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Enrique Meléndez: El fraude del petro

 

Lo que más causa malicia es el hecho de que el gobierno no advirtió que no se podían llevar a bolívares los petros; que repartió a los beneficiarios del Carnet de la Patria; porque hasta incluso se conoció un instructivo en las redes sociales; donde se indicaban los pasos, que había que dar para convertir los petros en bolívares, y que fue donde cayeron millones de personas; que al llegarle la información, de que tenía depositado en su cuenta del Carnet de la Patria medio petro; equivalente a 1 millón 345 mil bolívares, enseguida llevaron a cabo la operación. No se pase por alto que fueron millones de operaciones de este monto, y por la que el banco cobraba diez mil bolívares. He allí lo primero que llamó la atención de los economistas; quienes dedujeron que por esta vía se manejaba a su vez una gran operación de lavado de dinero.

Por supuesto, aquí se ve que se trataba de un beneficio; que en el fondo no dejaba de ser una truculencia populista de Nicolás Maduro; como nos tiene acostumbrados a los venezolanos en las épocas decembrinas; que lanza dinero a la calle a través de este tipo de beneficio o aumentando el monto de las tarjetas de crédito y, entre tanto, obliga a determinados establecimientos a bajar los precios en una forma convenida; conociéndose en el lenguaje de nuestra microeconomía como “los dakazos”; arreglos que muchos suponen que constituyen también formas de lavar dólares; la circunstancia es que el gobierno no tenía, para responder en efectivo, 7 mil millones de bolívares; que totalizaba la transferencia a bolívares de ese medio petro, que se le había dado a unas cinco millones de personas, beneficiarias del programa del Carnet de la Patria, y que es la parte de ilusión monetaria, con la que jugó Maduro por primera vez; pues hasta ahora; desde  el primer dakazo” a esta parte estas locuras le habían dado resultado. Por lo demás, era descabellado lanzar por esa vía esa cantidad de millones de bolívares al circulante monetario; pues obsérvese que sólo el efecto, de lo que ha sido la entrada en vigencia del petro, y siendo un medio de pago virtual, como se le conoce, a partir de las compras; el dólar ha venido dando saltos de canguro, y lo más trágico es que se estima que de un momento a otro se monte en los cien mil bolívares.

Ese timo monetario se vino a descubrir días después; cuando a todo el mundo le comenzó a rebotar la transferencia; que había hecho hacia su cuenta en bolívares, pues allí de nuevo estaba el petro. Hay hasta aquél que se aferró a esa ilusión, y entonces insistió en volver a transferir a bolívares su medio petro, pensando en que no se hizo bien la operación; que, por supuesto, le volvió a rebotar, y entonces fue cuando vino la resignación; después de que medio mundo había hecho planes con ese millón y pico de bolívares, que le iban a caer en sus cuentas bancarias; con la consecuencia de la frustración, que eso produce en las masas populares, y de donde se ha dicho que nuestra sociedad ha sido sometida a lo que se conoce como el experimento conductual de Pavlov, y que consistía en condicionar la vida de unos perros; jugando con el horario de la comida, que se les daba; produciéndose lo que se conoce como condicionamientos, y que ha sido una práctica que gobiernos totalitarios siempre han adoptado, para mantener a las masas en determinado estado de abyección; aparte del manejo de la política de la mentira, como razón de Estado; donde ha sobresalido la genialidad de un Jorge Rodríguez, y en quien se cumple ese dicho del Libertador, de que talento sin probidad es un azote, aunque ya ese es otro tema.

Porque de la resignación se pasó a la conformación; cuando, oh sorpresa, se descubrió que se podían hacer pagos en petros, pero que esos pagos quedaban limitados, como ocurre con estas ofertas engañosas de Maduro, a localizaciones; es decir, a establecimientos comerciales que sólo contaran con el sistema de los biopagos; en otros términos, a compras condicionadas, y donde no deja estar presente la incomodidad o la tortura, mejor dicho, para adquirir el producto en una forma satisfactoria. He allí el carácter de satrapía de este gobierno; pues este tipo de transacción en las tiendas, que operan con el sistema biopago implica, primero, tener que calarse enormes colas en las puertas de sus locales; dada la lentitud, con la que opera dicho sistema; corriendo el riesgo el comprador, de que se caiga, y entonces hay que esperar que se restablezca en determinado espacio de tiempo el sistema; por lo que la espera en esas colas se hace interminable; sólo que como dice el dicho, la necesidad tiene cara de hambre. A las 3 de la madrugada ya tú ves gente haciendo cola en una de estas tiendas,

Además de este percance, entonces se atraviesa la otra gran frustración en la compra, y es que el punto no lee la huella digital del comprador; que suele ser la gente mayor; por lo que se viene a descubrir que poco a poco las huellas digitales se van borrando, a medida que van pasando los años, como ha sido el caso de muchos viejitos: horas de espera inútiles; sobre todo, de esta gente; por lo que también se pone de manifiesto que Nicolás Maduro no tiene paz con la miseria.

Incluso, por las redes llegan los detalles de la operación de lavado de dinero, que se lleva a cabo a través de los biopagos; lo cual no deja de ser sospechoso en un gobierno, al que se acusa de conducirse en el marco de un narcoestado; partiendo de un acuerdo con los tenderos, que  poseen el sistema; mientras se estima que la idea del gobierno a la larga es la de imponer el petro como moneda, en sustitución del bolívar; dada su completa desvalorización, al punto de que en este diciembre lo que ha prevalecido en las transacciones comerciales ha sido el dólar y en una mínima proporción el petro, y de allí que el economista José Guerra; desde el exilio donde se encuentra, reclame la dolarización del salario,

melendezo.enrique@gmail.com

 

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