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Enrique Meléndez: Hemos quedado desmantelados

 

Durante veinte años hemos reproducido el Mito de Sísifo, el famoso dios menor del Olimpo; a quien condenaron los demás dioses al castigo de remontar con una piedra muy pesada la cumbre de un cerro, y la que en el tramo final se le resbala, y se deja venir rodando cerro abajo, para perder el enorme esfuerzo, y empezar de nuevo; sólo que si a ese castigo condenaron a Sísifo por estafador, a Venezuela la condenaron, por el contrario, por ingenua; por haberle entregado el país a un aventurero.

Pareció fácil; porque la opinión pública lo veía en aquellos últimos años de la década de 1990, como un manganzón, que tenía la mejor voluntad de todos, y que podía arreglar el mundo, sobre todo, por su condición de militar, llamado a poner orden en este país, regido por una clase política muy iletrada y codiciosa. De hecho, a Carlos Andrés Pérez lo logra defenestrar, desde un punto de vista político, una serie de intereses, que se habían opuesto al proceso de descentralización estatal, que había emprendido este señor; tomando en cuenta que durante el gobierno de Jaime Lusinchi; cuando todavía se escogían los gobernadores por la vía del Ejecutivo, a quien le correspondían otorgar los contratos de las obras regionales era a los secretarios regionales de AD, sin licitación alguna; lo que, en evidencia, se tradujo en cobro de comisiones; aparte de sobornos; cuando entonces se hablaba de una sociedad de cómplices; lo que se consideraba como una deshonra, para nuestra clase política; que, no obstante, no tenía rubor alguno, para oponerse a toda clase de cambios, hasta terminar defenestrando a Pérez, como decía, y de allí que se viera en Chávez el militar capaz de poner orden en esta situación; a propósito de la permanencia en nuestro inconsciente colectivo de la ideología militarista; quizás por haber sido un pueblo, al que lo forjaron militares, además de muy heroicos; incluyendo allí el culto a Bolívar.

Que quizás esto, además, sume a la otra condena; es decir, por haberle entregado el país a un aventurero; pues como decía atrás se le veía como un manganzón con buena voluntad; fácil de manipular, como lo intuiría un hombre de la talla de Jorge Olavarría o, incluso, su tutor desde los tiempos de la cárcel de Yare, esto es, Luis Miquilena; que es donde está el detalle, de que el idiota es vivo por dentro, a pesar de su apariencia, y a quienes fue lanzando por la borda a lo largo de su trayectoria por el poder, a la hora de dárselas de más vivos que él.

Ahora, ¿qué se podía esperar del gobierno de un aventurero? Un hombre, que ya, de hecho, resulta de una gran ordinariez; cuando califica de moribunda a una Constitución, que le han puesto por delante para que jure frente a ella; aparte de que entra en contradicción, puesto que se trata de nuestra Carta Magna, a la cual objeta, y, por lo tanto, no está en condiciones de sumirse a su magnanimidad. He allí el instante en que comienza el proceso de desinstitucionalización de nuestro Estado; porque habría que admitir que se trataba de una Constitución; que requería de una reforma; como ya se había planteado, y cuyo proyecto había estado en el aire durante el gobierno de Rafael Caldera; sólo que también se habían atravesado oscuros intereses partidistas, y la habían frenado, y cuyas consecuencias serán fatales, para estos intereses. El hecho es que no era el momento; con motivo de la presencia en esa juramentación de numerosos jefes de Estado, representaciones diplomáticas, y el pueblo de Venezuela encadenado. No sin razón un amigo me contaba, que cuando celebraban en familia la asunción de Chávez al poder, a él se le vio muy triste y apesadumbrado; fue entonces, cuando la señora le preguntó, la causa de aquella actitud, en medio de tanto euforia, y él y que le respondió:

-Que Chávez dijo que juraba sobre esa moribunda Constitución

Igual queja tuvo un amigo, chavista recalcitrante; de los que le llevaba a Chávez libros, cuando éste estaba en la cárcel de Yare. Fue entonces, cuando más de uno comenzó a lamentarse por el hecho de haber perdido su voto, y a decir que, si lo había puesto en la silla de Miraflores, ahora lo tumbaba; empezando por el propio Miquilena, y uno diría que desde entonces se comenzó a padecer del Mito de Sísifo; llegando días en los cuales uno se acostaba con la noticia, de que el hombre había desaparecido, y resultaba que al día siguiente se aparecía diciendo, “que no era que estaba muerto, sino que estaba de parranda”. Incluso, hubo celebraciones el balde; como aquélla de 2007; cuando se le ganó el referéndum para la reforma constitucional; donde planteaba lo de la reelección indefinida; que no lo contemplaba la Constitución de 1999; razón por la cual dicen los allegados a estos dos señores en aquellos momentos, que Chávez y que increpó a Miquilena en una oportunidad:

-Hiciste una Constitución a tu manera

Es decir, que no le había consentido lo de la reelección indefinida; un ansia desmedida de poder, que lograría imponer después, por la vía del llamado proceso de Enmienda; impulsado en la creencia de que su liderazgo era una cuestión histórica y trascendente, y de allí su delirio de creerse una reencarnación de Bolívar, además de esa presunción, de decir que él era el único que estaba preparado, para gobernar a Venezuela; mientras muchos de los que caminan por las carreteras de los distintos países de la región, huyéndole al hambre, y al desamparo, en el que nos encontramos, votaban por todos sus caprichos y veleidades, y celebraban en grande, a propósito de los procesos electorales, que se iban dando, y en los que ponía mucha fe el resto de la ciudadanía opositora. Todo esto lo digo por lo que ha significado la explosión del caso de Humberto Calderón Berti para dicha ciudadanía: piedra rodando sobre sí misma, como dice la canción de Tito Rodríguez; partir de nuevo de cero.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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