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Luis Fuenmayor Toro: De la injerencia a la sumisión total

 

Lo dijimos hace mucho tiempo. Alertamos al respecto y condenamos la situación cuando recién se iniciaba. Los continuos fracasos de la franquicia opositora la llevaron, inicialmente, a permitir una injerencia externa en nuestros asuntos, que se manifestaba por simples opiniones de algunos líderes políticos regionales respaldándolos o criticando las ejecutorias gubernamentales. De permitirla primero, de verla con simpatía, de aceptarla como algo natural, se pasó luego a solicitarla y a pedir que se extendiera más allá de los individuos, políticos o gobernantes, de manera que fuera asumida por distintos gobiernos y por organismos regionales como la Organización de Estados Americanos y otros de carácter subregional.

Combatimos, en el terreno de las ideas, ese exabrupto injerencista, que atropellaba nuestra soberanía y nuestra dignidad como nación. Dejamos evidenciada claramente la inexplicable contradicción de quienes combatían una supuesta injerencia rusa y cubana, extendida a China por los más radicales y necios, pero apoyaban la injerencia de muchos más países y de organismos multilaterales, entre los que se encontraban prácticamente todos nuestros vecinos cercanos: Colombia, Brasil, Guyana, Ecuador, Perú, Chile y Argentina y destacaba, por el poder que tiene, el Departamento de Estado, y por la importancia continental y mundial, México y Canadá, a los que se unió más adelante la Unión Europea.

La explicación de esta conducta esquizofrénica era muy simple y puede resumirse de una manera muy escueta pero ilustrativa: si la injerencia es a mi favor, bienvenida la injerencia; si es en mi contra, se la repudia y se la condena. El intervencionismo llegó a tales niveles, que en ciertos momentos, los líderes extranjeros injerencistas pasaron a dirigir las grandes líneas políticas de la oposición venezolana partidaria de la sumisión. Almagro, uno de los más destacados junto con Duque y Uribe, pero también Piñera, Macri y Bolsonaro, han tenido un gran protagonismo, sin olvidar al jefe máximo de todos: Trump y a sus subalternos Pompeo y Abrams, junto al renegado latino de cerebro gringo Marco Rubio.

Pero la injerencia actual ha alcanzado un nuevo nivel, pues de permitida y solicitada pasó a ser implorada, como quien pide por favor una limosna. Ledezma, María Corina, Diego Arria y Julio Borges, todos los días de sus vidas suplican por la invasión militar extranjera y concretamente de los marines. Guaidó está claramente en la misma onda, pero lo esconde un poco detrás de un lenguaje confuso y algo de ambiguo. En lo que sí no es nada impreciso es en firmar cuanto convenio pueda con organizaciones estadounidenses, para acceder a sumas millonarias de dólares, dirigidas a financiar las actividades de la oposición. Los convenios firmados con este propósito han sido hechos públicos y notorios.

Con esos recursos, un grupo de diputados, los muy cercanos al diputado guaireño, al parecer reciben 1.500 dólares mensuales, mientras otros, menos cercanos, se conformarían con 800 dólares. Y los hay quienes no reciben absolutamente nada. No conozco ningún caso en el mundo, donde el Presidente del Poder Legislativo haga ostentación pública de recibir cientos de millones de dólares de otro Estado, para el financiamiento de las actividades de la oposición política que dirige. Si los sueldos de parte de los integrantes del Poder Legislativo nacional son pagados por una potencia extranjera, cabría preguntarse: ¿Para quién trabajan estos diputados? ¿A quién obedecen? ¿Tienen libertad para tomar sus decisiones?

Los extremistas opositores hablan y se burlan de la gente pobre porque el gobierno los chantajea con las dádivas sociales. Y en el caso de los empleados públicos dicen que “tienen un bozal de arepas”, aunque ahora los sueldo no alcancen para nada. Son capaces de condenar este chantaje, pero nada dicen de los millones de dólares recibidos por el Presidente de la AN y sus adláteres. Nada se pregunta, nada tratan de aclarar, nada se cuestiona. Les debe parecer muy bien que sus diputados reciban, no una caja o una bolsa CLAP con productos cuyo valor no alcanza los 4 dólares, sino una paca de billetes verdes 200 a 375 veces mayor. De lo que sí no hay duda es que la podredumbre moral actual es más que pestilente.

En esta tercera etapa del injerencismo extranjero en Venezuela, cuando al parecer ya se controla a la oposición extremista a través de la asignación de millones de dólares, no sería de extrañar que las acciones nacionales y locales  de esa oposición en el país sean también dirigidas desde afuera.

 

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