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Enrique Meléndez: Todavía el dinosaurio está ahí

 

Yo tengo un amigo, que ha venido sacando de su lista de contactos por Facebook, a todo aquél que hable mal de Guaidó, y la verdad es que no deja de tener razón; tomando en cuenta que, con independencia de los errores, que se han venido cometiendo, por el momento Guaidó es el camino. Hay quien le dice la verdad a la oposición: todos son una cuerda de ambiciosos; que por la figuración de uno estamos ya en pleno noviembre, y este hombre todavía nos sigue gobernando.

Por cierto, para ser un tanto líricos, aquí pudiera traer a colación el que se ha considerado el cuento más corto de la historia de la literatura; escrito por Augusto Monterrosa, y el que reza: “Y desperté, y todavía el dinosaurio estaba allí”. Porque el problema no es la tiranía de un régimen, sino la persistencia en un error y en el terreno más delicado, como es en la economía; sobre todo, en el creer que llenándole los bolsillos a la gente de billetes; como ha ocurrido en estos últimos meses, la depresión económica y la hiperinflación se van a corregir: la famosa “mano invisible” de la economía, que decía Adam Smith que aparecía cada cierto tiempo, y equilibraba las cosas en el mundo de las finanzas; que fue lo que se dio en llamar la economía cíclica; precisamente, lo que decía Marx era que en un momento determinado a esa mano se le iba a ir la economía, al no poder controlar la situación, derivada de una de las grandes crisis, en las que caía el sistema capitalista cada cierto tiempo; por lo que se trataba ésa de la hora de actuar el proletariado, a los fines de consumar su revolución; hasta que llegó un señor de nombre Keynes, que escribió un libro, donde planteaba una fórmula, para neutralizar estos tropezones, y que vino a ser clave para superar la crisis de la década de 1930; una crisis derivada de una superabundancia de productos, que habían terminado por abarrotar el mercado, de modo que eso vino a ponerle fin a la llamada economía cíclica; según sostienen algunos economistas, y que dio paso a un sistema de libre mercado, que funciona como un colchón, es decir, que se acomoda de acuerdo a las circunstancias.

Porque la idea que tiene Maduro en la cabeza es que, en la medida en que se lance más dinero a la calle, el consumo se estimula; lo que repercute en la producción, y así tenemos un país que arranca desde el sótano 20; si es que apelamos al porcentaje de caída de la economía, que se sitúa en más de 20%, al piso 10. Es por eso que se da un fenómeno socioeconómico en este país, y es que cada vez que hay el anuncio de un nuevo ajuste de salarios, no sólo tiembla el patrón, sino también el dependiente suyo. En efecto, en los primeros días, a raíz de uno de esos decretos de aumentos de salarios, luego de cobrar la quincena, la gente corre a los abastos de inmediato, para abastecerse, hasta donde le alcancen los recursos; pues a los días, el precio de todos los artículos ha subido, y que es lo característico de la hiperinflación, que crece a ritmo geométrico; es decir, que no valió la pena, y que más bien el deterioro del salario frente al costo de la vida, se hizo más grave aún, y que es lo que explica el que hoy se hable de un 93% de pobreza, en la que ha caído la sociedad venezolana.

Aún así, decía, despertamos, y todavía el dinosaurio está ahí, y el que ha proliferado en la América Latina, hasta haber sido objeto de estudio su tipología en algunos manuales; que se refieren a la idiotez, con la que actúa, con la mejor buena voluntad del mundo; empezando por un Juan Domingo Perón, que llevó a la quiebra a un país, que se perfilaba como una de las grandes potencias del mundo, y cuyas figuras vienen a ser como opio para los pueblos; como calificaba Marx a las religiones; si es que nos atenemos al presente, cuando el pueblo argentino, a pesar de esta circunstancia, le sigue rindiendo tributo, vistos los resultados electorales de estos días, y donde se ha impuesto el candidato presidencial de su corriente política; Alberto Fernández, y el que está llamado a hundir más a la Argentina; si partimos de dos circunstancias; la primera, que no conoce nada de economía; estando envenenado de teoría antifondomonetarista; antineoliberal; la segunda, que ya no puede contar con los petrodólares, con los que salvó Hugo Chávez el gobierno de los Kirchner, y en los que se apoyaba el populismo tanto de Néstor; como de Christina; al menos, como suponen algunos, que llegue a un acuerdo con Mauricio Macri; se despoje de su conciencia tercermundista, y continúe aplicando el ajuste macroeconómico; derivado de la política económica de aquél, y que fue lo que lo llevó a ganarse la mala voluntad de los argentinos (les quitó el futbol gratis, es lo que se dice); cuya visión de mundo no deja de ser cortoplacista, como la de sus hermanos venezolanos; que son presas fáciles, para los encantadores de serpientes.

En efecto, hay un descojonamiento, perdóneseme el prosaísmo, a nivel nacional con respecto a Guaidó; que no pudo en once meses minar la estructura blindada del régimen; quizás, porque no contó con una hoja de ruta firme; siendo al mismo tiempo cabeceado por Leopoldo López; de acuerdo con el comentario, que se le oye decir a algunos; el hecho es que sería como no tener paz con la miseria, caerse a formularle serias críticas; lo que se dice en términos coloquiales: sacarle los trapitos al sol. Porque, como decía, por el momento Guaidó es el único camino; que hay por el momento, y lo ha demostrado, porque hasta ahora se ha sostenido en pie. Una sola vez ha intentado tocarlo el gobierno, y salió con las tablas en la cabeza. Así como es de fácil; cuando ha pasado una situación, ponerse a sacar derivadas de los hechos; también es muy fácil echarle en cara el hecho de que no ha podido con el G-2 cubano; que se mueve como una agencia de espionaje de primer mundo; mientras genera estados de intriga a través de bolas mediáticas falsas, esto es, guerras psicológicas.

melendezo.enrique@gmail.com

 

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