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Jesús Alexis González: Democracia en peligro por déficit ético y moral

 

Hemos de iniciar afirmando que los principios éticos y morales constituyen el vínculo generador de confianza entre los ciudadanos, el orden social y la democracia siendo una obviedad manifiesta que un déficit de estos valores abona en favor de ensayos políticos no democráticos, habida cuenta que ellos representan el elemento central en la estabilidad del orden económico y social tal y como lo expresó Adam Smith en su libro “Teoría de los sentimientos morales”,  donde analiza las razones por las cuales el individuo desarrolla las capacidades de hacer o no hacer en función de sus valores y creencias; al tiempo de darle primordial importancia a los valores éticos del individuo en aras de procurar el bienestar de la sociedad, al extremo que su ausencia en el desenvolvimiento de las instituciones burocráticas y privadas induce elevada incertidumbre en la ciudadanía en relación a sus posibilidades de poder ejecutar su proyecto de vida, ante la presencia de una sociedad y sistemas políticos de baja ética y moral que dificultan la construcción de un mejor porvenir.

La correcta y eficiente acción de gobernar, está condicionada por un proceso de evaluación moral donde subyace la verificación trascendente en cuanto a la obligación de la burocracia estatal de velar con su ejemplo, por la ética y la moral de la sociedad como un todo; so pena que la democracia sea criticada en función a los actos fallidos de sus gobernantes y burócratas hasta tergiversar el eje de la culpabilidad como consecuencia de un populismo proteccionista inducido que en mucho emana alentado con vandalismo y  violencia liderado por la hipócrita izquierda. No por casualidad, se consideró durante mucho tiempo a la economía una rama de la ética; e igualmente se enseñaba en Cambridge como una parte del Diplomado en Ciencias Morales.

Es de resaltar, que los términos ética y moral se identifican con la denominada definición estipulativa (depende de cómo se estipule se van a usar los términos) que precisa el significado según lo entiende una persona determinada o según se entiende en un determinado contexto; a diferencia de la definición léxica que precisa el significado que un término tiene para una colectividad o sociedad. Así expresado, ha de quedar claro que no hay nada en la etimología de las palabras ética y moral que imponga un determinado significado para el uso de cada una de ellas; y en nuestro articulo mucho menos proponemos una distinción siendo que a final de cuentas estos términos suelen ser más o menos intercambiables.

La palabra ética proviene del griego y tiene dos etimologías que son complementarias: A.- “Habito”, “costumbre”, “estar acostumbrado”; B.- “Carácter”; mientras que la palabra moral proviene del latín con una dudosa etimología vinculada con “costumbre”, “modo” o “practica” de donde proviene “modales”. En síntesis, ética se identifica con el ideal individual de vida autogobernada, mientras que moral se identifica con la observancia de un sistema de normas socialmente impuesto.

En la actualidad, ética hace referencia a la reflexión teórica sobre la moral, siendo la vía para discutir y fundamentar el conjunto de normas que constituyen nuestra moral y está vinculada con el nivel teórico de la reflexión y trata de responder a la pregunta ¿Qué es la moral? habida cuenta que surge de la interioridad de una persona como resultado de su propia reflexión y su propia elección. La moral hace referencia al conjunto de principios, criterios, normas y valores que dirigen nuestro comportamiento, y nos hace actuar de una determinada manera al tiempo que permite saber que debemos de hacer en una situación concreta ya que está vinculada con el nivel práctico de la acción y trata de responder a la pregunta ¿Qué debo hacer? en razón de ser un conjunto de normas establecidas en el seno de una sociedad ejerciendo una influencia muy poderosa en la conducta de cada uno de sus integrantes.

A la luz del contexto descrito, resulta pertinente señalar que uno de los anhelos más grande que la humanidad espera de los sistemas políticos es que se conduzcan éticamente en pro de elevar la “calidad” de la democracia con base en la aplicación de los valores de justicia y necesidad social, con énfasis en impulsar el engrandecimiento y desarrollo del libre pensamiento del ser humano. La democracia requiere nutrirse con la verdad, razón por la cual el sistema democrático de una nación y los partidos políticos ¡tienen que buscarla!; al tiempo de argumentar sus acciones para cumplir con la función democratizadora encomendada constitucionalmente al sistema de partidos, en el entendido que los discursos políticos sin argumento se corresponden con la actuación de un parlanchín de la palabra, soslayando que la política partidista debe convencer a través del argumento ético tanto en la discusión de sus ideas al interior de sus miembros como en su exposición ante la sociedad.   

Es de manifiesta obviedad, que en el contexto de un sistema de partidos se ha de investigar a profundidad las causas que atentan contra el bien común hasta descubrir la solución a cada problema para luego someterlo a un plan de discusión por parte de los diferentes pensamientos internos, previo al debate público de la sociedad antes de su instrumentación a la luz de un estricto sentido de verdad y ética política como apalancamiento de una adecuada convivencia social en pro de fortalecer la democracia y la ¡familia!

Reflexión final: “Una moral sin ética es una abstracción vacía, pero una ética sin moral es ciega y puede ser peligrosa”. (Kant).

 

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