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Gustavo Villamizar: Navidad Feliz

 

La celebración de la navidad, según  la historia positiva, tiene un carácter religioso y estrechamente ligado a las manifestaciones culturales de los pueblos. Las primeras señales  de la festividad remontan a mediados del siglo IV de la nueva era, tiempo en el que comenzó a celebrarse  el nacimiento de Jesús, período este también de la conversión a la cristiandad del imperio romano y otros pueblos. Habían pasado casi 4 siglos del nacimiento de Jesús  antes de lograr la expansión de la fe cristiana, obra de la llamada iglesia primitiva, pobre y  humilde, surgida de la acción clandestina en catacumbas y escondites, pero estrechamente cercana a los pueblos y sus penalidades. Sin embargo,  el festejo en esos días estaba presente desde mucho antes, para la alabar a los dioses paganos. Los romanos, por ejemplo, celebraban fiestas y ritos los días del 17 al 23 de diciembre, siendo el más importante el 19 cuando se honraba al dios Saturno y  el  25 era la fiesta del Sol. De tal manera, que si bien la deidad celebrada cambió, los días del festejo eran tradición antigua.

La navidad que conocemos en Venezuela y en América Latina y el Caribe en general, tiene un origen indudablemente europeo,  producto  de la cristiandad que llegó con la razia conquistadora a  finales del siglo XV. Sin embargo, en nuestro suelo la navidad tiene elementos de carácter religioso, pero igualmente de festividad laica, los cuales se han mezclado sin mayores recelos, dándole al festejo decembrino un perfil por demás singular, por lo que la navidad tiene en Venezuela, como casi todas las manifestaciones de la cultura nacional, un toque mestizo indudable. De manera que no hay manifestaciones puras o impolutas, pues todas están marcadas por los aportes básicos de las culturas europeas, africanas y ancestrales, además de los importantes aportes de las culturas de resistencia surgidas como consecuencia de la destrucción de la conquista y la colonia,  elementos que configuran la particularidad de la celebración navideña nacional. La tradición del pesebre o nacimiento, surgió mucho tiempo después (S. XIII) del inicio de la festividad navideña y se atribuye a San Francisco de Asís, la cual en Venezuela, constituye un verdadero reto a la creatividad  que asume características distintas según las regiones. Lo del arbolito de navidad tiene, al parecer, origen germano, seguramente cimentado en la devoción por el árbol como expresión de la naturaleza, habiéndose iniciado  en el siglo XVI y posteriormente, en el siglo XIX pasó a Inglaterra, Estados Unidos, Francia, China y Japón.

Así, resulta que los últimos días de diciembre en el calendario vigente y de los solsticios de  invierno en el hemisferio norte y de verano en el sur, se han constituido en los imaginarios populares en tiempo de alegría, de fraternidad y encuentro. Son días en los cuales florece la alegría, la amistad, el deseo de compartir, el regreso a casa, el reencuentro con la familia y los amigos, el jolgorio del barrio, las caimaneras, la pelotica de goma, las chapitas y por supuesto la fiesta, en días tan especiales. Son también, momentos para ahuyentar la tristeza,  el pesimismo, el abatimiento, desechar la rabia, el odio y el rencor. Son horas propicias para recrear sueños, alentar anhelos y construir esperanzas, esas pequeñas utopías que abriga cada uno. Son por tanto, días para reenergizar la voluntad y el deseo de alcanzar lo que deseamos en el año que se acerca.

Los postreros momentos del año que termina, caracterizado por la dureza de las circunstancias en lo político y económico, pero igualmente, de una manifestación de ejemplar resistencia y amor a la patria de nuestro pueblo,  vienen mostrando indicios y señales anunciantes de la llegada de mejores tiempos en los que reinará la paz, se superarán las constantes amenazas, fracasarán los antipatriotas y sus secuaces,  se derrotarán las feroces agresiones y se abrirán nuevos caminos de prosperidad para el país y su gente. La navidad es tiempo de celebrar de manos juntas las victorias de la patria.

 

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