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Thays Peñalver: Venezuela; Escenarios 2020

 

¿Cómo amanece Venezuela en 2020? Comencemos con el panorama económico y social. De acuerdo al último ajuste del Fondo Monetario Internacional (FMI), el país habrá perdido otro 35% del PIB en 2019. Esto significa que la economía retrocedió casi un 80% en pocos años y se situará en poco más de 70.000 millones de dólares.

No hay manera de opinar sobre semejante debacle, la economía venezolana es hoy de apenas el 5% del tamaño de la española y el venezolano se ha empobrecido a tal nivel, que hoy es el segundo habitante más pobre del continente americano.

De hecho, su calidad de vida es la mitad que la guatemalteca o la de un salvadoreño pues el colapso es de tal nivel, que al finalizar este año Venezuela tendrá una economía de menos de la mitad que la de Etiopía y similar a las economías de Costa de Marfil y República Democrática del Congo.

La FAO, que apenas unos pocos años atrás otorgaba un polémico premio al régimen chavista como Reconocimiento de progresos notables y excepcionales en la lucha contra el hambre por bajar desde 1990 la subnutrición de 13,5% a la mitad, hoy en su informe de seguridad alimentaria [I] sostiene que alcanzó el 21,2%. Supera a Zimbabue y compite hoy con la República Centroafricana. Una medición por cierto, realizada mucho antes de la aplicación de las sanciones económicas al régimen de Nicolás Maduro.

Y aquí es bueno detenerse porque ustedes amigos lectores pueden asociar la palabra subalimentación con una que otra debilidad alimenticia, pero lo que sostiene la FAO es que se trata de “hambre crónica”. Es decir, se refiere a “la incapacidad de las personas para consumir alimentos suficientes para satisfacer las necesidades de energía”.

La FAO alerta que en mi país unos 6,8 millones de venezolanos que hoy sufren hambre crónica, y un millón de ellos en rango de gravedad, mientras que dos millones de mujeres jóvenes padecen anemia. Venezuela, de acuerdo a la FAO, tiene dos millones más de hambrientos que Costa de Marfil o Ruanda, y un millón más que Haití. Pero aún en las burbujas de la negación, no pocos analistas sostienen que es una exageración hablar de hambruna.

Frente a este panorama expuesto por la FAO, viejos aliados del régimen en los feudos socialistas de los Derechos Humanos en la ONU no les queda más remedio que desnudar la cruda realidad de Venezuela en su lapidario informe [II]. Así reconocen: “El principal programa de asistencia alimentaria, no cubre las necesidades nutricionales elementales para la gente”. Y además, “el Gobierno ha demostrado que ha utilizado todos los recursos disponibles para garantizar la realización progresiva del derecho a la alimentación, (ni tampoco) que hubiere buscado, asistencia internacional para abordar dichas deficiencias”.

Un país acéfalo

Yo debo agregar que las propuestas que se hicieron a la oposición este año 2019 de desarrollar programas para atacar este flagelo, usando la ayuda extranjera para semillas y ayuda en créditos a los productores a través de la FAO, o los consejos dados para crear un programa de petróleo por  asistencia, cayeron en el mismo saco roto. Por lo que hoy el venezolano está completamente desasistido por toda una clase política, que mantiene en la práctica al país, acéfalo.

Pero si cerca de siete millones de almas están en situación de hambre, no significa que el resto esté mejor. Existen pocas maneras de reflejar el nivel de pobreza actual de toda la nación.

Imaginemos que el dinero de todos los venezolanos, los industriales, los ricos, la clase media y los pobres depositados en los bancos, equivale al 10% de los depósitos de Extremadura. De hecho, todo el dinero de los venezolanos es apenas un poco mayor que los depósitos de Ceuta o Melilla, que no llegan a los 100.000 habitantes o apenas el equivalente a diez días de depósitos de Galicia.

Somos tan pobres que si reuniéramos todo el dinero de los bancos venezolanos, solo podríamos pagar el gasto de las mascotas en España.

Como el 2019 fue finalmente el año en el que el signo monetario perdió todo su valor y la economía, o lo que quedaba de ella, se dolarizó. Comenzaron a surgir pequeños comercios de conveniencia y dolarizados a los que los venezolanos apodaron bodegones.

No se trata de un club del gourmet o algo parecido, sino básicamente de lo mismo que usted encontraría en un comercio de chinos en Madrid, o los famosos pakis en Barcelona, donde las amas de casa venezolanas salen abrazadas a una simple barra de mantequilla como si fuera oro.

En palabras sencillas, Venezuela amanece cubanizada o castrizada como me gusta llamarla, a tal nivel que lo exiguo que queda de la clase media que vive de algún dólar de remesas o ahorros, celebran la existencia de esas tiendas dolarizadas. En sus casas se comienza a afirmar que “las cosas están mejorando”, porque ya se consigue a un precio exorbitante un queso crema que hace años no se encontraba en ninguna parte. No solo demolieron la economía, sino la autoestima económica y el modo de vida de los venezolanos.

Mientras el 80% de la población enfrenta la pobreza más absoluta, ciudades enteras quedan vaciadas por el éxodo externo e interno. Caracas, 21 años después de chavismo, termina convertida en una Habana muy extraña, con “tiendas de moneda convertible” en cada esquina, casas viejas que tienen como vecinos a los nuevos restaurantes que sorpresivamente abren cada semana.

En la misma capital, con sus avenidas y calles abandonadas y rotas, ruedan los Ferraris, Lamborguinis y Porches que terminan en los frentes de esos restaurantes dándole a la desvencijada ciudad una apariencia desconsoladora.

¿Y quiénes son los autores de tan controversial contraste? Se trata de quienes han tenido que salir de los países del primer mundo por la persecución y las sanciones de Estados Unidos y se han visto obligados a traer a Venezuela sus aviones, barcos y automóviles de lujo a toda carrera para evitar los decomisos, implantando con ellos los guetos económicos.

Hay edificios nuevos por doquier con oficinas vacías, mientras en las destartaladas calles circulan por igual otras marcas como los Aston Martin y los Bentleys, al lado de coches tan viejos y ruinosos, que lo único que los sostiene en pie es la pintura.

Un Estado fallido

Así pues será el comienzo de 2020 para Venezuela en materia económica y social, el mismo Fondo Monetario estima que perderá otro 10% de su economía, la inflación será de 500.000% y la mitad de la población no tendrá empleo. Las estimaciones de este año del éxodo pronostican que una cifra entre 7,5 millones (OEA) y 8,2 millones (Brookings Institute) habrán abandonado el país para diciembre.

Si los indicadores y escenarios económicos y sociales demuestran que Venezuela es sin discusión alguna un Estado fallido, lo que termina por confirmarlo es la situación política.

Es un país en teoría con un gobierno legítimo y en la práctica con un régimen que usurpa el poder porque no tiene forma alguna de demostrar su legitimidad, pues a ese país nadie lo conduce hacia alguna parte.

Algo que han demostrado algunas naciones que no reconocen la legitimidad constitucional de Juan Guaidó es que la legalidad y el futuro de Venezuela no está por encima de los negocios que una vez se hicieron con Hugo Chávez, por ejemplo Italia y Portugal.

El año 2019 no dejó a un ganador como se suponía. Ambas partes en conflicto perdieron, sobre todo Venezuela, pero una logró perder menos y ésta fue el régimen de Maduro por el solo hecho de haber sobrevivido a la gran presión internacional que se ejerció contra su régimen.

Ahora bien, siendo objetivos con la ayuda internacional, la realidad es que el apoyo europeo fue exiguo, orientando al régimen chavista a reconocer la divisa de Animal Farm de George Orwell. Hoy en Europa los embajadores del régimen son iguales o más que los de Guaidó y en algunos países no han sido reconocidos. Es algo que pareciera incidental pero quienes sostenían al régimen, al ver esta posiciones menguadas, entendieron dónde debían apostar.

Al régimen lo ayudaron lamentablemente los gigantescos errores de la oposición que comenzaron con el fallido intento de ingreso de la ayuda humanitaria por Colombia, Cúcuta, seguido posteriormente con el tristemente célebre episodio del 30 de abril, las ingenuas negociaciones en Barbados para que Maduro saliera del poder y más tarde con un desacertado intento de reactivar la calle.

La oposición venezolana demostró no tener creatividad ante un enemigo que lo tiene todo fríamente calculado y que no asume ni ha tenido entre sus planes abandonar el poder. La oposición y la oposición de la oposición venezolana demostraron al planeta que carecían del conocimiento suficiente para conquistar el apoyo cívico militar no solo tomar el poder, sino para garantizar la gobernabilidad.

Error tras error

Pero lo que les cobrará la Historia, sin duda, ha sido la incapacidad de reagruparse ante un enemigo común y demostrar que Venezuela está por encima de egos y personalismos. Si en condiciones normales es complicado gobernar, el gobierno interino de Juan Guaidó no lo tenía fácil, por ello debía ser respaldado y apoyarse desde el día uno en todas todos los movimientos democráticos y en la fuerzas vivas de Venezuela, sin distingos.

El siguiente error lo cometió Estados Unidos a finales del año anterior. Desde que Julio César derrotó a la Liga Latina, la única manera de conquistar estas alocadas tribus ha sido con el “divide y vencerás”.

A finales de 2018 no había en el seno del régimen alguien que apoyara a su líder en aquello del socialismo, hasta los más recalcitrantes habían visto que ese camino ya no era el que había que seguir. Allí vinieron las ideas de las “opciones sobre la mesa” y la más alocada de estas “el eje del mal” de las tribus latinas.

Y ese fue el favor más grande que le pudieron hacer a los ya desgastados socialistas de la región que celebraron en grande su reunificación ante ese enemigo que les dio vida de nuevo: los yanquis.

A finales de 2019 lógicamente Latinoamérica ardió en llamas con muertos y heridos. De pronto una nación como Brasil gobernada 14 años por los socialistas se dio cuenta de sus desigualdades.

Lo mismo ocurrió en Chile, en Bolivia o en Ecuador que todas habían sido gobernadas por el Foro de Sao Paulo más de una década, en clara demostración de que solo se reconoce la desigualdad cuando los gobierna un liberal, porque curiosamente ni en Venezuela, ni en Cuba y se darán cuenta que en Argentina, nadie está consciente de sus desigualdades, aunque estas sean los que comen y los que no.

Elecciones legislativas en 2020

Lo que nos lleva a 2020 en Venezuela, un año de elecciones obligatorias por mandato constitucional. Se trata del último año de la Asamblea Nacional, tal y como la conocemos y el régimen forzará posiblemente a mitad de año –o quizás antes como pretenden – una elección adelantada.

Esto no quiere decir que los diputados se marchen, pues su período se vence el 5 de enero de 2021, pero si forzarán al nombramiento de una Comisión Delegada pues habrá nuevos diputados electos y con ello eliminarán el último resquicio de apoyo internacional a Guaidó.

El régimen de cara a esas obligatorias elecciones legislativas, está creando una segmentación artificial en la oposición. Seguirá protegiendo a la oposición de la oposición y además dividirá al centro neurálgico de apoyo, con miras a esas forzosas elecciones.

Cuenta para ello que en su mayoría los ocho millones que se han marchado son buena parte del núcleo grueso de los votantes opositores y cuenta también que la oposición está atrapada en sus propias camisas de fuerza.

En otras palabras, obligarán a Guaidó a cambiar su discurso hacia una línea electoral, lo que crearía un verdadero sisma en sus apoyos y fomentaría el más el desánimo opositor.

El régimen cuenta con un poderoso aliado, que es el gigantesco sector que aún cree que Donald Trump tiene alguna opción sobre la mesa para Venezuela. Este sector ejercerá toda su presión mediática contra Guaidó con la misma fuerza que lo hará el régimen y esta campaña conjunta también fomentará el desánimo colectivo.

Además es evidente que volverá una vez más a usar el arma de la negociación internacional, que es otro patrón que les ha funcionado para fomentar la zozobra en los apoyos, la división lógica entre quienes irán a votar, Finalmente, cuenta también con que la oposición haga su trabajo a última hora, como la ya tardía elección de los miembros del Poder Electoral, la organización de los electores en el exterior y, debido a este desorden, pierdan a la vista de todos, con un nuevo modelo electoral que será seguramente impulsado y avalado por Europa.

Si esto ocurre como está previsto, técnicamente el plan del régimen es restarle el poder –internacional- que le queda y la imagen interna de la oposición habrá sido demolida. Si el régimen se sale con la suya, la oposición venezolana será como la cubana; habrá sido reducida a una simple disidencia, donde los partidos serán como las Damas de blanco o como el Proyecto Varela.

Otro enemigo político de la oposición es el “efecto bodegón”. En la práctica el socialismo ha sido enterrado. Venezuela es la tierra de los padres fundadores de Estados Unidos, ya que hasta los más humildes ciudadanos tienen a Washington y a Hamilton en sus bolsillos, es decir, la frase “en Dios confiamos” impresa en los billetes verdes, es la única relación de confianza que tienen hoy los venezolanos con su clase política.

Pero el “efecto bodegón” tiene en la señora abrazada a la mantequilla un poderoso aliado, ese grito silencioso de una inmensa mayoría que dice: “Por lo menos que nos dejen trabajar”, en señal de que cada día es menos importante quien gobierne y mucho menos el modelo – ya que de lo único que no se habla en Venezuela es de la democracia y sus ventajas. Por eso dicen a viva voz: “Mientras abran la economía que hagan lo que quieran”. Y eso parece que el régimen sí lo ha aprendido a lo largo de 2019.

En 2020 sin duda emergerá un ganador pero, por obra y gracia de la Constitución Bolivariana, paradójicamente lo único que queda de Bolívar en estos parajes.

Thays Peñalver es abogada, escritora y periodista. Es autora de La conspiración de los 12 golpes.

[I] FAO. El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2019.

[II] Informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en la República Bolivariana de Venezuela

 

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