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Alirio Pérez Lo Presti: ¿Académicos versus pragmáticos?

 

Con frecuencia se nos señala que los seres humanos somos de dos tipos: Platónicos o Aristotélicos. De hecho, se plantea como una forma polarizada, sin puntos de confluencia, en donde por una parte estarían los platónicos, aquellos que son más dados al cultivo de las ideas y de lo especulativo, con pobre capacidad de implementar en la realidad sus puntos de vista.

En la acera del frente estarían los aristotélicos, aquellos que tienen una visión más pragmática de la vida, relacionado con lo tecnocrático y lo que puede ser llevado a la práctica. Platón funda La Academia y Aristóteles imparte sus conocimientos en El Liceo. No es casual que Platón haya escrito La República, en donde se plantea la posibilidad de desarrollar sociedades ideales, dirigidas por los más capaces. Para el filósofo austríaco Karl Popper, Platón vendría a ser el causante errático de fomentar las utopías en el imaginario colectivo, causa, según él de grandes desgracias civilizatorias.

Por su parte, Aristóteles escribió La política, obra fundamental en donde prevalece el pragmatismo y se deslinda claramente de la teoría de las ideas de Platón. Especial mención merece el hecho de que Platón intentó incursionar dos veces en política, a través del asesoramiento al Tirano de Syracusa, en Sicilia. El segundo de los emprendimientos en la arena casi le cuesta la vida. De ahí que con frecuencia se le acusa a Platón de haber fracasado al intentar imponer la teoría de las ideas como fórmula para conducirse.

Una larga relación tormentosa

Esta visión dicotómica y aparentemente distante en el tiempo sería a mi modo de ver, el antecedente primigenio entre la ya clásica confrontación entre los académicos e investigadores con los políticos.

Mientras desde la Academia y la investigación se promueven prácticas apegadas a lo ético y fundamentadas en estudios que dan validez a las proposiciones planteadas, desde la política, lo importante es que la idea se pueda materializar, genere un impacto de carácter positivo desde la perspectiva del ciudadano común, en donde se valide la puesta en práctica de las cosas, independientemente de que el fundamento de las mismas se encuentre reñido con la visión académica. De esta forma, lo académico se acerca a lo prefigurado por Platón y lo político apuesta por la praxis y ejecución tangible de las cosas, independientemente de que sean imperfectas.  Esta confrontación o manera de ver las cosas, si la vemos con la posición de quien desea entender la raíz del asunto, es en realidad una problemática que lleva alrededor de 2500 años de debates y confrontaciones, por lo que no es un tema reciente ni inédito, sino que ha estado girando alrededor del curso de la civilización, sea en las discusiones del ágora griego o en los parlamentos y Universidades e institutos de investigación.

¿Qué es la llamada: Medicina basada en evidencia?

En lo personal pienso que se trata de un problema de carácter irresoluble en donde podemos hacer el esfuerzo de encontrar puntos medios de encuentro entre políticos y académicos e investigadores. En el siglo XXI se ha venido posicionando cada vez más el movimiento de crítica a la medicina por la falta de fundamento de muchas decisiones clínicas y de la enorme variabilidad de la práctica médica. En los años sesenta del siglo XX se difunde la aplicación de diseños en los ensayos clínicos al campo médico. Los trabajos pioneros de Archie Cochrane en 1972 sobre la falta de fundamento de las decisiones clínicas deriva en lo que en 1992 publica en la revista JAMA el “Evidence-Based Medicine Working Group” de la Universidad McMaster, en Ontario, Canadá, iniciándose de esta forma un intento promotor de un nuevo enfoque para la práctica de la medicina.

Amantes y rivales

Pienso que esta iniciativa, que surge desde grupos académicos e investigadores, tiene el propósito político de hacer proposiciones mucho más fundamentadas a la hora de poder persuadir a los políticos de oficio de tomar las decisiones más acordes con los resultados que arrojan las investigaciones. Dicho de otra forma, lo que conocemos como medicina basada en la evidencia es una estratagema fundamentada de carácter político, que académicos e investigadores utilizan para “negociar” sus ideas con los políticos. Tanto es el alcance, que gracias a la medicina basada en la evidencia, se pueden poner en práctica modelos asistenciales de menor costo y mayor efectividad.

Independientemente que se mantenga esta rivalidad entre la posición de los políticos y los académicos e investigadores, estos últimos desarrollaron un potente recurso paradójicamente político con el cual pueden defender la toma de decisiones más acertadas, muchas de las cuales generan gran impacto positivo en la comunidad (lo deseado por los políticos) y a la vez satisface la posibilidad de que impere la experiencia clínica con basamento suficientemente sólido que permita la aceptación de todos los actores en muchas oportunidades.

@perezlopresti

 

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