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Eligio Damas: El 1/2 petro y el amor platónico.

 

Para llegar al cielo se necesitaría un petro de los grandes y otro chiquito.

Somos tres viejos. Mi compañera, un amigo y vecino y yo. De los tres soy el mayor, así lo asumo porque el segundo parece serlo por todos los síntomas, pero es renuente a admitirlo; es más, tiende a enojarse cuando hablo de esa posibilidad, lo que fortalece mi sospecha. Aparte de la edad, los tres tenemos otras cosas en común, diría que bastante, pero como no viene al caso ese tema, me limitaré a lo del petro, que significa otras cosas más; como que los tres, según Maduro, somos dueños de la mitad de esa moneda que no la tenemos en casa, la cartera o en el banco, sino en la plataforma patria, lo que es algo así como en un museo, encerrada en una bóveda con paredes de un cristal con la fortaleza del acero, que sólo a través de ellas podemos verla, pero no tocar y menos usarla,  para lo que están hechas las monedas. Lo que pudiera ser también como tener un hijo en la cárcel y podemos verle los domingos a través de una reja y apenas tocarle las manos; o eso que en mi tiempo llamábamos un amor platónico; idea pura, pero no acá fuera de las cavernas, sino dentro de la bóveda. Es pues una propiedad, un afecto, que no tenemos o un depósito, una promesa hasta la eternidad. Eso sí, como para que uno no se caliente y salga a despotricar contra el gobierno y denunciar que nos pusieron un corralito, nos engañaron o congelaron las cuentas, lo que según tenía entendido sólo lo hacen “los gobiernos liberales o maniatados por deudas al FMI”, el Banco de Venezuela se ocupa de informarnos al segundo el valor de esa moneda. ¡Y hay qué ver, sin pendejadas, como la bicha sube! Y viendo eso, a uno le entra como un fresquito y se le quita la arrechera.  Y es como si explotaran la avaricia que en todo hombre existe para amansarnos.Y este sentimiento o percepción es común en los tres. Pues para seguir insistiendo en el sueño, el crecimiento del precio del petro, nos pone como los galgos que infructuosamente persiguen la liebre mecánica  en el canódromo tras una ilusión y como tal inalcanzable.

Pero para más vainas, los tres, quizás por viejos y también por haber usado por largos años la tiza en el trabajo de intentar que los muchachos aprendiesen, siendo alérgicos a ella, ya no tenemos huellas dactilares o mejor no las registran los sistemas usados en los bancos para eso fines, incluyendo el biopago. Aunque para ser drástico y preciso, este sistema tampoco funciona en ningún negocio, unos dicen que por fallas del sistema y otros simplemente porque los comerciantes no aceptan el Petro, pues no hay milagro sin  limosna; el gobierno no ha pagado en bolívares a los comerciantes que aceptaron en diciembre el petro, tal como ellos esperaban. Y siendo así, es natural no vuelvan a caer en la trampa. ¿Que harían ellos, comerciantes, aunque grandes y pequeños, viendo sus petros encerrados sin poder usarlos, como le pasa a uno? ¡Si no hay lial, no hay lopa!, decían los chinos que, en la década del cincuenta del siglo pasado, lavaban ropa a la orilla del río Manzanares en Cumaná.

Justo los tres, por las mismas razones, en diciembre no usamos el 1/2 petro. Habíamos pensado usarle para comprar medicinas, una vaina en la cual los viejos nos empeñamos como con sadismo, pero aparte de las colas, el impedimento de las huellas nos obligó a dejarlo donde estaba para más tarde, que sería en enero. No asumimos esa actitud por ahorrar, porque siendo tres viejos jubilados, ¿cómo puede ocurrírsele a alguien sensato podamos darnos ese lujo? Esto sin hacer alusión a las colas porque podria ser tomado como un punto en contra nuestra.

Por eso mismo, aparte de comentar, como para torturanos, acerca de los precios de toda vaina al día a día, de seguidas pasamos a hablar del petro. Y lo primero que surge es el comentario acerca del precio del mismo, no en el mercado cambiario, porque eso no existe, nadie lo acepta ni pagándole la comisión que el comprador ponga y lo sabemos, sino como ya dije en el Banco de Venezuela, con lo que endulzamos un poco el alma, amargada con los primeros comentarios. ¿Qué sirve que ese ½ petro suba si no puedo usarlo? Puede que en un año, si es que esto sigue como va, tenga tres veces su valor. ¿Y cuánto sería eso?. ¿Valdrá la pena tanto sacrificio y abstención? ¿Pero estaremos vivos? ¿Sanos? ¿Con ánimo de verle crecer a través de la pantalla?

Pero esta vez surgió algo nuevo, por lo menos en lo que solemos comentar, como que el gobierno ha apelado a los carajitos de la “chamba juvenil”, previamente entrenados para que salgan a darle curso a la gente acerca de las ventajas del petro y de cómo usarlo a través de la plataforma patria y el biopago. Un amigo acaba de decirme que Boza y Valdez, dos comentaristas de la tele que no veo ni escucho, por asuntos de hábitos, también se ocupan de eso. Y nosotros tres, tres viejos, coincidimos en lo mismo. Como que el gobierno es pendejo, se la hace de tal o cree que nosotros lo somos. O es más “vivo”, digámoslo así, por lo mismo, no meternos en camisa de 11 varas, y de eso se aprovecha para justificar pagar algo a esos muchachos que serán los “revolucionarios del futuro”.

Buena parte de la gente a quien estarían dando esos cursos los chamos ya identificados, ya es experta en el uso de la moneda, porque en diciembre compró, resulta que ahora no les queda un carajo y por los momentos ese conocimiento accesorio no le sería de utilidad. Tendrían que esperar que el gobierno vuelva con la misma operación, lo que pareciera no es un barco a la vista. Y quienes si tenemos el ½ petro  enjaulado, como la forma de vida misma, además la necesidad apremiante no de gastarlo, sino más bien de comprar lo que nos es urgente, también sabemos lo que los chamos pudieran enseñarnos. Pues ese no es el tema ni la urgencia. Y el gobierno tiene la manía de tomar como tema o preocupación lo que a nadie interesa.

Por eso los tres, que somos educadores jubilados y que conscientes estamos que con ese 1/2 petro el gobierno no nos regaló nada, porque todavía nos debe una buena cantidad de lo correspondiente por contratación colectiva y, como ningún otro nos ha regateado y hasta negado nuestros derechos, para no decir una palabra hiriente y dura, no esperamos que venga ningún chamo a enseñarnos como manejarlo, sino simplemente se nos permita el derecho de decidir entre usarlo o ahorrarlo. En este caso, siendo una moneda y como tal tiene el fin de participar en el cambio, haga posible que uno, de lo más natural y de la manera más sencilla, estando en la necesidad de usarlo, pueda hacerlo en cualquier negocio, que no va ser para comprar nada de lujo sino lo elemental, lo que ahora para nosotros es vital y hasta urgente.

Además, de otras cosas de moral revolucionaria, uno tiene el derecho a reclamar que la conducta del ahorro, esa de guardar real en los bancos, está sujeta a nuestra absoluta y personal decisión; pudiera el gobierno, lo que es discutible, siendo este socialista como el Estado mismo, según dicen, promoverla pero jamás imponerla.

¿Por qué el Estado debe obligar uno tenga su 1/2 petro, que no es para enriquecer ni asegurarle el futuro a nadie, ni es tampoco el fin de un viejo lleno de necesidades, depositado en una cuenta de ahorro a la que no tiene acceso?

¿Si estamos en socialismo, como el gobierno dice y en consecuencia con todo resuelto y nada para mortificarnos, de dónde sale de repente ese empeño capitalista nos pongamos a ahorrar? ¿No encierra eso una contradicción con lo central del discurso oficial?

También los tres vemos ese medio petro como una simple estatua, un símbolo, un santo y seña o uno de esos reconocimientos insustanciales, de puro formalismo. Es lo más parecido a la oferta de pórtate bien que allá en cielo tendrás tu recompensa. Pues para llegar al cielo se necesita un petro de los grandes y otro chiquito. ¿Será acaso porque el gobierno sabe que ahora aquello de “urna y mortaja del cielo bajan”, por su culpa dejó de tener validez?

Los tres, estamos en absoluto desacuerdo con ese como innoble, demagógico y hasta falso gesto de ponernos en una cuenta encriptada, a la que no tenemos acceso, ni lo tendrían  nuestros herederos, mientras padecemos de tantas dificultades. Más si se trata de un asunto que nos corresponde por derecho.

Esta tarde, estos tres viejos, pensamos al alimón esto y me encargaron hace media hora que, por este medio, dejara constancia de nuestro reclamo y manifestación de respeto por nuestros derechos y dignidad de ciudadanos que nos pasamos la vida trabajando.

Mañana, como es habitual, volveremos a reunirnos y habiendo esto salido en los medios, especialmente en Aporrea.org, volveremos en nuestra tertulia con la misma cantaleta.

 

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