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Jesús Alberto Castillo: Del Rey Arturo y otros metarrelatos

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A lo largo de la historia, los pueblos se han refugiados en mitos y leyendas para dar explicación a los fenómenos de la realidad envolvente. Toda esa práctica se convierte en una costumbre que va pasando de generaciones para la cohesión social. Por ejemplo, los griegos avivaron las guerras de los dioses en el Olimpo y las tragedias de personajes para proyectarse como civilización. Pero detrás de esa fenomenología hay quienes se aprovechan de sacar partidas para establecer una relación de poder que puede perpetuarse en el tiempo si no hay una fuerza social que la contrarreste. El hombre juega con la fantasía y la traslada al plano terrenal. Su admiración por lo mítico se hace inimaginable que, inconscientemente, puede quedar atrapado en las redes de la superstición. No es sorprendente, entonces, que cada nación tenga su propia leyenda que contar, vivir y padecer.

Vayamos por un momento en el legendario Rey Arturo, cuyas virtudes y valor se han propagado con fuerza por diversos escritores, hasta el punto que muchos creen en su existencia real. Pero no solo la literatura le ha dado vida a este mítico personaje, también la televisión y el cine han llevado con éxito espectaculares películas que resaltan la hazaña del monarca en el reino de Camelot, junto a la valiente Orden de los Caballeros de la Mesa Redonda, en defensa del pueblo celta contra los sajones. Gracias a su famosa espada Excalibur, que le otorgaba extraordinarios poderes, Arturo pudo salir victorioso y logró unificar a la Gran Bretaña. Por supuesto, el legendario monarca, siempre tuvo como mano derecha a Merlín, un poderoso mago que lo orientó por los difíciles caminos de la vida.

Esta fantástica zaga ha cautivado a la humanidad entera y el Rey Arturo sigue vigente en el ideario colectivo. Sin embargo, eruditos en historia antigua medieval afirman que la historia del Rey Arturo fue creada con objetivos políticos para otorgarle a Gran Bretaña un pasado glorioso que influyera en la forma de pensar y actuar de su pueblo. En todo caso, la leyenda de este monarca constituye un episodio interesante sobre la conducta heroica de los nobles caballeros durante la Edad Media. Una esencia de justicia, ética y amor cortés, conjugada con toda clase de seres fantásticos, magos, dragones, hadas y objetos sagrados como el famoso Santo Grial. Estos extraordinarios hechos, apalancados por la genialidad literaria y mediática, han revestido de realismo al referido monarca en la población.

Así como lo ocurrido con Arturo, muchos pueblos se alimentan de mitos para conquistar una identidad cultural. Por ejemplo, la historia nuestra, tradicionalmente escrita y divulgada por hombres vinculados al poder político, no escapa de esta salpicada mítica. Siempre se ha jugado con la imaginación popular. Ejemplos como la Leyenda del Dorado, que abrió un interés de los conquistadores españoles en la búsqueda de oro, es una muestra más de la fabulación histórica. Por ello la reconocida historiadora venezolana Inés Quintero ha sostenido que, a partir de la disolución de la Gran Colombia, se elaboró una historia idealizada, épica y heroica donde las batallas y grandes hazañas de los próceres sirvieron de elementos cohesionador de la nación venezolana.

Incluso, con el devenir del tiempo, muchos gobernantes han aprovechado la oportunidad para distorsionar los hechos históricos y acomodarlos de acuerdo a su proyecto político. Les han otorgado un papel histórico a diversas figuras cuando en realidad no ha sido así. Uno de los ejemplos notorios ha sido el de Ezequiel Zamora endiosado por sus luchas reivindicativas, desdeñándose sus prácticas esclavistas y, a veces, delictivas. Es lo que llama el Tomás Straka, destacado historiador venezolano, denomina “la historia denostada”. Sin embargo, otros mandatarios han sido más osados hasta el punto de encarnar en su figura ese pasado histórico, un pretexto para manipular a sus anchas. No es causal observar cómo se han hecho pasar por descendientes de figuras emblemáticas de nuestro pasado, cuando en realidad no lo son. El problema es que muchos les creen porque están enraizados de mitos y leyendas.

No escapamos, pues, de estos metarrelatos  a las que nos tienen acostumbrados los detentores de poder. Se aprovechan de la gran industria cultural (cadenas radiales, red de televisoras, sistema educativo, instituciones culturales, entre otros) para proyectar con fuerza el proceso hegemónico en la gente y mediatizarla. Es una práctica, que a los ojos de los mortales pareciera no ser percibida, pero que cada día se perfecciona más por el avance de las tecnologías informativas y la incorporación de técnicas de diversas ciencias- la  psicología es una de la más importante- que van delineando un tipo de comportamiento en el inconsciente colectivo. Si hay dudas al respecto, recomendamos que encienda el televisor, la radio o refúgiese en un texto de historia de Venezuela, de esos que se imparten en primaria, y verá algunas pistas de este complejo mundo de los cuentos a granel.

 

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