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Marcelo Miranda: Breve análisis de Bolivia

 

Luego del escandaloso recuento de votos por parte del Órgano Electoral Plurinacional y de la valerosa y pronta respuesta del pueblo boliviano, que no dudó ni por un minuto en salir a las calles en manifestaciones y protestas pidiendo el respeto al voto, Evo Morales se dio el lujo de amenazar a la ciudadanía con cercar las ciudades y cortar los suministros de agua y alimentos.

En definitiva Morales terminó por quitarse la máscara de demócrata, con la cual nos vino engañando por casi 13 años. Morales por fin develó su verdadero rostro: el del dictador autoritario, al cual no le temblará la mano en la hora de autorizar el uso de la fuerza en contra de la población civil, utilizando para ello no solo el poder policial, sino también sus grupos de choque disfrazados de “movimientos sociales”.

¿Qué hacemos ante ello?, Bolivia no puede quedarse inmóvil ante tales ofensas, no se puede permitir que Morales siga violando una y otra vez a la Constitución y por ende a todo el país, debemos aprender del fracaso de la oposición en Venezuela y Nicaragua, el régimen masista de seguro apostará por la política del desgaste o de la falacia del diálogo. Carlos Mesa tiene el deber moral de ponerse a la altura de las circunstancias, apartándose del camino de Capriles en Venezuela, aunque esto le cueste su propia seguridad. Señor Mesa, ¡es ahora o nunca!

Los líderes de los 70 y 80 a pesar de su buena voluntad y disposición no están leyendo de manera correcta las movilizaciones espontáneas de miles de jóvenes, que “armados” con nada más que sus celulares e ideales tomaron las calles pidiendo respeto a su voto. Ya pasó el tiempo de las guitarritas y canciones de protesta, es tiempo de las Selfies en Instagram, de las historias de Facebook y de los estados de WhatsApp. Dense cuenta de ello, por favor, dejen de evocar al pasado y miren sin miedo al futuro, o por lo menos traten de entenderlo mejor. Las movilizaciones espontáneas de la ciudadanía necesitan con urgencia de un norte político, la fuerza no es sinónimo de violencia, sino de inteligencia, y a eso le teme cualquier régimen totalitario.

¿Segunda vuelta?, Morales violó de manera artera la Constitución y el estado de derecho, los indicios de fraude son de una magnitud inimaginable, a tal extremo que organismos como la OEA, que en otrora apoyó y avaló las políticas, muchas veces inconstitucionales, del régimen de Morales, han dado cuenta de la existencia de severas irregularidades en el escrutinio de votos. Pensar en una segunda vuelta ya no es opción, ante un acto fraudulento lo que corresponde en ley es la anulación de todo el proceso electoral. A la vez se debe conformar un nuevo Tribunal Electoral, con personalidades idóneas, las cuales garanticen una nueva elección, limpia y transparente, en un plazo no mayor a 90 días.

En definitiva, Morales terminó de quitarse la máscara de demócrata, develando su verdadero rostro, el del dictador autoritario y abusivo, y eso es bueno, ya lo podemos ver tal cual es, sin filtro y sin miedo.

¡Por una Bolivia libre!

 

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