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La crisis también requiere salidas éticas

 

En el tránsito de este último trimestre de 2019, comienza el tiempo de hacer balances y, desde el punto de vista del ámbito nacional, estamos observando un panorama de potencial profundización de la crisis, con una contracción histórica de la economía de 38,8% para el cierre del año en curso.

 Aristimuño Herrera & Asociados

Lamentablemente, tuvimos que corregir nuestra proyección de comportamiento de la economía a la baja en nuestro reciente Informe de Perspectivas al III Trimestre, a partir de nuestro pronóstico inicial de disminución del PIB en 35%. Sin duda, este dato pinta un panorama muy difícil para las empresas de cara al próximo año.

Pero, más allá de lo que la agudización de la crisis significa para los negocios en particular, creemos que llegó la hora de mirar más ampliamente y trabajar para profundizar el rescate de nuestras instituciones desde ya. La pasividad no puede ser una opción, porque hay poco margen para los ajustes particulares en las organizaciones y con recursos individuales.

Es cada vez más claro que el entorno debe cambiar, y pronto, para que las empresas, generadoras de empleo, productos y servicios para toda la sociedad, puedan no solo sobrevivir, que es el reto más inmediato, sino prevalecer, crecer, incorporarse a la economía regional y global, y alcanzar nuevos niveles de desarrollo que ahora parecen muy lejanos.

Vemos que las expectativas en el plano político-institucional continúan siendo muy complejas, pero no tan negativas como a finales de 2018. Los factores de la crisis afectan a los dos grandes sectores políticos en pugna, aunque de manera distinta; no obstante, ninguno de los dos puede aplastar al otro y es indispensable que los sectores sociales y económicos presionen para que haya un diálogo y negociación real que permita cambiar las condiciones y mejorar las expectativas.

Insistimos en la necesidad de dar un giro de casi 360 grados con la finalidad de generar la confianza necesaria para intentar un proceso serio de recuperación del país, ya no solo en lo económico, también en lo moral y en nuestras propias normas éticas.

Si queremos una Venezuela mejor, debemos tener el coraje de hacer un “valiente inventario moral”. Es un buen momento para que en todas las organizaciones hagamos exactamente esto. Tenemos la innegociable responsabilidad de mejorar a nuestro país y debemos comenzar por elevar nuestras propias normas éticas y desafiar a los demás para que hagan lo mismo.

 

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