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Aurelio F. Concheso: El boxeo de sombra del Petro

 

El Decreto 4.096 del recientemente transcurrido 14 de enero, y anunciado en ocasión de la presencia de Nicolás Maduro en la Asamblea Nacional Constituyente, pretende ser un instrumento legal que le insufle al “Petro” visos de respetabilidad y de utilización como algo parecido a una moneda -o más bien criptomoneda- de curso legal y generalizada aceptación. Lamentablemente, de la lectura de éste, se desprende todo lo contrario y se vuelve a confirmar que el “Petro” sigue haciendo un “boxeo de sombra”, cuyo resultado es totalmente contrario a lo que sería su manifiesta intención.

El primer artículo de este Decreto dice que: Petróleos de Venezuela, S.A., (PDVSA), procederá a la liquidación y venta de 4,5 millones de barriles de sus inventarios certificados de crudo en Criptoactivos Soberanos “Petro” (PTR), para, luego de su producción regular, avanzar con la venta de un mínimo de 50 mil barriles diarios en Criptoactivos Soberanos “Petro” (PTR).

Para empezar, referirse a reservas de crudo todavía en el subsuelo como “barriles certificados de su inventario”, es un ejercicio de delirio irreal. Inventario propiamente sería si el crudo se encontrara almacenado en tanques cercanos a puertos de embarque, donde quien lo desee comprar -si es que lo puede hacer evadiendo las sanciones- pueda tener acceso al mismo. Pero el delirio no termina ahí, porque, acto seguido, se menciona que “luego de su producción regular”, es cuando se venderán 50 mil barriles diarios. En otras palabras, ¡en la misma frase y en franca contradicción a lo ante planteado, se admite que el inventario no es tal, porque falta el pequeño detalle de producirlo primero!

Una cosa es que el respaldo de una moneda sea reservas en oro metálico, o monedas de aceptación universal, como el dólar, euro, yen y franco suizo, y otra que sea la promesa de algún día tal vez entregar una parte de un recurso que todavía está por producirse. Es por eso por lo que la emisión de “Petros”, con el respaldo de unas garantías tan precarias, no se aleja mucho de lo que ha venido haciendo el Banco Central de Venezuela desde hace años con el Bolívar, emitiendo alegremente más cantidades de dinero respaldado por activos tan inservibles, como cuentas por pagar incobrables de entes estadales en condición de quiebra.

Ya en diciembre pudimos observar cómo el depósito de aguinaldos en “Petros” producidos de la nada, como por arte de birlibirloque, aumentó instantáneamente la masa monetaria de bolívares, al punto que la tasa de cambio con el dólar se duplicó en semanas. Este nuevo ensayo parece ir por el mismo camino, sobre todo cuando en un artículo subsiguiente, se le instruyen a la Corporación Venezolana de Guayana que proceda a “la liquidación y venta en “Petros” de 1 millón de Toneladas Métricas de briquetas”. Parecería una idea factible de concretarse si no fuera por el pequeño detalle de que esas briquetas sólo existen en la imaginación de quien redactó el Decreto.

Tal vez la única conexión del Decreto con la realidad es el Artículo 6º, que contempla que las empresas filiales de Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA) y las empresas mixtas del sector de hidrocarburos, quedan excluidas de este dislate.

Lo que queda de la economía venezolana se ha venido dolarizando aceleradamente, partiendo de las transacciones entre particulares: ya hay más dólares que bolívares circulando en la economía por el rechazo de productores y consumidores a una moneda que el BCV ha envilecido al máximo. Intentar introducir a estas alturas otro medio de pago que en su lanzamiento ya se le ven las malas mañas de siempre, a lo único que va a contribuir es a demorar la consolidación de una dolarización plena. Hoy por hoy, la mejor opción para atraer las inversiones que desesperadamente necesita nuestra economía para revertir su espiral, desciende.

 

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