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Rubén Contreras: La Guayra está como el Guaire

 

A veces nos cuesta entender la importancia de la palabra progreso y su significado, pero utilizando ese término, muchos gobernantes actúan desarrollando sus proyectos personales y ponen como excusa, que los proyectos y las obras que hacen, buscan solucionar los problemas de determinados pueblos.

También pensamos que cuando se nos habla de progreso, consideramos que este progreso nos debe ofrecer un mayor bienestar en nuestra vida diaria, lo cual se debería traducir en ese término intangible, que muchos anhelamos y se conoce como calidad de vida.

Quienes hemos actuado en política, especialmente los formados en la doctrina social de la iglesia y en las fuentes del humanismo cristiano, entendemos que toda acción política pretende y busca el bien común de la sociedad, por lo cual consideramos, que quienes están al frente de la acción del gobierno, tienen como meta realizar sus proyectos y programas para mejorar la condición social, económica, política y humana de sus gobernados, en la búsqueda del bien común.

Esto no es nada nuevo, desde tiempos inmemoriales, se ha tocado este tema y cuando estudiamos Historia de la Filosofía y revisamos algunas ideas de Aristóteles, recuerdo que el filósofo se dedicó al estudio de más de 30 constituciones, y los diferentes tipos de gobierno de los pueblos mediterráneos, que existían en su tiempo y llegó a la conclusión que el mejor gobierno era aquel que procuraba la mayor suma de bienestar a sus ciudadanos.

Igualmente, Simón Bolívar nuestro Libertador lo refrenda en el excepcional discurso ante el Congreso de Angostura, el 15 de febrero de 1819.

En nuestro estado Vargas, tenemos ya 20 años de gobierno chavista y madurista y el lema que ellos utilizan, obviando la descentralización lograda en el año de 1989, cuando se eligieron gobernadores y alcaldes por primera vez en nuestra república, que nos dio tres niveles de gobierno, el nacional, el regional y el municipal, es que este es un solo gobierno y las directrices emanan directamente de Miraflores y los gobernadores y alcaldes, cumplen la función que el titiritero les ordena.

El caso es que en nuestro estado Vargas, agobiado y entumecido por los sucesos acaecidos por la vaguada de 1999, no se ha podido reponer y transita una desesperanza menguada al percibir que la brisa bolivariana ha resultado ser una acción de gobierno negativa que no ha permitido la recuperación de los servicios para que el ciudadano pueda vivir en un estado de confort

Quienes lean este escrito, posiblemente expresen, como me lo han dicho amigos y compañeros en Caracas, caramba Vargas si esta bonito, la plaza Bolívar de la Guayra es espaciosa, el terminal de Catia La Mar está funcionando, caramba están construyendo un estadio para jugar béisbol. Si tienen razón y hay otras obras monumentales, hechas al antojo y de acuerdo al interés del sátrapa que dirige el pranato que esquilma los recursos del estado Vargas para su bien personal.

Fíjense que son obras que están en la vía principal del estado, por donde pasa la reina, pero quienes vivimos en esta franja costera y conocemos nuestra realidad, no entendemos porque al tramo vial ubicado entre Punta de Mulatos y La Guayra, ya el Carneiro le está colocando la cuarta jardinera divisoria. En apenas 20 años han hecho tantos proyectos en dicho tramo que llevan cuatro jardineras, lo cual se percibe como un gran negocio, porque cada una tiene un periodo de vida de 5 años, pero los recursos para diseñar, elaborar y colocar dichas jardineras de donde salen, del bolsillo del carneiro o de los recursos del estado.

Y si hablamos de jardineras el negocio ha resultado tan lucrativo que lo dirige un familiar del general trisoleado, para que todo quede en casa. y pudiéramos decir que esas obras señaladas son importantes,  y son un agregado a la morfología urbana de la región, pero más importante es saber cuándo cuesta cada una de ellas, lo cual no ha sido posible conocer por la opacidad del gobernante y por lo tanto no se puede realizar la contraloría social, al igual que las cacareadas canteras, que según iban a generar recursos para destinarlos a obras para el pueblo y hasta ahora lo que se ha apreciado es la destrucción de la cuenca de  los ríos de Naiguatá y de Camurí Grande.

Entendemos que como todo militar primitivo y megalómano, el general que ocupa el solio gubernativo en el estado Vargas, quiere trascender y por eso le cambia el nombre al estado, para que por lo menos se le recuerde por eso, porque por lo general a los gobernantes poco se les recuerda por sus obras, pero hay algo presente, es que a este integrante de la peste militar que subyuga a Venezuela, en Vargas todos los día se le menciona, bien o mal pero se le menciona, porque en 20 años los varguenses, gracias a este huracán bolivariano como lo menciona el capo mayor del narcotráfico, hemos retrocedido años luz en nuestra calidad de vida, dado que los servicios públicos en general, están en estado calamitoso y practicamente en estado de metástasis.

Los centros dispensadores de salud en condiciones totalmente erráticos y el mejor ejemplo es el estado putrefacto del baño de la emergencia del seguro social de La Guayra, centro que lleva 20 años restaurándose y el hospital de Pariata nunca había estado tan arruinado, por mencionar dos, pero el general no sabe nada de esto.

Podemos hacer un rosario de los problemas, por ejemplo, agua no hay, no han podido sumar un litro de agua potable en 20 años y es común ver en cualquier parte del estado a diferentes horas del día a los hombres, mujeres y niños con pimpinas o garrafas buscando agua para sus oficios, lo que deja entrever que ellos nos consideran a los varguenses como camellos.

Pero el espectáculo grotesco que vivimos en todo el litoral Vargas, es el bote de aguas servidas a lo largo y ancho del mismo. Por donde usted vaya se va a conseguir un afloramiento de aguas servidas, nauseabundas perfumando el ambiente. Sea en La Soublette, o en La Atlántida o Mirabal de Catia La Mar, o en la calle real de Montesano o Juana de Arco en Pariata, o igualmente en la carretera vieja de Maiquetía o la calle principal del Rincón. No hablemos de la Guayra, la ciudad colonial con su centro histórico, es un bochorno recorrer su calle Bolívar que une a La Casa Guipüzcona con el despacho del alcalde, porque hay que transitar en medio de la basura o ir al Guamacho, a Bayaja, La Plazoleta del Carmen o Sal Si Puedes, el Cardonal, Cariaco, La Cabrería o la Veguita de Punta Mulatos, sitios en los cuales sus moradores deben convivir con la basura, sin agua potable y con aguas negras permanentemente.

Macuto y la avenida Isabel la Católica no escapa de estos problemas, así como tampoco el Ceibo, las 15 Letras, El Cojo y El Teleférico. Y Caraballeda que en otros tiempos era la mejor zona del litoral no escapa de esta tragedia ya que todo el Palmar este y oeste, Corapal y Corapalito están anegados, al igual que la avenida José María España, el casco del pueblo, San Julián, El Collado, Las Tucacas, Blanquita de Pérez, Quebrada Seca, La Avenida principal del Caribe es una laguna permanente y próximamente se deberá utilizar canoas para navegar en ella.

Naiguatá está en condiciones similares y en el barrio San Antonio, sus habitantes claman a la virgen de Coromoto que les elimine esta pesadilla, que empezó como una brisita bolivariana y envíe al más allá, a   estos delincuentes que usufructúan el poder.

La parroquia Caruao tampoco escapa de estos males y ahora de pueblos turísticos pasaron a centros receptores de desechos sólidos, debido a que presentan como atractivos los botes de basura como el ubicado en el centro de Chuspa.

En fin, tenemos una calamidad en todo el estado Vargas por los malos servicios, especialmente la basura y las aguas negras,  en contra de la voluntad de quienes vivimos aquí, lo cual ha resultado ser el huracán bolivariano de la destrucción, al extremo que  nos estamos semejando al rio Guaire,  porque por donde transitemos solo conseguimos basura y aguas servidas, por la inoperancia, ineficiencia e ineficacia de unos gobernantes que con la acción del huracán bolivariano, parecen disfrutar de estos malos servicios por ser unos mal vivientes, para los cuales sería bueno que leyeran a Aristóteles.

 

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