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Sensatez para recuperar el rumbo

 

Se va el 2019. Se va de la peor manera posible. Termina el año todavía lejos de alcanzar el cese de la usurpación. Con la calle agotada. Y con un escándalo de corrupción que involucra a diputados de Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo y la fracción 16 de Julio, que responde a los lineamientos de María Corina Machado. Aunque la reacción del presidente encargado, Juan Guaidó, y de las direcciones nacionales de los partidos políticos fue rápida y coherente, el reto mayor sigue pendiente. Ni las dentelladas ni la guerra interna opositora le sacudirán el piso a Maduro. La política se mide con resultados. ¿Cuáles son los resultados?

El Cooperante

Nicolás Maduro ha logrado sostenerse en el poder con el sempiterno respaldo de la Fuerza Armada. Muestra en su haber la peor estadística económica posible para un mandatario en la historia del país. Las fuerzas democráticas que le adversan únicamente ha sido exitosa cuando consigue unidad de verbo y acción y participa masivamente en elecciones, como en 2007 y 2015. Varios diputados de este sector han terminado salpicados por un escándalo de corrupción, en lo que se supone es el único poder legítimo en Venezuela, y que además, ha enunciado la fórmula del cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres, objetivos que a ojos vista, no podrán lograrse en el corto plazo.

A las fuerzas democráticas les hace falta con carácter de urgencia recuperar la sensatez para rectificar, aplicar correctivos y avanzar. La política se mide con base a resultados. La estrategia política, además, se define con base a realidades y a no deseos. Insistir en que alguna fuerza sobrenatural externa salvará el país de la dictadura es por decir lo menos, ridículo. Pero insistir en que las acciones de los últimos meses han conducido a un balance positivo le hace un flaco servicio a la oposición.

La calle se ha agotado. El movimiento militar del 30 de abril fue un fracaso. La ayuda humanitaria del 23 de febrero no entró al país. La promoción de tribunales supremos y contralores alternos tampoco ha resuelto el problema, pese a que unas cuantas voces insistían en que aquello “era la salida expedita” al problema, presionando al Parlamento a proceder con nombramientos que terminaron siendo simbólicos. Maduro sigue en el poder y listo para arrebatar la Asamblea Nacional convocando a elecciones el próximo 2020.

¿Cuán cerca está la oposición de perder el Parlamento si no entra por el carril de la sensatez?

 

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