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Alexander Hubec: Viaje por Sucre

 

Acabo de regresas de un pequeño viaje por parte del oriente de Venezuela, el Estado Sucre y el estado Monagas. No tengo corazón para expresar como tantas maravillas naturales hoy son el escenario de tanto dolor y miseria. De Cumaná a Rio Caribe, nos encontramos con trancas en la carretera,  pueblos desesperados con hambre, enfermos,  sin gas ni gasolina, en la ruina de las “Casas muertas” de Miguel Otero Silva, cierran la vía para alzar la voz ante los pocos venezolanos que cruzamos las vías.

En cada guarimba, el discurso es el mismo, los ojos no brillan, el tono es severo, San Antonio del Golfo, Pericantar, Mariguitar, el Muelle de Cariaco, Carúpano, el Morro de Puerto Santo, el iluminado Rio Caribe, hoy sumido en el oscurantismo del Medioevo que nunca vivió. Dicho por los propios lugareños, son tierras tomadas por mafias, malandros investidos de colectivos, los escoltas y ladrones del régimen, con garras que se han adueñado hasta de las ventas de sardinas… hasta el control del aeropuerto de Carúpano, sacado del servicio público por Chávez como uno de sus tantos caprichos de poder del dictador en su castigo político a quien se le oponía.

La costa y la mar siguen deslumbrando con su otro color, la basura y la miseria necesariamente te obligan a poner la vista en ellos, enceguecen sus penas, te llevan a ser eco, a denunciar en voz alta, a alertar la muerte. Las garantías son hasta Pui puy y playa Medina, desoladas y hermosas,  no es la ausencia de gasolina o la marea revuelta de Mala Pascua para seguir de San Juan de las Galdonas hasta el final de la Península, son tierras controladas por narcos, piratas, mafias y muerte.

No sé si agradecer haber sido testigo nuevamente de sus maravillas naturales para mi corazón y de su drama de muertos sin féretro acostados en las calles de Rio Caribe para pedir clemencia y piedad por ellos. El pueblo de los cerezos en la vía, apreciado por su artesanía en cestería, con tiendas de maras cerradas, su calle principal esta vacía, ahora solo fabrica ataúdes artesanales, para enterrar a los peninsulares, ahora son parias hasta los muertos.

El oriental con un enorme esfuerzo sobrevive, los que quedan, alzan su digno rostro, reclaman justicia, esperan libertad, son dolor y promesa, no pierden la esperanza, son una caldera encendida, como el país, y así llega navidad y se trazan los últimos días del 2019

 

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