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Luis Fuenmayor Toro: Con paciencia y claridad de objetivos

 

No hay ninguna duda, que quienes han asumido la difícil tarea de firmar un acuerdo marco con el gobierno de Maduro, son dirigentes políticos que han privilegiado la política a los deseos, las emociones y las ideologizaciones. No han tenido ningún temor en enfrentar al gobierno en el campo del diálogo y de la búsqueda de acuerdos para solventar nacionalmente la crisis, con absoluta independencia y soberanía. Actuaron a pesar de saber que se trataba de un proceso difícil, de marchas y contra marchas, cuya velocidad no depende de la voluntad de sus protagonistas, sino de la paulatina creación de las condiciones favorables a su desarrollo. Éstas, a su vez, tienen que enfrentar las contradicciones existentes en el seno de las organizaciones políticas de los propios actores, sobre todo las que hacen vida dentro del partido de gobierno.

Tropiezan además en su intento político con una forma particular de actuar de los dirigentes gubernamentales, para quienes ganar tiempo se ha convertido en los últimos diez años en una herramienta fundamental en su permanencia al frente del Estado venezolano. Lo que popularmente se conoce como el “guaraleo”, confesado públicamente hace unos años por Luis Brito García, sigue siendo un instrumento del llamado socialismo del siglo XXI, para evitar dar respuestas a las demandas sociales, políticas y económicas de la nación venezolana. Este guaraleo se traduce en eso que también popularmente se expresa en el “sí pero no”, y que los ayuda a confundir a sus adversarios y a disponer de tiempo para convencer a los suyos. Ambas acciones están presentes actualmente en las discusiones de la mesa de diálogo existente.

Hay que tener muchísima paciencia para lidiar con este tipo de conducta, y sobre todo para tratar de irla modificando en forma paulatina, lo que requiere de una acción político pedagógica, que se abra paso en forma exitosa en lo concreto y que necesariamente irá siendo comprendida, por los sectores más inteligentes y objetivos de la cúpula gubernamental, hasta ganar su voluntad. Y no se me diga que esa no es una labor necesaria, que lo que se debería hacer es obligarlos a actuar como es debido, a “ser serios” como dirían nuestros sectores populares. Esto pudiera ser cierto si se tuviera la fuerza para hacerlo, pero no se la tiene. Guaidó, con el apoyo de EEUU, con el respaldo y reconocimiento de más de 50 países, disponiendo de decenas de millones de dólares, no ha podido durante diez meses de acciones permanentes de todo tipo, incluyendo las violentas.

Este grupo de partidos, y me refiero a los que inicialmente firmaron el acuerdo marco con el gobierno, no han temido tampoco a las acciones de desprestigio y descalificaciones de quienes están más que descalificados para actuar de esa manera, pues tienen en su haber 20 años de derrotas, que han contribuido al fortalecimiento y mantenimiento en el poder del gobierno chaveco. Poco a poco, pero en forma constante, la población en general y los propios militantes y simpatizantes de partidos opositores, hasta ahora con posiciones muy extremistas, han ido reconociendo que se ha tratado de la puesta en práctica de una política audaz, que en corto tiempo ha obtenido más resultados que la perorata del cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

Es muy largo el camino por recorrer, son muchos los escollos existentes y los que se presentarán, son muchas las limitaciones de los actores políticos involucrados, pero es el camino que se debe construir si se propugna una salida nacional, sin intervenciones militares extranjeras de ningún tipo; pacífica, como corresponde a un pueblo civilizado y a una dirigencia que no quiere generarle más sufrimientos; democrática y electoral, como obliga el marco constitucional dentro del cual se debe actuar. Y para ello, es imprescindible también lograr el acuerdo, aunque sea sólo de una parte de la oposición hasta ahora mayoritaria en la Asamblea Nacional. Este órgano tiene que ser el sitio por excelencia del debate político y de elaboración última de las propuestas que nos hagan salir de la crisis.

La Razón, pp A-, 13-10-2019, Caracas; Continuidad y Cambio, año 8, Nº 123, pp 2-4, https://issuu.com/continuidad.y.cambio/docs/a._cyc__a_o_8__n__123__octubre_2019

 

 

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