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Enrique Meléndez: Calle y calle

 

Este pueblo ha permanecido en la calle por siempre, y se logró tener acierto en una oportunidad; cuando el alto mando militar de la fuerza armada le pidió la renuncia a Chávez, y la cual la aceptó; que, por cierto, desapareció para siempre el video en el momento en que Lucas Rincón anuncia tal hecho, a propósito de los sucesos, que se suscitaron el 11 de abril de 2002: la más contundente manifestación, que conozca nuestra historia, un pueblo arrecho dispuesto a llegarse a Miraflores, para sacar de una vez a aquel sujeto, que desde las primeras de cambio se había vuelto un déspota arrogante; sólo que nunca se ha contado con una hoja de ruta, y que fue lo que se siguió a raíz del Pacto de Punto Fijo.

Porque en este país ha sido imposible establecer un verdadero contrato social; es decir, nos cuesta trabajo ponernos de acuerdo para que nos gobierne un tercero; puesto que mi ambición está por encima; no sin razón Chávez consideraba que él era el único, que estaba preparado para ser presidente de este país, es decir, un hombre cegado por la presunción, no sabía lo que decía, y lo que equivalía a ser un jefe de Estado; con el perdón de la digresión, y el que termina pagando las consecuencias de estos desmadres, que se forman tipo 11 de abril, es el pueblo, y por ahí es por donde comienza a mirarse la nación como un territorio ajeno; por lo que el actor político es capaz de venderla a cualquier aventurero; como lo hizo Chávez con el famoso “bocazas del Caribe”; como le decía Rómulo Betancourt a Fidel Castro, y en lo que la historia le dio la razón; pues Fidel Castro no fue sino un hablador de pistoladas. Sin embargo, hizo daño, amparado en su figura mesiánica, y su verbo muy elocuente, con un tono pegajoso, propio del acento cubano, a partir de su conciencia tercermundista; llena de prejuicios, sobre todo, el relativo a un nacionalismo rastacuero, y donde demostraba que no tenía ninguna noción, de lo que era el progreso; razón por la cual Cuba, que era una nación próspera, al punto de que llegó un momento en que su industria azucarera se puso en disposición de abastecer al mundo entero, si era posible; terminó siendo una de las más pobres del mundo, y de la cual huyeron sus habitantes; como ocurre hoy día; cuando se habla de un éxodo diario de diez mil compatriotas nuestros.

¿Acaso no les vendió su patria Castro a los soviéticos? Algo incluso que indigna a la colonia cubana, cuando se aborda el tema de la Crisis de los Misiles; instante el que estuvo a punto de desatarse la III Guerra Mundial, a raíz del descubrimiento, que hizo EEUU, de que el régimen de la Unión Soviética instalaba en la isla caribeña bases para unos misiles, que iban a estar apuntando hacia las grandes ciudades de EEUU; indigna a los cubiches, para decirlo a la venezolana; saber, primero, el hecho de que a Castro en medio de la tensión ocasionada por el enfrentamiento entre el gobierno de EEUU y el de la Unión Soviética, se le oyó declarar que él estaba dispuesto a sucumbir con el pueblo cubano, a propósito de un ataque nuclear perpetrado por EEUU, a la manera de Hiroshima; segundo, porque se enojó mucho, cuando supo que, finalmente, la flota soviética, que venía con las ojivas nucleares, para ser instaladas en las famosas bases, se devolvieron, luego de encontrarse con la Armada de EEUU en pleno Atlántico; que fue lo que se conoció como “el pestañeo” soviético.

Pero decía que Fidel nos hizo mucho daño, sobre todo porque impactó en una conciencia enamorada, como la de Chávez; quien no dejó de ser aquel adolescente “cabeza caliente”, como lo fuimos aquella generación de jóvenes entre las décadas de 1960 y 70; que, precisamente, idolatrábamos su figura; puesto que la modernidad para ese entonces estribaba en declararse comunista, y la figura mesiánica de Castro, bajo su condición de comediante revolucionario antiimperialista, nos llamaba mucho la atención; aparte de alimentarnos esa envidia inconsciente, que los jóvenes latinoamericanos en el fondo sentíamos por el hermano mayor del Norte; lo que yo he llamado tercermundismo, aun cuando amábamos el modo de vida americano; entre lo cual, entraba hasta el andar vestido de blue jeans; una estética que forma parte de la más rancia cultura estadounidense: una de nuestras paradojas antropológicas.

He allí el problema que se tiene con un presidente militarista: Chávez al venderle a Castro el país, en aras de su supervivencia, dada su experiencia en la materia, en su condición de militar, permitía que su mano se infiltrara en nuestras fuerzas armadas, y que es la diferencia con Bolivia; como se ve, que Evo Morales no pudo contar con una oficialidad a su servicio; que evitara la reacción popular; parecida a las nuestras; porque sus fuerzas armadas no fueron infiltradas por el G-2 cubano. Obsérvese lo hueco de las palabras de Chávez, cuando hablaba que él era el único, que estaba preparado para gobernar a Venezuela. Ni siquiera tenía una idea de lo que era una soberanía republicana, como jefe de Estado; lo que implicó la desinstitucionalización del país; pues también la mano de Castro infiltró el servicio de identificación y de registros, y como éste era especialista en seducir a la gente; dada su condición de comediante, como decía, entonces lo llenaba de halagos; como esa de meterle en la cabeza la idea, de que cuando él se muriera, la casa donde se crió en Sabaneta de Barinas, se iba a transformar en un santuario.

De hecho, según revelaciones, que han ofrecido altos oficiales, que han pasado por las altas investiduras de nuestra fuerza armada, en el 2009, el alto mando militar le pidió la renuncia a Chávez; motivo por el cual se comprueba su condición de guardia pretoriana: eso pasó por debajo de la mesa, y a todos los integrantes de ese alto mando, los comenzaron a perseguir, hasta hacerlos huir del país: demasiado tarde.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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