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Elpidio Torres: La ambición desmedida

 

Es incomprensible, por incoherente y ambiciosa, la posición personalista de algunos dirigentes, supuestamente demócratas, que quieren lograr convertirse en sustitutos del líder Juan Guaidó después de once meses de labor fuerte, muy fuerte, contra un gobierno que el mundo entero califica de oprobioso, incapaz, corrupto y dictatorial.

Solo esperan que haya un declive en la aceptación popular del líder, por pequeño que sea, para enfilar su armamento tratando de recuperar lo que perdieron cuando estaban surfeando sobre la cresta de la ola del poder y que ahora confían le llegue nuevamente a costa de lo que sea, inclusive utilizando armas nocivas de opinión indecorosa y falsa, acusando haberse tomado decisiones equivocadas con consecuencias desagradables, opiniones que les permiten socavar el gran piso político en el cual se encuentra sostenido el liderazgo del Presidente Interino.

Jamás encontraremos un pueblo satisfecho totalmente, principalmente el manejado por radicales hambrientos de poder e ignorados por su conformación extremista y nada provechosa para el sistema democrático que se gesta conquistar nuevamente.

Es muy fácil apoderarse de ideas, procesos, metodologías, desarrollos, inventos y demás novedades que se hayan creado con un fin determinado y que, por circunstancias ajenas a su voluntad, no han dado los frutos esperados; pero eso no significa que sean erróneos, equivocados o que sean desechables. Toda, absolutamente toda actividad, aún en la etapa de aplicación, está sujeta a ajustes y éstos son justificables. Así también es la política, ensayo y error. No escapa a esta premisa y por lo tanto no se justifican los ataques iracundos y mal intencionados contra el líder Juan Guaidó y su equipo, quienes tomaron la decisión de ir hacia adelante contra la tiranía, confiando en la fe y esperanza del pueblo hasta la victoria, más no se mencionó al inicio de la confrontación, fecha ni metodología para la conquista, las cuales utilizan los supuestos dirigentes demócratas que ambicionan el sitio del líder, presionando sin presentar un plan de acción; tal vez piensan continuar el mismo proceso, realizando solo cambios en la dirigencia. En este caso, la recomendación del cambio de la nómina es viable y suficiente y esta la hace constantemente Juan Guaidó, decisiones que, por cierto, los supuestos demócratas critican permanentemente.

Debe entenderse la preocupación y prisa del pueblo por salir de este infierno, es lógica. La permanencia de la hambruna creciente, las enfermedades sin posibilidades  de tratamiento, el poder adquisitivo menguado, la inseguridad desbordada, la inflación desaforada, la economía en el subsuelo y la corrupción por el espacio sideral, hacen que se reclame al gobierno soluciones que nunca aparecen debido a su inercia, su incapacidad operativa, su conversión de una administración sujeta a la Constitución Nacional a un gobierno totalitario, corrupto, ocupado de otras actividades ilegales cuyo conocimiento es del mundo entero, invadido por otros gobiernos igualmente concebidos para fines exclusivamente invasores y explotadores de las riquezas de pueblos, para su subsistencia terrorista.

Conociendo las necesidades de nuestro país, que son muchas, algunos politiqueros conspiran contra su solución proponiendo el cambio de capitán de esta nave que va hacia puerto seguro, aun cuando los vendavales y los tsunamis políticos creados por el gobierno hayan permitido que el viaje se demore, pero no significa que exista cambio de rumbo y mucho menos renunciar a llegar a la meta.

A todos aquellos que se opongan a este objetivo, disfrazados de opositores que se convierten en lobbistas o comerciantes políticos, todos ellos ambiciosos desmedidos que permiten la continuidad del gobierno al mismo estilo de Judas Iscariote, les espera el castigo legal, moral y divino, por la traición infligida al pueblo cuyo sinónimo es Dios.

Olvídense de su intención traidora los políticos que vendieron la voluntad y confianza que el pueblo en un momento les concedió, que cobardemente entregaron el poder al dictador, que convirtieron su posición legislativa o ejecutiva dentro del ambiente democrático en servilismo y todo ello a cambio de dinero extraído del Tesoro Nacional, receptor del producto de nuestras riquezas naturales, y de impuestos y contribuciones que provienen de todos, absolutamente de todos los Venezolanos, inclusive del pueblo acompañante de la dictadura, con lo cual se convierten en auto-asaltantes de sus propios recursos.

Cuando se enteren del daño que le han ocasionado a la Patria, será demasiado tarde. Juan Guaidó inició la gestión de la recuperación democrática, económica, social y política de Venezuela y Juan Guaidó la realizará.

 

 

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