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Rubén Contreras: Las vitrinas del Estado Vargas

 

El 13/11/2019, tuve la oportunidad de asistir al foro organizado por el Instituto de Formación y de Políticas Públicas El IFEDEC, para escuchar la excelente exposición del Dr. Oscar Meza, quien dirige el CENDAS, titulado El Colapso de Un País llamado Venezuela.

La exposición del Dr. Meza fue brillante, con argumentos muy sólidos y soportes de datos y cifras oficiales de organismos como el banco central de Venezuela y del ministerio de finanzas, acerca de cómo el socialismo del siglo XXI ha destruido a nuestro país.

AL concluir dicho foro y conversar con algunos compañeros y amigos, uno de ellos hizo la referencia de que el estado Vargas estaba transformado, con obras puntuales, plazas, jardineras y otras cosas, lo que propició un pequeño debate acerca de la gestión del actual gobernador del estado Vargas.

Tuve la oportunidad de expresarle a variados amigos, que el señor gobernador de Vargas ha realizado obras estructurales de importancia ya que él, como seguidor de la política del dictador Pérez Giménez, entendió que trabajando con cemento podía hacer obras y también negocios con buenos dividendos. No negamos y no podemos ser mezquinos al decir que el frente costero del estado Vargas presenta una nueva visión, debido a que se aprovechó la ampliación ganada al mar producto del deslave y se han construido obras como las plazas Bolívar de La Guayra y Catia La Mar, La Cinta Costera, El Terminal de Catia La Mar y el de La Guayra, un estadio en Macuto y otras, que le han dejado excelentes dividendos a la familia del gobernador, quienes se ufanan de exhibir su disfrute en países como Dubái.

Obviamente que cuando los caraqueños y visitantes bajan al litoral varguense observan estas obras y quienes no conocen nuestra geografía, pueden quedar impresionados como lo hicieron estos amigos que estuvieron en dicho foro, pero la realidad es que estas obras suntuosas poco aportan al ciudadano varguense en cuanto a mejorar y elevar su nivel y calidad de vida, por ello me atrevo a calificar que  el estado Vargas presenta visualmente dos vitrinas, una a los ojos de quienes lo visitan circunstancialmente y la vitrina real que confronta diariamente quien vive en Vargas.

El estado Vargas no escapa de los problemas que confronta el país y pareciese que, a pesar de ser la puerta de entrada de Venezuela, quien usufrutua el solio gubernativo desde la Casa Guipuzcoana, demuestra a nuestro juicio una apetencia inusitada por mostrar una cara de opulencia y belleza a lo largo de la avenida principal del estado, pero también demuestra un ensañamiento hacia los habitantes del estado al someterlos a ingentes penurias por el mal estado de los servicios públicos en general.

En el estado Vargas este gobierno ha construido aproximadamente a través de la Misión Vivienda unas 10 mil viviendas para albergar a venezolanos de diversas partes del país, pero a estos urbanismos no se les hizo la dotación respectiva de centros de salud, deportivos, educativos, ni de aguas blancas y servidas, lo cual ha incidido en el colapso de estos servicios, provocando que en todas las parroquias, las aguas servidas corran libremente por las calles, al igual que el acumulamiento de basura y desechos sólidos, cuestión que no es percibida por quienes bajan al aeropuerto o van a las playas de nuestro litoral.

Qué bueno sería que quienes visiten el litoral y lleguen a Vargas conociesen a Montesano inundada permanentemente de aguas servidas y basura, o en Maiquetía paseasen por la calle que esta al sur de La Cámara de Comercio y observen el dique de la quebrada Algarin o en Pariata entren por Juana de Arco o Los Hornitos, o vayan a La Soublette en Catia La Mar o por Mirabal y Ezequiel Zamora para que aprecien toneladas de basura, así como en la plazoleta del Guamacho o la Veguita de Punta Mulatos.  También toda Caraballeda se parece al Delta Amacuro debido a que todas sus calles son ríos de agua, y eso que en el Palmar Este vive uno de los mosqueteros del gobernador y suponemos que como exponente del socialismo del siglo XXI y gran comendador de la Ley de Convivencia, la cual es instrumento que utiliza la policía del estado para esquilmar diariamente a los choferes, tiene que disfrutar de la mejor manera de los olores y fragancia de dichas aguas.

Así como tenemos en todo el estado ese riego permanente de aguas servidas, también confrontamos la escasez de agua potable y sectores como la Esperanza, Arrecife, Las Tunitas, Mirabal, Vía Eterna, La Páez, Montesano, Pariata, Quenepe, El Guamacho, Punta de Mulatos y en general en casi todo nuestro estado Vargas, sus habitantes claman que no son camellos, dado que en estos años de huracán bolivariano, no se le dotado al mismo de un litro de agua a los que se tenían desde la cuarta república y la obra del Tuy Cuatro, de la cual se aspiraba que dotase al estado del agua que le faltaba, esta como casi todas las obras de este país en este periodo infausto del chavismo, pagado pero no concluido.

Para no extenderme, dado que he sido reiterativo en otros escritos, debo recordar que  la mayoría de los planteles escolares presentan problemas en su infraestructura y la alimentación de los estudiantes brilla por su ausencia, todos los CDI para la atención  primaria en materia de salud están cerrados e inoperativos, en el hospital periférico de Pariata no funcionan sus servicios, la maternidad de Macuto es un caos y el seguro social de La Guayra lleva 20 años restaurándose, lo que a mi juicio ha sido un negocio redondo al igual que las jardineras de piedra del señor gobernador a las cuales todos los días se observan cuadrillas de obreros reponiéndole las piedras que tienen a sus lados, lo que deja entrever que negocios así dejan excelentes dividendos.

Dado lo expuesto amigos lectores, podemos ratificar que el estado Vargas presenta varias caras, pero hablemos que son dos vitrinas, la que ven quienes nos visitan y en la que vivimos permanentemente quienes residimos en él, que somos los que confrontamos este viacrucis, de tener como gobernante un militar que utiliza su gestión para hacer obras que satisfacen su ego y narcisismo personal, pero las cuales no inciden de una manera determinante en mejorar y elevar la calidad de vida de los varguenses. Lo que ratifica lo ya conocido, que no hay peor gestión pública que la llevada a cabo por un militar.

 

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