidad de aplicar mayores esfuerzos para sincerar nuestra realidad sin medias tintas. Es decir, quizás esta sea la oportunidad para cantarlas clara y decirle al país que ya la Venezuela petrolera de los últimos 100 años no existe, ni existirá, tal como lo declara meridianamente el Profesor Carlos Mendoza Potellá .

Además, el Profesor  también señala que es necesario que alguno de los bandos políticos ofrezca un modelo alternativo al modelo actual monoproductivo que representa la industria petrolera, porque la demanda mundial de petróleo seguirá cayendo (el cambio climático forzará, sin duda) y nuestro petróleo extra pesado hoy en la Faja no tiene factibilidad económica, no es “rentablemente explotable”, pues, se necesita un precio cercano a los 150 dólares o más. Entrevista a Carlos Mendoza Pottellá: “La Venezuela petrolera que conocimos en los últimos 100 años se acabó”

El negocio petrolero no es el mismo de entonces 

Una caída brutal de nuestros ingresos petroleros nos dice que estamos obligados a construir otra sociedad, puesto que dicho ingreso, del cual nos vanagloriábamos hasta hace poco, ya no sabe igual. En estricto rigor, el ingreso fiscal petrolero hoy no alcanza para cubrir los costos de producción y, por consiguiente, estamos operando a pérdida. Según los expertos, existe consenso sobre que, pese a que haya cambios en el mercado en el corto plazo, no habrá rebotes positivos significativos por un largo período. Y -otra vez- no nos preparamos.

El maná petrolero se evaporó. Ahora la quiebra de la esencia de la vida medianamente sustentable se profundiza.  Si en el año 2019 fuimos el país con la cuarta peor crisis alimentaria del mundo, nada indica que no vayamos a subir un peldaño infeliz, superemos a Afganistán y nos convirtamos al cierre de año en el país con la tercera peor crisis alimentaria.

El rebusque se apoderará de nuestros días

Sabemos que los países no dejan de existir. Pero lo que sí desaparecen son las condiciones materiales de ayer, dependiendo del crecimiento económico, la implementación de políticas públicas y la dinámica productiva. En consecuencia, si consideramos los pronósticos y las condiciones objetivas actuales, desgraciadamente veo el país en una postal de Yemen, del Congo o Ruanda.

En otras palabras, si no somos capaces de establecer las nuevas bases de construcción de una sociedad sustentada en el esfuerzo, el trabajo, el respeto a la iniciativa privada, resaltar la importancia de la fortaleza institucional, reforzamiento de la focalización del gasto en los más vulnerables y una hoja de ruta política consensuada, entonces olvidémonos que vamos a detener las perversiones de la ciudadanía para sobrevivir.

Lamentablemente, si no internalizamos las lecciones del pasado y el presente, solamente lograremos que la informalidad para subsistir nos domine.  Y como dice el dicho popular, si no decimos las verdades del barquero para cambiar nuestro modelo productivo, lo que abundará será una economía sostenida por el rebusque y el bachaquerismo que, definitivamente, se apoderará de nuestros días.

 

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