Inicio > El pizarrón de Fran opinión > Jonatan Alzuru: A la memoria de Oscar Pérez

Jonatan Alzuru: A la memoria de Oscar Pérez

 

El día de ayer, 6 de abril, nuestro querido amigo, un maestro, un académico a carta cabal, quien fue profesor titular de la Universidad de Los Andes, Oscar Pérez, falleció.

Oscar Pérez a finales de los setenta organizó el primer Taller de Investigación Militante que dirigió Rigoberto Lanz, en la ULA; participó en el comité editorial de la Revista Expresamente que era el órgano de divulgación  de una comunidad intelectual que se fue articulando alrededor de los talleres que se hicieron en la Universidad del Zulia, en la Universidad de Carabobo, en la Universidad de Oriente… el grupo, la comunidad, fue creciendo y expandiéndose en el país;  luego se institucionalizó en la Universidad Central de Venezuela como el Centro de Investigación Postdoctoral. Eras el gran operador de la red, de las relaciones y de los afectos sin ningún afán de protagonizar nada; siempre buscando los puntos de fuga, los bordes…  Talleres, seminarios, libros, revistas, proyectos… siempre estabas allí. Siempre con la prudencia de tu silencio. Siempre con la agudeza de tus sentidos. Siempre con la pícara complicidad cuando todo estaba sobre entendido… Militante de mil caminos-

Sí, en nuestra comunidad intelectual siempre estuvo Don Oscar Pérez, con su sonrisa sutil, su caminar pausado, su fina construcción argumental, cargando siempre en su caja de herramientas la ironía mezclada con la prudencia del humor…  ¡Cuántos años querido Oscar, transitando y apostando por una experiencia de otro estilo de vida en común, de comunidad intelectual!… Celebrando la diferencia y el debate riguroso de las ideas.

Ajá, querido maestro, amigo del alma, vuela ligero, porque te encontrarás con tus panas de siempre, Rigoberto Lanz y Miguelito Ron Pedrique… Tendrás oportunidad, por supuesto, ahora sí de discutirle cara a cara al sr. Foucault; pero no te olvides, eso sí de llevarte un buen ron y una cervecita… aquí van dos piedritas, una estrella, un apamate y, por supuesto, las águilas blancas con su frío y el miche pá que nunca olvides ese pedazo de tierra que te hizo eterno.

Querido Oscar, celebro tu existencia, celebro poder gritar al mundo que conocí un hombre de una sabiduría sin igual; no por la cantidad de libros que leíste. ¡No! No eras una biblioteca ambulante, sin espíritu y sin carne. Tenías la sabiduría del chamán, de los ancianos, de los antiguos, de aquellos con los cuales vale la pena sentarse a escuchar, observar, mirar porque hacen de su vida una obra de arte…  Mi viejo, te quise mucho… me brindaste tu ser y de él aprendí mares y ríos, montañas y luciérnagas, de cuevas y huesos, de tripas y razón. Por eso celebro, te celebro tu vida y levanto mi copa cargada de llanto para decirte adiós querido amigo…  Se le quiere…

 

Traducción »