Inicio > El pizarrón Opinión > Earle Herrera: Ecuador, por ahora

Earle Herrera: Ecuador, por ahora

 

La Asamblea Nacional en desacato expresó su solidaridad al impresentable Lenín Moreno, cuyas manos están manchadas de sangre indígena ecuatoriana. Esa proclamada complicidad es coherente con la ideología que priva en la AN e incoherente con el componente mestizo (aunque lo renieguen) de sus miembros. Pero el malinchismo no desapareció en la larga noche de Tenochtitlán. Todavía La Malinche encuentra en tierras de América a más de un Lenín Moreno en quien transmutarse cada cierto tiempo.

En 13 días a la intemperie, de hambre, sed, represión y muerte, los pueblos ancestrales del Ecuador profundo lograron que el traidor se sentara con ellos, los escuchara y se tragara su decreto neoliberal. También rodaron la cabeza del jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y el comandante del Ejército. Nadie ha dicho que se ganó la guerra, pero sí una importante batalla.

El enemigo principal del pueblo ecuatoriano no es Lenín Moreno. Este es el mequetrefe detrás del que mueven sus hilos la Chevron, el FMI y el imperio con mayor poder de fuego de la historia. Le sirven de comparsa la OEA, los perritos falderos que describiera Kuczynski, y la Taguara de Lima, que es lo queda de aquel cojitranco “Club” que se creyó “virreinato”. No es concha de ajo.

Moreno quiso construir sus propios adversarios, pero estos no cayeron en su manoseada trampa: Nicolás Maduro y Rafael Correa. El presidente venezolano le dijo al sujeto lo que debía hacer: “derogue ese decreto y dialogue con el pueblo”. Justamente a lo que lo obligaron con su coraje los indígenas ecuatorianos. Una lección para la izquierda impaciente, intelectuales cortoplacistas y la derecha del “vete ya”. Por supuesto, aprenderá el que quiera aprender. Y por la solidaridad con el genocida de las oposiciones que hacen concubinato ideológico en la AN, allí hay poco que rescatar.

Fiera herida, la derecha morenista desató su ira represiva contra los líderes sociales y la revolución ciudadana. Los cambios militares no apuntan a la paz, sino a la persecución y a la venganza. Moreno cree que puede manipular, esperar y contraatacar al pueblo. No está en capacidad de ver el hoyo bajo sus pies ni de entender que los indígenas del Ecuador profundo dejaron dos palabras clavadas en el corazón de Quito: “¡Por ahora!”

 

Te puede interesar
Loading...

Compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducción »