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Luis Fuenmayor Toro: A propósito de la posibilidad de un nuevo CNE

 

Es lógico pensar que, en la integración de un nuevo CNE, el gobierno incorporará por lo menos a dos de los cinco rectores, si no es que termina designando a tres de ellos. La oposición, la que está en la mesa de diálogo nacional o la que es mayoría en la Asamblea, designaría dos rectores y trataría de escoger al quinto en consenso con el partido de gobierno, buscando una composición 2 del gobierno, 2 opositores y 1 completamente imparcial. En cualquiera de los dos casos, se trataría de un Consejo Nacional Electoral integrado con mayor equidad que el actual, cuya composición es 4 a 1 a favor del gobierno, lo que supuestamente garantizaría elecciones limpias, confiables, transparentes y apegadas a la normativa existente.

Habría una participación política amplia, sin inhabilitaciones de partidos ni de dirigentes, sin ventajismo gubernamental ni presiones de ningún tipo sobre los votantes por la administración pública nacional, ni las regionales y locales. El nuevo CNE garantizaría idoneidad en la designación de los miembros de mesa, de los testigos de los partidos, de la ejecución del voto asistido, del cierre de las mesas, las auditorías, el uso equitativo de los espacios de radio y televisión en todas las emisoras, el control de las actividades proselitistas oficiales, la eliminación de las presiones indebidas a la población y de las acciones abusivas de la FANB y los grupos paramilitares oficialistas, entre otras.

Pero hay situaciones sobre las que es necesario alertar desde ya, conociendo como conocemos a los protagonistas político venezolanos, y particularmente al gobierno nacional. Éste tratará de incorporar a sus hombres con mayor conocimiento y experiencia en la materia, lo que es lógico y nada censurable. Pero es necesario dirigir nuestra mirada hacia ellos, por ser personas que han acumulado un gran poder durante años y, a pesar de no ser muy visibles, son piezas claves actualmente y de seguro lo serán en el nuevo CNE. Uno de éstos es Carlos Quintero Cuevas, quien lleva 15 años en el CNE y ha participado en 17 elecciones. Actualmente es rector suplente de Sandra Oblitas y ha sido director de registro electoral y de informática, además de miembro de la Junta Nacional.

Quienes lo conocen lo señalan como el segundo funcionario con más poder en el CNE después de Tibisay Lucena. Ingeniero de sistemas, capaz, vinculado al sector de inteligencia militar y con actuación claramente al servicio del gobierno, sin detenerse mucho en consideraciones legales ni éticas en este sentido. Lo que preocupa es que aparentemente Carlos Quintero y otros ex funcionarios del CNE dirigen, a través de terceros, a la empresa “EX-CLÉ Venezuela”, la cual aparece como una empresa argentina de “soluciones biométricas”, fundada en 1998, que abre oficinas en el país en 2004. Esta empresa ha desarrollado proyectos para la Alcaldía de Libertador en 2009, Banco de Venezuela en 2013 y el CNE en 2011-2012, concretamente en el sistema de validación de identidad (captahuellas).

Se dice que la empresa EX-CLÉ pudiera manejar en el futuro cercano los procesos informáticos del CNE, que antes manejaba SMARTMATIC. Lo grave sería, de comprobarse la relación de Carlos Quintero con la empresa mencionada, que siendo funcionario activo del CNE, nada menos que un rector suplente, esté vinculado a una empresa privada que contrata con el mismo CNE y que pudiera encargarse en el futuro de la administración de los procesos informáticos electorales. Esto le daría, como rector principal en el futuro si fuere designado, una gran ventaja sobre el resto de los rectores, ya no sólo por su experiencia, que la tiene y mucha, sino en relación al control del funcionamiento del cuerpo electoral.

Una de las cosas que se le critica al CNE actual es el manejo irregular de los procesos informáticos alrededor del acto de votaciones y transmisión y consolidación de la data electrónica. Independientemente de que no creo que este sistema sea vulnerable, es preciso garantizar toda la transparencia posible. Recordemos aquello de que no basta con que la mujer del César sea honesta sino que además tiene que parecerlo. Llamo la atención de los partidos de oposición integrantes de la mesa de diálogo nacional y también de los representantes del gobierno, para que se investigue a fondo esta situación y se efectúen los correctivos a que haya lugar o, de no ser cierto lo que muchos señalan, se disipen las dudas existentes por el bien del CNE, de los involucrados y de las elecciones por venir.

 

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