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Aurelio F. Concheso: Venezuela y su falla de origen macroeconómica

 

Durante las primeras ocho décadas del siglo XX, Venezuela gozó de una estabilidad monetaria y macroeconómica envidiable. Sus niveles de inflación eran insignificantes, y con la producción petrolera como motor, su crecimiento económico era impresionante.

Todo eso cambió después de un evento que pocos identificarían en ese momento como el inicio de una senda hacia la catástrofe: la nacionalización, o, más propiamente, la estatización de la industria petrolera en enero de 1976. Para ese momento, había un consenso mayoritario en la sociedad venezolana de que esa nacionalización era una reivindicación de las aspiraciones nacionales, en el sentido de que “el petróleo debe ser nuestro”.

Solamente algunas voces aisladas, alejadas de la sabiduría convencional reinante habrían de levantar sus advertencias de alerta. Carlos Rangel, a partir de su obra insigne “Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario” en 1975, y luego Emeterio Gómez en 1991 con “Dilemas de una Economía Petrolera”, para sólo mencionar dos de los más destacados del reducido grupo que clamaba en el desierto. En cierta medida, es comprensible, porque la magnitud de la falla de origen en que devino la estatización petrolera no resultaba inmediatamente visible en sus inicios. Y, de hecho, aún no se entiende muy bien.

Tocó a un perspicaz analista financiero venezolano de las nuevas generaciones, Boris Ackerman Vaisman, poner el dedo en la llaga durante el X Congreso de Economía Austriaca del Instituto Juan Mariana de la Universidad Rey Juan Carlos, celebrado en abril de 2017. Ackerman planteó en su ensayo que:

“Antes de 1976, Venezuela recaudaba los impuestos sobre los beneficios de las petroleras en moneda local (bolívares), y mientras más alto fuese el valor de la unidad monetaria venezolana, mayor cantidad de dólares deberían cambiar las multinacionales para hacer frente a sus impuestos. Esto fue garantía de estabilidad en el tipo de cambio. Sin embargo, a partir de 1976 la estabilidad del bolívar empieza a hacer aguas. De hecho,  el 18 de Febrero de 1983, fecha conocida como el “Viernes Negro”, el bolívar comienza a devaluarse de manera acelerada, en una carrera que a la fecha presente aún no ha finalizado”.

Aunque menos conocida y comentada aún, una medida que contribuiría a profundizar la falla de origen fue el nombramiento de ministros del Gabinete Ejecutivo a la directiva del Banco Central de Venezuela a mediados del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Algo así como el zorro cuidando a las gallinas, y una medida que, con el tiempo, potenciaría al máximo la emisión monetaria que, por primera vez, exponía a los venezolanos al impuesto indirecto y escondido que significa la devaluación de la moneda.

Para 1986, se introducía el nefasto concepto de “auto-distribución de dividendos, producto de las utilidades cambiarias del gobierno”, y que no era otra cosa que la monetización del déficit fiscal. Es decir, otro paso en el camino hacia el “millardito” y la hiperinflación.

¿Cómo recuperar la estabilidad monetaria perdida desde hace tanto tiempo?.  Pareciera que un primer paso sería reconocer el daño que le hizo al país la apropiación por parte del Estado de no solo los impuestos y las regalías, sino también de la totalidad de los ingresos de nuestra principal actividad industrial. Asimismo, sería un buen comienzo permitir que quienes exploten el recurso por la vía de concesiones, cancelen sus obligaciones con el Estado en moneda local, pero que ejerzan una libre disponibilidad y convertibilidad del resto de sus ingresos, beneficios netos incluidos.

Seguramente, habrá voces que se opongan a esa “pérdida de soberanía”. La pregunta que hay que hacer es: ¿a qué soberanía se refieren? Porque, a juzgar por los resultados de los últimos 40 años de inestabilidad monetaria, luce que se refieren a la soberanía de quienes gobiernan para empobrecer a su antojo a toda una nación con retórica de epopeya, preocupación farisaica por el bienestar “del pueblo” y políticas monetarias desastrosas y empobrecedoras.

 

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