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Leonardo Morales: Un mundo sacudido

 

Dentro de las angustias y vicisitudes que suponen vivir en circunstancias que amenazan la existencia y que desnudan las debilidades mundiales para atender una emergencia sanitaria como la de ahora, destacan otras preocupaciones que rondan en las oficinas y demás despachos desde donde se ejerce el poder estatal.

La pandemia llegará a su fin dejando en algunos la amarga experiencia de unos cuantos días encerrados y, en otros casos, el dolor por la pérdida de seres queridos, pero en ese devenir, antes de que la vacuna sea descubierta, bien por EE.UU., Japón, Alemania, China, Rusia o cualquier otra nación, lunares de diversas magnitudes se observan en el mundo.

América: perpleja

El continente americano va mostrando las debilidades de su liderazgo político: en Ecuador, lamentablemente sacudido por la pandemia, Lenin Molina se ve pequeño frente a la crisis; Bolsonaro y su populismo corren el peligro de ser barridos en poco tiempo; en Venezuela la insolidaridad y el particularismo van conduciendo a una profundización de la crisis social y política.

Frente a estos muy puntuales señalamientos nadie asoma su frente para dar alguna orientación: la OEA como el organismo más importante de la región nada ha dicho y seguramente nada dirá. Recién, cuando ya la emergencia sanitaria internacional se había apoderado de la atención mundial, fue reelegido el “diplomático” Almagro. Luego de una distraída nota de prensa mas nada se supo del “diplomático”. El Grupo de Lima parece haber entrado en estado catatónico.

Unión quebrantada

La Unión Europea que se izaba como unos de los referentes fundamentales dentro de un mundo multipolar mostró que la unidad en el día a día es posible, no obstante, cuando las dificultades son complejas, el interés nacional, voltear a lado contrario de la dificultad y desechar la necesaria cooperación priman sobre los fundamentos que le dieron vida. Frente a la emergencia sanitaria internacional, la región europea se mostró mezquina, con escasa solidaridad respecto a otros países, al punto que un estado opta por negar a Italia el suministro de mascarillas, así como a Serbia la ayuda en equipos médicos y medicinas.

“La inclusión, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la no discriminación”, valores sobre los que se edifica la UE palidecieron frente a la acción de algunos de sus Estados miembros. De manera pública o muy privada, superada la emergencia sanitaria internacional, se verán las caras los defensores de la UE, se interpelarán sobre la pertinencia de una Unión que no es capaz de actuar en consonancia con los valores suscritos. También tendrán al frente, con potentes y sólidos argumentos, a los euroescépticos que no dejarán escapar la oportunidad que los “unionistas” le sirvieron en bandeja de plata.

Competencia vigorosa

La búsqueda de la vacuna, su logro y su distribución global permitirá la superación de la pandemia, pero otras preocupaciones se ciernen sobre un mundo en el que cada quien busca ejercer su hegemonía.

Los norteamericanos insistirán en mantenerse como la potencia indiscutible en un mundo en el que aparecen otros actores estatales. Sus potencialidades son innegables, parecieran contar con todo, no obstante, la superpotencia militar y económica nacida junto a la URSS en 1945, de manera inverosímil acepta la ayuda que Rusia y China, competidores reales en un mundo multipolar, le dispensan para que enfrente la emergencia sanitaria que ha tocado con fuerza el suelo de Franklin, Hamilton, Jay, Jefferson, Madison, y George Washington.

Un debate que recorrerá las academias, think tank y otros espacios propios de la política tendrá que ver sobre la eficacia de los regímenes autoritarios frente a las dificultades de la democracia liberal para atender certeramente los problemas nacionales. El mundo post-pandemia será distinto a lo pensado por Fukuyama luego de la caída del mundo comunista. China pasará a ratificar su importancia global, no solo por haberse convertido en la fábrica del mundo, sino también porque es capaz de competir en otras áreas, incluida la solidaridad, vergonzosamente extraviada en Occidente, y exhibir un sistema de gobierno aparentemente eficaz.

@LeoMoralesP

 

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