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Juri Rescheto: Merkel y Putin no son amigos, pero sí socios

La bandera nacional alemana estaba situada jundo a la de la Unión Europea (UE) en la conferencia de prensa conjunta de la canciller de Alemania, Angela Merkel, y el presidente ruso, Vladímir Putin. La rusa, sin embargo, estaba un poco apartada. Un detalle pequeño, pero fino. ¿Cambiará tras el encuentro en Moscú? ¿Se acercarán Rusia, Alemania y la UE? Algo así sería importante, dada la peligrosa escalada que está teniendo lugar en el Medio Oriente.

En Rusia también existe ese proverbio de: “Dime quiénes son tus amigos y te diré quién eres”. Bien es verdad que Merkel y Putin no son amigos, pero sí son socios: tanto en lo económico como en lo político. Pese a las sanciones europeas contra Rusia y el asesinato de un ciudadano ruso en Berlín, pese a la anexión de Crimea y a la guerra en el Donbás, pese a todas las diferencias políticias que los separan, ambos líderes están más unidos que nunca. Y es que Merkel necesita a Putin. Europa necesita a Rusia.

Consolidación como actor clave

Guste o no, la influencia rusa en el Medio Oriente es enorme. Particularmente por el vacío de poder que los estadounidenses han dejado tras de sí, abriendo la puerta a que Rusia se convirtiese en un actor clave. En Libia, donde la guerra civil no ha dejado de escalar (pese al reciente alto el fuego) y desde donde previsiblemente llegará a Europa una nueva ola de refugiados. En Siria, donde Rusia lleva la voz cantante como amigo del mandatario Bachar al Asad. En Irán, de quien el presidente ruso se vanagloria de ser aliado.

Putin es necesario si se quiere lograr alcanzar una solución para todos estos conflictos. Él lo sabe. Y para él es por seguro muy importante la imagen que tiene en el escenario internacional: que no se le acuse de incursiones en solitario; que no se le vea como belicista en Siria, sino como facilitador de la paz. También, por supuesto, que algún día lleguen a su fin las sanciones occidentales a su país.

La canciller, compañera de armas del Kremlin

La pregunta, tras el encuentro entre Merkel y Putin, es si Alemania está lista para cooperar de una manera que le aleje de Estados Unidos. Donald Trump se ha convertido en un adversario común de Merkel y Putin en Washington, en temas económicos y políticos. Alemania quiere que el gas ruso llegue a través del mar Báltico con el gasoducto Nord Stream 2, pero EE. UU. quiere impedir esto a toda costa. Por otro lado, tanto la diplomacia alemana como la rusa han condenado asesinato del general iraní Qasem Soleimaní por parte de Washington.

La canciller fue a ver al presidente ruso como una compañera de armas del Kremlin. Y lo hizo con el convencimiento de que Berlín también puede participar en una solución a las crisis del Medio Oriente. Al fin y al cabo, tanto Putin como Merkel han apoyado la celebración de una conferencia internacional sobre Libia en la capital alemana. El primer paso hacia un esfuerzo pacificador conjunto. Esperemos que no sea el último.

 

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